La Escuela Superior Peronista – Curso de introducción a la Conducción…
…Política Peronista.
Por Antonio Rougier
Noviembre 11, 2022
PARTE II
LA MÉDULA MISMA DE TODA LA PARTE DE LA CONDUCCIÓN.
6.- LA CONDUCCIÓN, PARTE TEÓRICA:
EL CONDUCTOR, LA TEORÍA, LAS FORMAS DE EJECUCIÓN
Nota introductoria: A partir de aquí recién empieza el capítulo 5 (de la edición 1974) sobre el conductor.
Analizando la primera parte de este capítulo sexto hemos encontrado o proponemos estos temas en lo referente al conductor:
6.1.- EL CONDUCTOR: PARTE VITAL DEL ARTE.
6.1.1.- La conducción es un arte. Parte vital y parte inerte. (lo vimos en la columna anterior)
I.–SECRETOS DE LA CONDUCCIÓN.
A.- SOBRE EL CONDUCTOR EN SÍ Y LA CONDUCCIÓN.
6.1.2.- La conducción: ¿arte o ciencia?
6.1.3.- La conducción, el conductor y la política.
6.1.4.- El conductor: un constructor de éxitos.
B.- ENSEÑANZAS PARA LA CONDUCCIÓN.
6.1.5.- Qué se necesita tener en cuenta para conducir.
C.- CUALIDADES Y CALIDADES INDISPENSABLES DEL CONDUCTOR.
6.1.6.- Qué debe ser y hacer para conducir.
II.- LA PERSONALIDAD DEL CONDUCTOR.
6.1.7.- El conductor, su alcance y definición.
6.1.8.- Valores espirituales del conductor.
6.1.9.- Los valores morales del conductor.
6.1.10.- Valores intelectuales del conductor.
En la interpretación que planteamos sobre esta maravillosa obra, hasta aquí Perón nos propone lo que podemos y debemos hacer como “capítulos preliminares de la conducción”:
A continuación, veremos las particulares exigencias y aprendizajes que nos plantea para ser verdaderos conductores políticos nacionales, populares, democráticos y latinoamericanistas…
Hoy sólo compartimos con ustedes estos dos temas introductorios que, como siempre, Perón realiza antes de entrar al tema central.
A.- SOBRE EL CONDUCTOR EN SÍ Y LA CONDUCCIÓN.
6.1.2.- La conducción: ¿arte o ciencia?
6.1.3.- La conducción, el conductor y la política.
6.1.- El conductor: parte vital del arte; sus condiciones morales, intelectuales y partidarias.
I.–SECRETOS DE LA CONDUCCIÓN
A.- SOBRE EL CONDUCTOR EN SÍ Y LA CONDUCCIÓN.
6.1.2.- La conducción: ¿arte o ciencia?
a.- La conducción: arte y ciencia.
En nuestra clase anterior habíamos dejado para tratar hoy lo referente al conductor, es decir, lo que yo llamo, la parte vital del arte. Se ha llegado a discutir muchas veces si la conducción es un arte o una ciencia.
Asunto difícil –diremos– de establecer en forma categórica, porque en ella uno utiliza todos los conocimientos, sean éstos de la ciencia o sean de la vida, que es la más grande de todas las ciencias, para un conductor. Sin embargo, es indudable que la conducción es un arte; es puramente un arte, y utiliza también, como las demás artes, partes de la ciencia. Si en lugar de arte fuese una ciencia, ya existiría alguna fórmula para crear una obra de arte como la de Napoleón, como la de
Alejandro o la de César.
b.- Ciencia y arte: diferencia.
Creo que todavía no existe una ciencia que capacite al hombre y a la mujer para realizar esa clase de trabajo. La ciencia, en general, difiere del arte y se rige por leyes, las cuales establecen que, a los mismos efectos, corresponden las mismas causas. El arte, en cambio, es una cosa distinta; no tiene reglas fijas ni leyes, sino que se rige por principios, grandes principios que se enuncian en una misma forma, pero que se aplican de infinitos modos y maneras. Vale decir que nada nos da la posesión de un arte, de un principio como cierto, sino mediante la transformación que el criterio y la capacidad del conductor hace en su aplicación en cada caso concreto; porque las mismas causas en la conducción no producen los mismos efectos.
c.- Los hombres, las mujeres y los hechos. La conducción es permanente creación.
Intervienen los hombres y las mujeres e intervienen los hechos y aun en casos similares, a iguales causas no se obtienen iguales efectos, porque cambian los hombres o las mujeres y cambian los factores que juegan en la solución del problema.
