La Divina Tragedia

VisiónPaís/ mayo 23, 2018/ Sin categoría

Ni es turbulencia ni ha terminado

Por  Alejandro Vanoli 

El Gobierno ha caracterizado la situación del país como de una “turbulencia”. Turbulencia es un estado de confusión, que altera la claridad, la paz o el orden, un movimiento desordenado de un fluido o un estado de agitación del mismo.

No solamente limitó la descripción de lo sucedido a ese término, que remite a algo pasajero y propio de la naturaleza de las cosas, ajeno a la propia responsabilidad, achacándola a la herencia del gobierno anterior o al contexto internacional, sino que decretó que dicha turbulencia había terminado.

Lo cierto es que no se percibe que ninguna de las razones profundas que propiciaron la crisis haya desaparecido.

Razones que no tienen que ver con ninguna herencia, ya que el propio Gobierno reconoció en documentos oficiales que la Argentina había crecido un 2,7% en 2015 y también admitió la reducción de 12 puntos porcentuales en la inflación en 2015. Además de la fuerte reducción de la pobreza y el desempleo, entre muchos otros indicadores que reflejan la herencia gestada entre 2003 y 2015.

Por cierto que había cuestiones a resolver, pero el Gobierno se encargó de profundizar los problemas existentes y de crear problemas nuevos.

La desregulación financiera y la apertura importadora aumentaron fuertemente el déficit de la cuenta corriente del balance de pagos, financiada con endeudamiento. A su vez el endeudamiento agravó el déficit financiero por la abultada carga de los intereses de una deuda creciente, que financió los desequilibrios.

¿Cómo achacar nuevamente los problemas existentes al pasado, cuando el propio Gobierno celebraba pocas semanas atrás una paradisíaca reducción de la inflación y un crecimiento de la economía?

Tampoco se puede sostener que el origen de la crisis es externo. Argentina es uno de los pocos países que sufre una fuerte devaluación y fuga de capitales.

Si bien es cierto que Estados Unidos está subiendo la tasa de interés y eso modifica la dirección de los flujos de capitales internacionales, lo cierto es que haber creado las condiciones para requerir del pulmotor del endeudamiento, como en la dictadura y los ’90, ha sido una grave negligencia.

Tampoco puede aducirse sorpresa por el cambio de contexto, porque ya desde hace 18 meses, con el triunfo de Trump, era absolutamente sabido que sus políticas implicarían un mayor déficit y tasas más altas.

Son entonces las políticas adoptadas por el Gobierno, agravadas por una mala praxis, las verdaderas causantes de la crisis.

Además no es para nada esperable que el contexto internacional frene la salida de capitales de países endeudados hacia los Estados Unidos, por lo cual festejar un triunfo sobre la turbulencia luce poco menos que trasnochado.

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Fuente: El cohete a la luna
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