ARGENTINA Y LA ACTUAL REVOLUCIÓN EN ASUNTOS MILITARES
Señalaba Juan Perón que “Las naciones tienen la obligación de preparar la máxima potencialidad militar que su población y riqueza permitan, para poder presentarla en los campos de batalla si la guerra llama a sus puertas.
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Enero 30, 2026
Los pueblos que han descuidado la preparación de sus FFAA, han pagado siempre caro su error desapareciendo de la historia, o cayendo en las más abyectas servidumbres”.
Argentina es un país en que la desinversión en defensa es una constante[1] (una “política de estado” no será equivocado calificarla) desde el inicio del periodo democrático en 1983. Aunque este claro que la gravedad de la desinversión que produce indicios de destrucción de las FFAA comienza en los noventas. Las causas de esto no es cuestión de este artículo, la derrota de Malvinas, procesada con arrepentimiento por la elite política; el castigo a los militares gestores de la dictadura anterior, procesado como quitando poder militar a los militares dejaran de ser peligrosos; y una búsqueda de realineamiento en el mundo sea con socialdemócratas o neoliberales, dándoles un gesto de que somos un país inofensivo para el orden mundial; estos puntos fueron la base del “desarme de hecho” de nuestro país, con todas las tendencias políticas, haya hegemonía progresista o neoliberal, con expansión económica o contracción y crisis.
Por ello cuando aquí encaremos la discusión de los efectos de la RAM (Revolución en los Asuntos Militares, que desarrollamos en un artículo anterior) en Argentina debemos tener en cuenta que partimos de este piso, hablamos de “reconstrucción” de una FFAA combativas que puedan ser una amenaza, no principalmente de la reforma de la estructura existente (aunque también ésta en lo conceptual y estructural se deduce de estas líneas).
Argentina dispone de una serie de centros de investigación y desarrollo heredados del pasado. Son de alta calidad, y tienen las capacidades necesarias para encarar las respuestas a los desafíos actuales. De hecho, tanto en cohetería, drones, radares, guerra electrónica y cuestiones asociadas, estos centros venían, desde mucho antes de que en Ucrania se confirmara la importancia de las nuevas armas, con amplios desarrollos. De hecho (no es algo que sea descubierto en Ucrania) la cohetería argentina fue vanguardia fuera de las potencias, solo recordar el misil Cóndor. Cuyo fin solo viene a confirmar la existencia de una política consciente desde el poder político contra en sistema de defensa. O más bien la existencia de una idea de cómo ubicar nuestro país en las RRII que busca explícitamente mostrar su incapacidad militar.
Veamos la base que dispone Argentina para encarar con posibilidades reales los desafíos de la reconstrucción de sus FFAA en sintonía con la guerra moderna. Lideran nuestras potencialidades el INVAP, la CONAE, CITEDEF y la Dirección General de Investigación y Desarrollo de la Fuerza Aérea (DGID). Los principales centros destacan en radares 3D (RPA-200), cohetería experimental (VEx), drones (Sistemas ISR) y guerra electrónica, con puntos clave en Bariloche, Córdoba y Buenos Aires.
En radares y sensores INVAP en Bariloche es el referente indiscutido. Desarrolla la familia de radares RPA (Radar Primario Argentino), que son radares 3D de vigilancia aérea de largo alcance. También han creado el RMF-200V, un radar táctico AESA (Active Electronically Scanned Array) diseñado específicamente para el Ejército. En el Batallón de Comunicaciones 601 de City Bell el Ejército Argentino realiza aquí la modernización y digitalización de sensores, como los radares de vigilancia terrestre RASIT, transformándolos en sistemas modernos con mayor alcance y precisión. El VYCEA (Vigilancia y Control del Espacio Aéreo) de Merlo, es el centro neurálgico donde se integran los sistemas de comando y control de la Fuerza Aérea. El INVAP es el líder en radares 3D de vigilancia aérea (serie RPA-200 para Fuerza Aérea y Ejército), radares de barrido electrónico activo (AESA) para pods aerotransportados y sistemas de comando y control. El CITeA (Centro de Investigación de Tecnologías Aeronáuticas de la FAA) desarrolla sensores electroópticos y aviónica.