De manera que la conducción es un arte “sui generis”. Es distinto de todos los demás. Es un arte porque presupone, permanentemente, creación. La conducción sin espíritu creador no existe, y es permanente creación porque todos los casos que la historia plantea en la conducción son distintos, como distintos son los factores que intervienen en cada caso.
d.- La habilidad del conductor.
La habilidad del conductor está en percibir el problema, en captar cada uno de sus factores en su verdadero valor, sin equivocar ninguno de los coeficientes que, con distinta importancia, escalonan las formas principales y las formas secundarias del hecho. Captado el problema en su conjunto, elaborado por el propio criterio y resuelto con espíritu objetivo y real, el hecho se penetra; el análisis lo descompone, la síntesis lo arma y el método lo desarrolla. Eso es todo cuanto se puede decir de la operación que, naturalmente, se produce en la personalidad del conductor. Es algo tan extraordinario como lo que sucede con los organismos fisiológicos que, ingiriendo distintas substancias, pueden producir reacciones y efectos similares.
e.- Es un arte simple para el que posee las cualidades.
El conductor es un ente de transformación maravilloso, que percibe un fenómeno y saca una solución elaborada por si, parte intuitivamente, parte por el análisis y parte por la síntesis.
Difícil de comprender, porque son fenómenos que no creo que haya nadie que pueda explicar de una manera certera.
Lo que si puede expresar es que éste es un arte simple y todo de ejecución, como decía Napoleón. Simple, para el que tiene las cualidades y calidades; difícil para el que no las posee. Que esas cualidades y calidades pueden adquirirse realmente, es cierto.
f.- El conductor puede crearse y perfeccionarse.
De manera que el conductor, indudablemente, puede nacer, pero puede también crearse y perfeccionarse.
De esto se podría hablar con sentido analítico y con sentido filosófico días enteros. Pero no es nuestra finalidad extendernos en conocimientos abstractos de lo que es un conductor, sino en catalogar algunos de los conocimientos que él debe poseer para ser más sabio en cada una de las ocasiones en que deba actuar. Por principio, el conductor no es solamente un captador, diremos, de fenómenos y que elabora éxitos y fracasos.
Quien proceda con un criterio más o menos formal a cristalizar sistemas, a establecer métodos y a crear recetas para conducir –como para hacer la comida– se equivoca. Si fuese posible realizar la conducción política con sentido esquemático, con sentido dinámico, mediante sistemas preestablecidos o recetas al alcance de todos, sería una cosa muy fácil.
g.- La creación, exigencia del conductor.
Pero es difícil, precisamente porque la principalísima exigencia de la conducción es crear y hasta ahora, lo que más difícil se le ha presentado al hombre y a la mujer es la creación. Tenemos mucho hecho en el mundo, pero no mucho creado. La tarea del conductor es crear, crear siempre, estar siempre predispuesto a crear.
h.- Parte inerte y parte vital de la conducción.
Al dividir el arte de la conducción deben tenerse en cuenta dos partes fundamentales: la parte vital del arte, que es el conductor, el artista, y la parte inerte, que comprende toda la teoría del arte y su técnica. Esta teoría del arte y su técnica puede ser aprendida por cualquiera y, en consecuencia, cualquiera puede llegar a poseer los secretos de la conducción.
i.- Un secreto superior a todos: el secreto de la creación.
Ahora bien; conducir ya es otra cosa. Los secretos están íntegramente en la teoría y en la técnica, pero hay un secreto superior a todos que es el de la creación; algunos hombres y mujeres lo poseen naturalmente, otros lo adquieren, pero lo alcanzan con distinta medida.
Yo lo he calificado como el óleo sagrado de Samuel, como califico a menudo las cosas que no se pueden definir exactamente.
Uno de los grandes errores en la preparación de los hombres y mujeres de Estado en el mundo, ha sido precisamente prescindir de la técnica de la conducción.
6.1.3.- La conducción, el conductor y la política.
a.- Conducción política en el orden internacional.
La conducción política en el orden internacional se distingue muy claramente de la conducción militar.
Se dice que la conducción militar es la continuación de la conducción política; o, en otras palabras, que la guerra es la continuación de la política por otros medios.
Hay una continuidad absoluta entre una y otra conducción. En la política interna la técnica de conducción es también la base de la conducción militar, porque quien hace la conducción de la política por otros medios, vale decir, la guerra, utiliza el instrumento natural del trabajo de toda la conducción interna.
b.- Unidad en la preparación de la Nación.
