Los besos disidentes

VisiónPaís/ mayo 23, 2018/ Sin categoría

Los besos lesbianos están en todos lados. Son la fantasía más buscada en las páginas de porno por los varones hétero. Pero ¿qué pasa cuando ese beso ocurre en una plaza o en el asiento de adelante del colectivo? ¿Qué tiene ese gesto de fascinante, de peligroso? El asedio in crescendo de la policía y la «justicia moral» para frenar el encuentro público de esos labios. Y el besazo como estrategia política.

Los labios son fronteras sensibles que conducen a territorio húmedo, interior. ¿Cuánta intimidad se juega en ese acto de presionarlos contra los de otra persona? En su ensayo El beso, de lo metafísico a lo erótico, Adrianne Blue lo define como “uno de nuestros gestos más potentes y evocadores”. En un beso hay conexión, entrega e interdependencia en el goce. Los labios, la boca, la lengua, los dientes, son prácticamente iguales entre sexos y géneros. Los besos nos ponen en situación de iguales.

Pero, ¿qué pasa cuando quienes se entrelazan son otras personas, y si esas personas son lesbianas?

El efecto de dos mujeres besándose parece movilizar mundos tan disímiles como las razones que los conmueven. Belén y Laura, Yamila y Paula, Mercedes y Cata, Julieta y Violeta, Rocío y Mariana se besaron. ¿Qué tiene ese gesto de fascinante, de peligroso? ¿Por qué se intenta frenar el encuentro público de esos labios?

Por estos días circula en las redes un video callejero tomado en el subte de Irán: una mujer es detenida brutalmente por no llevar su velo bien puesto. Policía moral, titulan The Guardian y otros medios. Occidente mira horrorizado, desde su civilización, la barbarie. Pero en nuestras calles, mucho más acá, la policía moral también reprime y condena. Cuando los cuerpos circulan escapando, aunque sea tibiamente, de los cánones habituales, algo estalla. Por ejemplo, aquí, frente a un beso entre dos mujeres.

¿Qué es una lesbiana? “Es la rabia de todas las mujeres condensadas hasta el punto de la explosión”, dice en 1973 el primer número de Somos, la revista del Frente de Liberación Homosexual, tomando un texto del colectivo Lesbianas Radicales, “Mujer que se identifica mujer”. Ahora, 2018, 45 años después, Mariana Gómez espera el sorteo de un Tribunal oral para ser juzgada por “resistencia a la autoridad”.

 Aquella tarde, Mariana se refugió de una lluvia torrencial en el domo de la estación de Constitución. Estaba fumando, conversando y besándose con su esposa Rocío. Otrxs, muchxs, también estaban ahí fumando, incluso besándose, claro. Pero el empleado de Metrovías y los agentes de policía decidieron dirigirse a ella.

 Un beso lesbiano es un acto de desobediencia.

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Fuente Revista Anfibia
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