Para cohetería y propulsión, se trabaja en lograr la autonomía en acceso al espacio y sistemas de artillería de largo alcance. CITEDEF de Villa Martelli lidera el proyecto Ve.Ma.Com. (Vectores de Materiales Compuestos) para fabricar motores cohete más livianos y resistentes. También desarrolla la propulsión para cohetes de artillería como el CP-30. VENG/CONAE en Córdoba y Buenos Aires, si bien es civil (satelital), el desarrollo del lanzador Tronador II en el Centro Espacial Teófilo Tabanera es la tecnología de propulsión líquida más avanzada del país, con una clara naturaleza dual. Centro Espacial Manuel Belgrano (CEMB) en Punta Indio es donde se producen los lanzamientos. Se articula con el Centro Espacial Teófilo Tabanera que desarrolla componentes. El CELPA I (de Chamical) y CELPA II (Centro de Experimentación y de Lanzamiento de Proyectiles Autopropulsados de la FAA) realizan ensayos de cohetería en el CELPA I se experimenta con cohetes de baja cota. La cohetería de combustible líquido para microsatélites VEN es impulsada por CONAE con un horizonte más lejano de capacidad de alcanzar una órbita útil más alta. Y desde el punto de vista de capacidades suborbitales para sondas y orbita baja y sensores la FAA desarrolló en el CELPAII de Mar Chiquita, una línea tecnológica de cohetes sonda. Con un éxito y notable y rapidez en un año se produjeron dos lanzamientos como el Met I-SO “Escorpio” y el MET 2-SO CRUX, de combustible sólido mucho más estable y barato que el líquido.

Para Drones (UAVs /VANTs) tenemos a FAdeA (Fábrica Argentina de Aviones, Córdoba) que desarrolla el SVANT IA-X-200, un sistema de despegue y aterrizaje vertical (VTOL) para el Ejército. También participa en la modernización de aeronaves para integrarlas con sensores no tripulados. CITEDEF que Lleva adelante el proyecto Vant Pipe, orientado a crear drones tácticos para ensayos de artillería y vigilancia de bajo costo. En el sector privado se encuentra FixView desarrolla cámaras giroestabilizadas de alta precisión para drones y ha incursionado en tecnología láser anti-drones.
En Guerra Electrónica (EW) la Dirección General de Investigación y Desarrollo de la FAA posee un departamento especializado en Guerra Electrónica. Con la reciente incorporación de los cazas F-16, este centro está en un proceso de actualización para gestionar amenazas y sistemas de autoprotección. El INVAP, sus radares incorporan capacidades avanzadas de ECCM (Contramedidas Electrónicas) para operar en ambientes con interferencia hostil. Y CITEDEF mantiene laboratorios de investigación en técnicas digitales y sensores optrónicos, fundamentales para la interferencia y detección de señales.
Como señalamos en el artículo sobre la “Unidad Rubikon: La adaptación rusa a la revolución militar contemporánea y análisis sobre la guerra actual y la Revolución en Asuntos miliares” (al cual remitimos), dentro de las FFAA argentinas la discusión sobre cómo y con que reequipar a las FFAA existía desde antes de la guerra de Ucrania. ¿Cómo modernizar unas FFAA con años de desinversión y como hacer esa reconstrucción en sintonía con los cambios que la actual RAM parece señalar? Como en todas las FFAA existen sectores reacios a la innovación y resistencias del mismo sistema que tiende a reproducir lo existente, las ideas atadas al pasado son sólidas y las burocracias se encuentran firmemente asentadas en ellas, la misma estructura de las fuerzas (como cualquier burocracia) es reacia al cambio y como señaló Heinz Guderian, nuevas armas requieren nueva organización. Mas aún en unas FFAA donde la cuestión de la escasez de recursos extrema vuelve definitoria para cualquier proyecto la disputa/asignación de los mismos.
