Democracia y tecnología comunicacional

VisiónPaís/ abril 19, 2018/ Sin categoría

La manipulación de la llamada opinión pública es una cuestión de comunicación y está vinculada a la tecnología comunicacional que ha profundizado su proceso de mercantilización de los medios masivos iniciado en el siglo XIX hasta convertirlos en corporaciones que representan los intereses de los chief executive officers del corporativismo totalitario.

Por E. Raúl Zaffaroni*

La regla de oro de la democracia es el respeto al principio mayoritario, pero siempre en una sociedad abierta, es decir, que un coyuntural resultado electoral no puede negar los derechos de las opiniones minoritarias, porque se presupone que estamos hablando de una democracia plural y no totalitaria (cfr. Peter Häberle, Europäische Verfassungslehre, Nomos, Baden-Baden, 2006, p.299).

El principio general debe ser, pues, que la mayoría no puede cancelar los derechos de la minoría, puesto que, de hacerlo negaría el de la propia mayoría a cambiar de opinión. Esto sucede cuando el principio mayoritario es entendido en sentido absoluto, dando lugar en su límite extremo a una democracia totalitaria (Cfr. Livio Paladin, Diritto Costituzionale, Padova, 2006, p. 263), como en la vieja constitución soviética, toda vez que esa pretendida democracia no garantiza la posibilidad de alternancia en el poder (cfr. Enrico Spagna Musso, Diritto Costituzionale, Padova, 1992, p. 151).

Por supuesto que no hay democracia cuando se burla directamente el principio mayoritario, como es el caso del fraude electoral, padecido en la Argentina antes de la llamada ley Sáenz Peña, o cuando se proscriben partidos o fuerzas políticas, como al radicalismo en los años treinta o al justicialismo después del golpe de 1955. Pero también se la pone en peligro cuando ardidosamente se manipula la expresión mayoritaria con engaños acerca de la realidad, lo que desde siempre fue objeto de preocupación.

La manipulación de la llamada opinión pública es una cuestión de comunicación y, como tal, está vinculada a la tecnología comunicacional de cada época. Esto preocupó desde el origen mismo de la democracia contemporánea, cuando a fines del siglo XVII, la prensa, es decir, los periódicos, eran la principal fuente de información. Las constituciones y las leyes de la época dan cuenta de la preocupación por preservar su pluralismo.

Pese a las conocidas disposiciones legales que garantizaban la libertad de expresión del pensamiento y de prensa, los periódicos fueron mercantilizándose, es decir, que dejaron de ser las hojas impresas por ciudadanos o pequeños grupos -como El amigo del pueblo de Marat y muchos otros-, para pasar a ser una mercancía producida comercialmente.

Debido a eso, en el curso del siglo XIX, conforme a las reglas del mercado, fueron dejando de ofrecer al público la mejor información, para ofrecerle lo que tiene más demanda, es decir, lo que más vende. Por otra parte, es natural que las empresas comerciales, a medida que acumulaban capital, se abstuviesen de promocionar todo lo que fuese contrario a sus intereses mercantiles y de clase.

La aparición de otros medios de comunicación masiva, como la radiotelefonía, también en principio dio la impresión de ser un instrumento que permitía evadir el cerco de las empresas periodísticas y dirigirse a un público mucho mayor. Se creyó que establecer un contacto auditivo era algo muy positivo para la democracia.

*Es abogado y escribano en la Universidad de Buenos Aires (1962) revalidado por la Universidad
Nacional de Asunción (Paraguay, 2003) y es Doctor en Ciencia Jurídicas y Sociales por la Universidad del
Litoral (1964). Es profesor titular y Director del Departamento de Derecho Penal y Criminología de la
Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires. Fue becario de la OEA en México y de la Max PlanckStiftung en Alemania.

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Fuente La Tecl@ Eñe
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