DOCTRINA JUSTICIALISTA: ¿VIGENCIA NECESARIA ANTE EL NUEVO ORDEN GLOBAL?

VisiónPaís/ febrero 8, 2026/ Sin categoría

Frente a una actualidad marcada por la desidia soberana y el avance de visiones pro-coloniales, el análisis de la historia industrial argentina y la «Tercera Posición» cobra una relevancia estratégica en el marco de los BRICS.

Por Héctor Pellizzi

Enero 30, 2026

En la Argentina contemporánea, hablar de patria y soberanía parece haberse convertido en un ejercicio marginal para un sector de la sociedad que transita por la «ancha avenida del pro-colonialismo». Esta tendencia, que busca recuperar antiguas veleidades de una economía de «vaca atada y manteca en el techo», se enfrenta hoy a una crítica profunda sobre el manejo de la memoria histórica. Se acusa a la actual gestión de negociar la sangre de los héroes y mártires de Malvinas, cuya entrega parece chocar con una desidia social que aterra.

El dilema histórico: Entre la dictadura y la entrega

Resulta imperativo plantear un ejercicio de memoria contrafáctica: ¿qué habría ocurrido si, en lugar de apoyar la aventura bélica de un Galtieri sumido en el alcoholismo, se hubiese aceptado la consolidación de la invasión británica a cambio de un bombardeo a Buenos Aires que derrocara a la dictadura para devolver la democracia?

Sin embargo, la historia tomó otro rumbo. El pueblo prefirió respaldar a aquel ejército de  conscriptos impulsados por un sentimiento patriótico sin precedentes. Era el espíritu antiimperialista que, forjado en la histórica lucha de los trabajadores contra el embajador Braden, persistía en este confín soberano del mundo.

La Doctrina como respuesta autóctona

El surgimiento del Justicialismo no fue azaroso. Juan Domingo Perón, al advertir que la estructura de los partidos tradicionales era vulnerable al soborno de los grandes conglomerados económicos, lanzó su doctrina en un Congreso Nacional de Filosofía. Se planteó como la única vía para mantener los ideales de las tres banderas a través de los siglos.

A diferencia del liberalismo o el marxismo —modelos de origen europeo—, el Justicialismo se presentó como la única doctrina auténticamente autóctona, diseñada para representar las necesidades específicas de América Latina.

El auge industrial y la «alerta» del imperio

Los resultados de este modelo se materializaron en los planes quinquenales. Bajo este esquema, Argentina se posicionó entre las cuatro naciones del mundo capaces de fabricar aviones supersónicos. La industria nacional no era una utopía:

  • 15.000 operarios en el sector aeronáutico.
  • Una producción de 400 Rastrojeros diarios.
  • Fabricación masiva de motos para sustituir bicicletas.
  • Locomotoras con diseños de vanguardia que anticipaban el siglo XXI.

Este desarrollo requería energía limpia y masiva, dando inicio al proyecto atómico nacional. Fue entonces cuando se encendieron las alarmas imperiales: el New York Times advertía sobre el proyecto atómico de Perón, mientras Winston Churchill instaba en el parlamento inglés a «no dejarlo crecer». El ataque no era personal; el objetivo era destruir una doctrina —la Comunidad Organizada— considerada peligrosa para el sistema del capitalismo salvaje.

La Tercera Posición y el nuevo orden

El peronismo se convirtió en la primera víctima de la Guerra Fría al proclamar la «Tercera Posición». El bombardeo sobre Buenos Aires, con 100 toneladas de explosivos, fue el precio por intentar mantener una equidistancia entre EE.UU. y la URSS. Pese a ello, la semilla de los Países No Alineados germinó, llegando a agrupar en 1964 a más de 40 naciones y decenas de observadores.

Curiosamente, este movimiento molestó tanto a Washington como a Moscú. La caída del «tirano» fue celebrada por una alianza heterogénea —desde la izquierda tradicional hasta conservadores y radicales—, inmortalizada en fotos que hoy invitan a la reflexión.

En este tiempo de quiebre de la hegemonía global estadounidense por parte de los BRICS, la revisión de la doctrina justicialista se vuelve fundamental. La Justicia Social, esencia del movimiento, se perfila como el punto de partida para una Comunidad Organizada Internacional. El objetivo final sigue siendo el mismo: que América Latina no permita bases militares extranjeras, ya sean yanquis o chinas, y pueda finalmente consolidar su independencia económica y libertad política.

Fuente La Voz de los Barrios
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