Pero solo los que aciertan con innovar son los que desequilibran, como los alemanes al iniciar la segunda guerra mundial, o Napoleón en los inicios del siglo XIX etc. La innovación es técnica, doctrinara, etc. En Argentina esto se potencia por un doble hecho. Por un lado, la tradición histórica de fuertes corrientes nacionalistas industrialistas e innovadoras (aunque hoy aisladas) que dejaron como herencias militares y civiles involucrados en instituciones tecnológicas e industriales que en su momento fueron de avanzada. Y por otro una presión política para el desfinanciamiento extremo y desarme. Sin embargo, como señalamos mas arriba, la experimentación y desarrollo, aun con los recursos escasos, muestra la viabilidad de producción de armas modernas, económicamente viables, acordes a la actual RAM y las necesidades argentinas respecto de nuestras hipótesis de conflictos y, especialmente, en el Atlántico sur.
Es claro que los observadores y analistas vinculados a la defensa no pueden dejar de notar que la guerra en Ucrania es, justamente, el último el ciclo de innovación. Fuentes militares argentinas que consultamos señalan que la actual RAM “requiere tanto en el bando ucraniano como en el bando ruso una carrera de innovaciones. Los rusos con una connotación más industrial y en el bando ucraniano con una connotación más masificada artesanal, en donde inclusive las familias arman drones en las casas para mandarlos al frente, y hay un montón de células que los fabrican en forma descentralizada, además se los apoya desde Occidente”. Como vimos Argentina desarrolla desde hace años armas no tripuladas o remotamente tripuladas, en las diferentes fuerzas y cetros de investigación como CITEDEF, INVAP, la FAA, etc.

https://www.defensa.com/argentina/uavs-fuerza-aerea-argentina La Dirección General de Investigación y Desarrollo (DGID) trabaja en el desarrollo de Sistemas Aéreos Remotamente Tripulados (SANT), o RPAS, a través del Centro de Investigaciones Aplicadas (CIA) ubicado en Córdoba.
Aun (y lo reiteramos adrede) con escasísimo presupuesto se lograron muy buenos desarrollos de prototipos capaces de ser puestos en producción, tanto en la Fuerza Aerea, como en el Ejercito. El más ambicioso fue el proyecto Sara (Sistema Aéreo Robótico Argentino) del INVAP con modelos de drones de envergadura que van desde Clase II (carga útil hasta 100 kg) hasta Clase III (hasta 500 kg), incorporando sensores avanzados y capacidades de reconocimiento, vigilancia y combate (UCAV). El proyecto, firmado en 2014 entre el Ministerio de Defensa e INVAP quedó truncado por falta de presupuesto. Como vemos un dron de cierta envergadura cuando aún no “estaba de moda”. El problema argentino es la discontinuidad, la falta de inversión, y las agresiones contra la creación de armas que puedan ser consideradas capaces de proyectar poder. Lo que es parte del pacto de la transición democrática con las potencias extranjeras.
El Ejército Argentino no fabrica drones propios a gran escala, sino que desarrolla proyectos en conjunto con empresas estatales como INVAP y FAdeA (Fábrica Argentina de Aviones), y adquiere modelos comerciales como los DJI Mavic 2 para tareas tácticas, mientras evalúa sistemas de mayor porte como los Chimango 650 para vigilancia. Aunque la producción local se centra en desarrollos de clase I (pequeños) como los Lipán. La Fuerza Aérea Argentina (FAA) fabrica y opera drones de desarrollo nacional, destacando los modelos AR-1F Búho (para instrucción y reconocimiento básico), AR-1A Aukan (táctico, Clase 1), AR-2T Vigía (Clase 2, para misiones civiles/militares) y en desarrollo el AR-2E Kuntur (Clase 2 Plus), aunque actualmente solo se mantiene la producción del Búho y el Aukan, por problemas técnicos, o porque eran solo modelos para la evaluación que quedaron en esa instancia. Debemos indicar que el ejército requeriría masivamente drones del tipo cuadrópteros o hexacópteros, etc. Mientras que la FAA se enfoca a los de Ala Plana.
Señalan algunos militares interesados en el reequipamiento eficaz que “una de las lecciones aprendidas de la guerra (en Ucrania) es el factor de rentabilidad operativa en la ofensiva de drones, principalmente en las operaciones ISR. Tienen una relación costo beneficio muy alta, qué para los países tiene un alto grado de valor operativo a un bajo costo”. Esto se debe a la integración de componentes comerciales en su producción, que se encuentran en el mercado y no tienen restricciones, a diferencia de otros insumos militares (sean para un tanque o un avión moderno en condiciones de combatir, muchísimo más caros y de difícil adquisición o desarrollo). Lo que en la práctica “impone” seguir avanzando en este sentido más allá de las resistencias.
