EN EL MUNDIAL 2026 ARGENTINA DESCUBRIÓ QUE EL MUNDO NO LA AMA. DOLOR Y SORPRESA
Por Abel Baldomero Fernández
Julio 27, 2026
La final de la Copa del Mundo se libró hace 8 días y, en estos tiempos de atención corta, los ecos de ese torneo ya ocupan mucho menos espacio en medios y redes. Pero un aspecto de este Mundial, muy visible mientras duró, sigue vigente en nuestro país. Provoca indignación y mucho palabrerío. Pero, hasta ahora, nada de hechos.
Es que hubo una consigna que unió a los pueblos (digitalizados) del mundo y a una multitud de influencers: «¡Odien a los argentinos!». Y nos tomó de sorpresa.
Como una buena parte de mi tiempo la dedico a monitorear las redes, creo que estoy inmunizado contra la bilis que descargan los que alivian sus vidas frustradas, o -más prácticos- tratan de conseguir «likes». Por eso me animo a ofrecer algunas observaciones que aspiran a ser objetivas.
Primero, reconozcamos que no somos ángeles. Pero decir que Argentina es un país especialmente racista resulta una estupidez evidente.
No participamos en el tráfico de esclavos, como lo hizo la mayoría de las potencias europeas (y no sólo ellas).
Tampoco linchamos negros, que fue un deporte popular en estados del Sur de EE.UU. por largas décadas después de su Guerra Civil.
El antisemitismo nunca fue una política de Estado en Argentina, y la inmigración judía tuvo menos trabas que en la mayoría de los países occidentales. Actualmente, la inmigración en general tiene muchas menos trabas que en la Unión Europea o en los EE.UU., aun antes del poco hospitalario Trump.
Tampoco perseguimos a la minoría musulmana que vive entre nosotros, como sucede, por ejemplo, en el Sur de Asia.
(En realidad, somos uno de los pocos países de mayoría étnica de origen europeo que tuvieron un presidente de origen musulmán (tome nota, alcalde Mangani!). Cierto también que algunas de las políticas de ese presidente fueron parecidas a las de Milei, pero -como señala la ortodoxia musulmana- la perfección pertenece sólo a Alá.
Todo esto NO significa que los argentinos no seamos racistas. Parece ser una característica genética del Genus Homo, desde hace unos cuantos millones de años. Sólo que sus formas cambian, según cambian las culturas.
En nuestra historia, fuimos poco benévolos con los pueblos autóctonos (los que llegaron antes que los europeos). Pero luego los criollos y los inmigrantes nos mezclamos con ellos y con la minoría de origen africano. El prejuicio racial se manifiesta en nuestra sociedad ante dos características «étnicas»: ser morocho y pobre. (En realidad, si sos rubio pero vivís en una villa, tampoco sos aceptable para la mayoría de los buenos empleos).
Sobre otra acusación que se hace con frecuencia en las redes sobre los argentinos, que son arrogantes… ahí no voy a decir nada. Soy porteño, saben?
Como sea, el comienzo del cliché del «racismo argentino», que se remonta al Mundial 2022, es fácil de imaginar. En este tiempo se lee menos; la percepción depende de las imágenes. La mayoría de las selecciones, incluso las latinoamericanas, incorporan afrodescendientes. La nuestra, no, porque son muy pocos los que se pueden identificar sin un examen genético. En 2022 pedí en X que la comunidad senegalesa local empezase a entrenar…
Vale la pena señalar que entre nosotros, como en la mayoría de los países que aman el fútbol, éste es un camino para el ascenso social. No faltan morochos de familias pobres en nuestra selección.
Estas son observaciones obvias y superficiales. He visto sondeos de Monitor Digital y de la consultora Ad Hoc, que mide la conversación en redes. En mi opinión, esta «ola antiargentina» en medios y redes en muchos países pasa requiere un análisis más profundo y más exhaustivo que los que se hicieron hasta ahora.
Un aspecto es la necesidad de investigar en serio los elementos sociales, económicos, culturales, hasta, quizás, deportivos en el origen de estos ataques. No para horrorizarnos porque haya gente mala, o mal informada, sino para entender mejor lo que ocurre en un mundo en transición acelerada hacia un nuevo orden desconocido.
Sobre todo, es prioritario saber con certeza las usinas que originaron o amplificaron estos ataques, si es que las hubo. La «guerra cognitiva» (antes le decían «propaganda enemiga») existe desde el comienzo de la historia. Y es muy barata, comparada con las que llevan adelante los ejércitos. Los autores y también los blancos usuales son las Grandes Potencias, EE.UU., China, Rusia… Así que si somos el blanco, sería una indicación que no somos completamente irrelevantes.
En AgendARweb reproducimos este viernes un valioso artículo de Mariano Gonzalez Lacroix La «guerra cognitiva» en el Mundial de fútbol. En particular, considero necesario que la dirigencia argentina, cuando y si madura, tome este planteo suyo en cuenta:
«(Debemos) construir la capacidad institucional que no tenemos: la protección de la imagen-país ante operaciones de información hostiles debe formar parte de la agenda de defensa y de política exterior argentina, con doctrina, con estructura y con presupuesto, como ya lo es en medio mundo. Y recuperar la disciplina estratégica de no regalar nuestro estereotipo. Cortemos con que todo lo que hizo la Argentina hasta hace 2 o 3 años fue pésimo.«
Claro, lo que Argentina podrá o no hacer depende de su polarizada dirigencia. Acerca de eso, tengo ganas de comentar en un próximo posteo. Este ya es largo.
Pero quiero sugerir algo a Scaloni, a Messi, a todos los jugadores de la Selección. Es posible que hoy ellos tengan la influencia, la estatura necesaria para impulsar la decisión:
Hacer un partido homenaje a la muy noble y leal hinchada de Bangladesh, en Daca, su propia capital. Sería un gesto apropiado, y una forma de cimentar el «poder blando», que es el término en geopolítica para nombrar la admiración y el afecto.
Fuente El Blog de Abel
