“Vos tenés la sintonía con lo que está pasando”
Entrevista a la escritora Claudia Piñeiro, tras su discurso de apertura en la Feria del Libro
Ante las comisiones de Diputados que tratan la legalización del aborto, dio un discurso que replanteó el término “pro vida”; en la Feria del Libro, logró suspender momentáneamente una protesta sorpresiva, que impidió hablar a dos ministros, y reivindicó el rol del escritor como trabajador e intelectual. Aquí, Piñeiro explica por qué cree que es momento de que las y los autores retomen la tradición argentina de intervenir en la esfera pública.
Por Soledad Vallejos
“Fin de discurso”, recuerda Claudia Piñeiro que dijo antes de dejar las páginas ya leídas, el micrófono, y sacar de un bolsillo el pañuelo verde, por el derecho al aborto, que enarboló como bandera en la apertura de la Feria del Libro. Recuerda, también, que esas tres palabras no estaban escritas, pero que necesitó decirlas. Acababa de dar un discurso profundamente político y en un escenario conflictivo, tanto que la protesta de la comunidad educativa de los profesorados porteños impidió a los funcionarios argentinos tomar la palabra. Habían hablado el presidente de la Fundación El Libro, Martín Gremmelspacher, y el director de Ciencias y Artes de Montevideo, Juan Canessa; era el turno del ministro de Cultura porteño, Enrique Avogadro, y estalló la manifestación inesperada, que sólo se detuvo cuando Piñeiro subió una escalera breve, dejó atrás el atril, se paró en medio del escenario, con su saco verde brillante, y empezó a hablar.
-Cuando empecé a pensar el discurso para la Feria, había una cosa que estaba clara desde el principio, y era la pregunta acerca de qué se espera de un escritor. Yo me lo vengo preguntando. Cuál es el rol, que se ha perdido justamente en la sociedad, en un punto de intervención o no. Está lleno de escritores que dicen que no les interesa intervenir y me parece válido. Pero nosotros, en Argentina, tenemos una tradición de escritores que han intervenido políticamente y eso desapareció.
–El discurso que dio en la Feria fue político: se define como trabajadora, propone recuperar el lugar del intelectual público, se planta como ciudadana y exige como tal y como mujer en todos esos roles. Seguramente se había preparado para que el discurso tuviera un efecto, una repercusión también política. Pero las circunstancias cambiaron, no eran las previsibles
-Las circunstancias cambiaron claramente, porque faltaron dos discursos que no se pudieron dar. Yo mencioné algo de los premios nacionales y alguien me dijo que el ministro (de Cultura de la Nación, Pablo) Avelluto tenía para anunciar que los premios volvían, aunque no sé en qué condiciones. Hubiera sido un lindo intercambio ése, porque a lo mejor yo hice algún comentario que él o alguien podía contestarme, porque lo que interesa es el debate. Eso no se pudo dar. Ahora, independientemente de eso, el escándalo, entre comillas, que sucedió ahí, yo no sé si hizo que el discurso se leyera más. En los grandes medios se habló del escándalo, eso es cierto, pero la circulación del discurso fue extraordinaria. Si no hubiera habido ese escándalo, ¿se habrían preocupado por cuál era el discurso de apertura de la Feria? No lo sé. No sé si la potencia del discurso era suficiente para que igual se disparara de esa manera o el tema del escándalo hizo que mucha gente estuviera mirando qué pasaba en la Feria del libro. Lo que sí me pareció como mágico fue estar sentada en una silla, esperando para subir al escenario, y que lo que tengo escrito de repente dé cuenta de lo que está sucediendo en ese lugar. Eso es lo mágico de escribir, esa cosa que decís no anticipatoria, porque no es que vos anticipás: vos tenés la sintonía con lo que está pasando. Eso es lo que no tienen a veces los políticos, la sintonía. Vos leés lo que está pasando y decís “de esto hay que hablar, esto es lo que está pasando”. ¡Y vas ahí y está pasando! Resulta mágico en un punto. En un momento, cuando leía el discurso, los que estaban protestando me decían “¿por qué no hablás de tal cosa?” y yo respondía “esperame, que está escrito”. Ellos preguntaban quién les va a enseñar a los chicos, y mi discurso tenía una fuerte apelación a que si de la escuela pública los chicos no salen con las habilidades básicas de lector, por mucho que queramos fomentar la lectura no lo vamos a lograr. Nadie que no lea de corrido puede encontrar placer en la lectura. Entonces, yo, sin saber por supuesto que iba a pasar lo que pasó, en mi discurso contestaba algunas de las cuestiones que se estaban planteando, o por lo menos tenía puntos que permitían un diálogo con el humor social en ese momento.
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Fuente Página 12