Para nuestras fuentes “lo radical del cambio de época, que hace la diferencia y constituye la revolución militar con el tema del dron, es justamente que no es un arma más. Sí, es un arma claro, pero la diferencia está en el factor del empleo tecnológico. Tiene insumos del ámbito civil que no son de uso militar, son integrables rápidamente y fácilmente con calidades que permiten operacionalizar y generar una rentabilidad operativa, o sea que el elemento genera un daño contundente generando un factor de diferenciación con respecto a las demás armas. Estas se volvieron cada vez más caras más sofisticadas y obviamente no están democratizadas. Hay muy pocos proveedores a nivel internacional, o sea, si vas a los aviones de combate, ¿cuántos te producen motores?” Esta es la diferencia del dron. Y esta diferencia permite que se pueda integrar al combatiente profesional especializado militar en el campo de batalla, más la incorporación del combatiente civil dentro de las FFAA, y la masa de civiles que pueden fabricar, innovar, inclusive operar remotamente. Sintéticamente: armas baratas, accesibles en el mercado, de fácil manipulación y usos duales. El Dron es hoy el “arma del pobre”, o más bien un arma de todos, pero que permite a países de cierto nivel, u organizaciones con poder, equilibrar el campo de batalla convencional.
Pensemos la diferencia de ciclos de innovación anteriores. Nadie pude dudar que la segunda guerra mundial produjo un avance espectacular, en poco tiempo parecería haberse avanzado más de un siglo. Los alemanes, especialmente, produjeron todo tipo de armas que son un salto espectacular: desde misiles, bombas guiadas y aviones a reacción, hasta uniformes modernos y el fusil de asalto. Pero en general todo era muy caro y complejo, ajeno a las posibilidades de la masificación fácil y de acceso restringido; requería de un alto nivel científico técnico en toda la cadena de producción. La revolución actual es distinta, es más “democrática”, popular, masiva, de acceso fácil. Y más aún, ya estaba en el campo civil, no fue generada por un grupo de científicos especialmente dedicados en centros especializados para la guerra. “Está sucediendo algo de ese tipo, lo que lo que vemos a diferencia de la Segunda Guerra Mundial, este es el análisis a saber: que la evolución de la segunda guerra fue inentendible para cualquier persona hoy en día, cómo generaron un factor de medida y contra medida y los logros tecnológicos que generaron los alemanes con el fuego sobre las cabezas es de no creer. Y creaciones de inclusive de tecnología no madura. Pero acá con el dron estamos viendo innovaciones de tecnología que están maduras, o sea, echando mano a cosas, que ya se conocen, simplemente se las está aplicando” y son de fácil acceso, producción, perfeccionamiento y masificación para un país como Argentina, aun en crisis. De hecho, los analistas militares temen a estas nuevas tecnologías porque su acceso es posible para países de menor envergadura y hasta para organizaciones no estatales.
Además, hay un dato central “Si quieres ganar la batalla, te ves obligado a tener que ser vos el que integre e innove: No podes depender en un ciclo de reacción rápido de un vendedor de afuera que te va a venir a vender caro y escaso, como pasa con los aviones, como pasa con los tanques”. La capacidad de tener el ciclo de producción controlado localmente es fundamental, y una realidad cierta. La masificación en el mercado de los insumos para las nuevas armas, como la relativa facilidad de desarrollo y producción desde el mismo campo civil es definitoria en una situación de conflictividad o guerra, donde estar un paso adelante en una carrera de innovación hace tanto a la victoria militar como al peso de tu país en las RRII.
¿Cuáles son los factores de mejora que hay que aplicar en Argentina? “ha que tomar el toro por las astas. En los últimos años se desarrollaron unas tremendas iniciativas para generar UAV y, está a la vista, con prácticamente nada de plata, el Ministerio dio cero apoyos, y a pesar de ese cero apoyo, gracias a nuestro esfuerzo y continuidad es que hoy en día mantenemos un desarrollo importante”. Si vemos un panorama de inversión son valores por debajo de los 5 millones de dólares, que generan unos niveles de capacidad de producción de UAV de “alta permanencia y alta cota de vuelo”. Argentina puede producir fácilmente, en cantidad, drones más chicos, de unos 10 mil dólares. Ese dinero aplicado a la compra o desarrollo de un tanque o un avión es insignificante; sin embargo, un dron de 10000 dólares, pude dar de baja un tanque de millones.