Cuando elaboramos dentro del país una política, estamos preparando la conducción de un pueblo en lo interno y también en lo internacional para que haya unidad en la preparación de la Nación. No se prepara la Nación unilateralmente para un trabajo o para otro; la Nación se prepara para que tenga aglutinación, doctrina, una vida nacional y un sentido nacional; se educa, se prepara, se forma, se organiza y se conduce en conjunto. Yo no entiendo la conducción de la Nación en compartimentos estancos por distintas materias.
El hombre, la mujer no vive por partes, sino integralmente. La Nación no vive por sectores, sino universalmente, y ése es el punto de partida fundamental.
c.- Concepto de universalidad en la acción política.
Es necesario que el hombre, la mujer tenga el concepto de la universalidad de la acción política. Esta no se puede dividir: la política forma un campo indivisible e integral. El que no llegue a comprender eso, no podrá jamás actuar bien en política.
Vale decir, que la política no se aprende por especialidades y por compartimentos: la política se comprende. Es así como hay hombres y mujeres que han hecho política toda su vida y nunca la comprendieron; así como hay hombres y mujeres que quizá jamás hicieron política, pero cuando actuaron, lo hicieron bien, porque la habían comprendido.
d.- La política es actividad integral.
El error de enfoque y de penetración del aspecto político de la Nación está en no mirar en grande la política; ella no se puede mirar en pequeño, porque es la actividad integral; todo está comprendido por la política; y quien no abarque el programa y mire sólo un sector por un pequeño agujerito, no podrá hacer nada en política. ¿Por qué? Porque las grandes causas están en los fenómenos integrales, no en las pequeñas partes que componen ese fenómeno de conjunto. De manera que, para ser conductor político, lo que hay que estudiar es esta política integral. No pequeños sectores de especialización en la política, porque, aunque tenga a su lado a técnicos, no le servirán; ésos son asesores y no conductores.
e.- La política se comprende, no se aprende.
En otras palabras, no se comprende la política si no se tiene un panorama de la unidad integral de la política, que es universal e indivisible, pero que uno la puede penetrar y comprender.
La política no se aprende; se comprende.
Tonto es perder una vida estudiando la política solamente para aprenderla, porque cuando se la ha aprendido, se muere y no sirve para nada. Debe tratarse de comprenderla.
f.- Valor de la experiencia política.
Es imposible aprender la política. Es tan infinito el número de casos concretos que la política plantea, que quien quisiera aprenderlos todos se moriría antes de haber aprendido la milésima parte.
Vale decir que la experiencia política es comprensible para el entendimiento de los hombres y mujeres, para elaborar el criterio necesario que permita enfocar los problemas y resolverlos de por sí con sentido objetivo.
Jamás pretender acordarse de qué caso ha pasado que se parezca al que se debe resolver, o qué es lo que la teoría dice como principio a aplicar. Eso no tiene ningún valor; es la penetración y la comprensión del problema lo que va a dar la solución.
g.- De la situación al objetivo.
De cualquier situación fluye, teniendo en cuenta el objetivo, qué es lo que hay que hacer para que marchemos desde esta situación en que vivimos a ese objeto que perseguimos. El camino surge de la experiencia de la situación. Y eso hay que mirarlo objetivamente. Es poner en movimiento la materia, directamente, y entonces de ahí va a salir el camino, camino único o camino múltiple, pero camino, que es lo que uno busca entre las situaciones y el objetivo que persigue.
h.- Las posibilidades de solución son infinitas.
Es difícil establecer también en este campo nada ajustado a una realidad concreta. En este tipo de actividad nada hay concreto, sino la situación que plantea cada caso. Y para resolverla, los caminos son infinitos, como infinito es el número de hombres y mujeres, y como infinito es el número de las distintas y diversas maneras de pensar y de actuar.
i.- Napoleón y las acciones política y militar.
Sin embargo, Napoleón –que es uno de los hombres más admirables, no sólo en la solución de los problemas, sino por las ideas que ha legado sobre sus métodos de conducción tenía una afirmación de extraordinario valor para todo el que conduce, no sólo en lo militar, sino también en lo político. Porque Napoleón fue, por sobre todo, un político. El luchó con una idea política, no luchó jamás con una idea militar. La acción militar de Napoleón fue un medio para ejecutarla. Su objetivo –su gran objetivo– fue político. Si él enfrentó a ocho o diez coaliciones, no lo hizo nunca por una razón militar. Las enfrentó militarmente, pero por una razón política. Es que siempre la acción militar está subordinada a la política.
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