Entramos en una era, no del elemento especializado, sino del volumen de drones, enjambres, saturación, plena vigilancia del campo de batalla. Hay que tener capacidad de producción y esto no es el resultado exclusivo de una fábrica especifica (aunque necesaria), sino que hay que generar multiplicidad de ecosistemas que fabriquen drones “para que eso suceda hay que echar manos a las escuelas técnicas de todo el país, que los chicos se involucren en su aprendizaje como técnicos en la producción de elementos para la defensa. Que fabriquen drones que puedan servir a las Fuerzas Armadas, con todas las diferentes variantes. Y esto debe hacer en un grado más elevado con una coordinación con las universidades”. Todo lo que mencionamos se articula con la guerra electrónica y las contramedidas y desarrollos asociados. Para ello se debe involucrar a toso los elementos de la sociedad en una cultura de la defensa nacional con el mismo espíritu de “Nación en Armas”.
Es claro que las FFAA y especialmente el ejército necesita la producción local y masiva de drones, ya que será una fuerza que los consumirá en grandes cantidades como se ve en las actuales guerras. En el campo de batalla a nivel táctico un Ejercito que pueda moverse, combatir y operar será un gran consumidor de Drones. Por ello sería necesaria una estrategia de producción de los mismos en el sentido arriba señalado, ya que anclarse la dependencia de proveedores externos es claramente ilógico e innecesario (es como carecer de munición). Existe una multiplicidad de ecosistemas de la defensa. Pero es clave “generar un factor de innovación en lo que hace a las capacidades de ISR, de ataque profundo, o sea orientada a lo que es la combinación de los UAV, con la cohetería de ataque estratégico en superficie (que desarrollaremos en otros artículos próximos. NdR), como se lo ve del lado ruso donde se mezclan ataques de misiles balísticos con drones como para saturar el sistema de defensa a bajo costo e incrementar el costo de la defensa al enemigo. o generar la escasez al enemigo”, esto es centralmente para la Fuerza Aérea. Y seria fundamental en las RRII para desbalancear la defensa británica en Malvinas. Para comenzar a hacer reales nuestros reclamos.
Es necesario, como se ve en el estudio de la guerra contemporánea y los especialistas señalan, la financiación de proyectos que hacen al ámbito de cohetería espacial, y UAV de alta cota y de ataque estratégico; mientas del lado del Ejército la masividad en la producción es clave y una capacidad de generar el mejoramiento en un ciclo de innovación permanente.
Para la Armada hay que pensar las características específicas del teatro de operaciones naval y las enseñanzas de la guerra en el Mar Negro, donde un país sin flota (Ucrania) consiguió neutralizar una flota de cierta envergadura como la rusa. Para la Armada los drones y saturar en enjambre un buque es más difícil, existen nuevos mecanismos de defensa que hacen difícil el ataque, que es más económico y efectivo en tierra con los drones tradicionales. Sin embargo, se ven dos temas. Una, el dron como explorador, para aumentar la conciencia situacional del buque; y dos, los drones navales que son los que en Ucrania han hecho estragos a los rusos. Es mucho más barato una lancha rápida cargada de explosivos suicida, y un vehículo submarino no tripulado, que una fragata. Ambos pueden amenazar a muy bajo costo un buque de cientos de millones y hacerlo a gran distancia. Lo que vemos es lo necesarios para presionar en Malvinas al adversario geopolítico británico, el principal. De hecho, Argentina dispone de esas capacidades en los astilleros existentes (sea Río Santiago o TANDANOR), no es construir un destructor, o un submarino, sino un vehículo naval de pequeña envergadura, en una cantidad posible, que patrulle remotamente o se estrelle contra un adversario y/o lo amenace.
“Hoy en día la Armada tendría que tener para la cobertura del Mar Argentino por lo menos 10 o 20 lanchas dron, bien preparadas llena de combustible para inspeccionar, ¿porque va a ir con los buques que son caros, con la tripulación que es escasa?” podría comandarse desde un buque base una muy amplia zona, o una base en tierra, con un enlace radioeléctrico, se llega perfectamente desde tierra a la milla 200, y con la detección intervenir con aviones navales o un buque si es necesario, en vez de hacer patrullas largas e interceptar al azar. Con drones se cubre más en forma permanente y más barato. Con una repetidora intermedia como una boya repetidora en la milla 50, lo que se puede sostener fácilmente con buques y sembrar el Mar Argentino con drones y boyas.
Las mismas patrullas actuales asociadas a drones navales serían mucho más efectivas, y el equipo que hablamos se puede incorporar a los buques existentes. Con las lanchas dron equipadas con un kit de control, con receptores satelitales de ARSAT para controlarla en el guiado, ya que las velocidades que tiene la lancha son muy inferiores a un dron aéreo se pueden controlar con un satélite de las características de ARSAT. Navegar y dar órdenes, recibir fotos en tiempo real cada 3 o 4 segundos (no videos). Así la armada puede producir un gran número de lanchas UAV y vehículos submarinos similar en poco tiempo y localmente con una simple adaptación de la infraestructura industrial ya existente. De la misma forma el ciclo de innovación debe ir asociado al de guerra electrónica, e instrumentos que permitan neutralizar las armas del mismo tipo que puedan desplegar los enemigos.
Los militares consultados señalan que hay enseñanzas tanto en la doctrina ucraniana como en la rusa. Ya que la democratización de la producción e innovación en Ucrania es muy interesante y deja aprendizajes, pero que dadas las condiciones argentinas esto se debe superponer con “la creación de una unidad tipo Rubikón, que nuclee la producción de estas tecnologías tanto para el Ejército, Fuerza aérea y Armada, e incorpore y coordine la apertura a sectores civiles”. ¿Por qué? Porque las doctrinas, o sea las cabezas existentes hacen que la plata vaya a parar a los medios tradicionales de parte de cada fuerza, así que es entendible por qué se crea Rubikón en Rusia. Porque las mismas fuerzas se resisten en la incorporación de tecnología a la velocidad que se necesita, miran el desarrollo dentro de la lógica que ya tienen y no ven el problema global y el cambio. “Por eso acá en Argentina habría que crear en principio a nivel dependiente directamente el Ministerio defensa igual que en Rusia, porque si se hace en el nivel Estado Mayor Conjunto quedará sujeto a peleas Inter fuerzas y mentalidad tradicional. Entonces lo que hay que crear como una oficina especial. Como lo está haciendo Rusia esa es la conclusión”.
Todo este proceso de renovación y reequipamiento de las FFAA argentinas para la guerra moderna, la nueva época naciente y las necesidades de las hipótesis de conflicto reales, debería estar asociado a un cambio de mentalidad, tanto en las fuerzas como en la política y la sociedad. La extensión de la participación civil como se señala en las escuelas técnicas, universidades o centros privados, más allá de contratos o licitaciones, es parte de lo que se llama “Cultura para la defensa” que implica recuperar el concepto de “Nación en Armas” vigente durante el periodo inaugurado en la segunda mitad de la década de 1940, actualizado a las realidades contemporáneas y las enseñanzas de la guerra en Ucrania y la alta conflictividad del nuevo orden mundial en despliegue. Tanto un centro como el Rubikon, como la descentralización ucraniana aprovechan y responden a realdades distintas, pero ambos tienen algo en común: la participación civil tanto en términos de colaboración externa como militarizados dentro del sistema de defensa. Algo que requiere un cambio de mentalidad de la elite cultural y política hegemónica desde los ochentas.
Guillermo Martín Caviasca* Doctor en Historia UBA / Autor de libros de historia sobre el movimiento obrero, historia militar y geopolítica / Experto en Defensa. Miembro del equipo de PIA Global
Referencias:
[1] Eissa, Sergio Gabriel y Montenegro, Esteban Germán (2025). Desarme argentino. La política de defensa entre 1983 y 2023. Buenos Aires: Teseo Press
Fuente PIA Global







