“Para el Gobierno la ciencia no es prioridad”
Por Pablo Esteban
Andrea Gamarnik tiene 53 años, fue reconocida como la científica más importante de Latinoamérica, recibió el Premio L’Oréal-Unesco “Por las mujeres en la ciencia”, 2016. Brilla por sus aportes en virología molecular y sus trabajos sobre dengue y zika. Volvió al país en 2001 y en medio de la tormenta abrió su laboratorio en el Instituto Leloir. Gabriel Rabinovich (48) fue distinguido como Investigador de la Nación Argentina y es identificado en el mundo por sus contribuciones en el desarrollo de estrategias para combatir el cáncer. En una conversación distendida, y convocada en ocasión de conmemorarse el Día del Investigador Científico que recuerda el aniversario del nacimiento de Bernardo Houssay, Gamarnik y Rabinovich se reunieron para contarle a PáginaI12 por qué la ciencia debe constituir una política de estado que no dependa de los gobiernos y los vientos de turno, reflexionaron sobre cómo desarrollar investigaciones en un contexto nacional adverso de ajustes y recortes, y pensaron de qué manera sus esfuerzos desde el laboratorio pueden cambiar las vidas de las personas.
–¿Qué es lo que más y menos les gusta de ser investigadores científicos?
Andrea Gamarnik: –Lo que más me gusta es la posibilidad de pensar en problemas que no tienen una respuesta evidente. Saber que hay que recorrer un camino, investigar, proponer ideas, equivocarse, planear experimentos. Me encanta el debate de ideas con los miembros de mi equipo y definir con ellos los caminos a seguir; compartir el entusiasmo con becarios y colaboradores cuando analizamos resultados interesantes. Me motiva pensar que nuestro trabajo aporta conocimiento original sobre el virus del dengue y de zika, que puede contribuir a encontrar modos de controlarlos. Lo que no me gusta, debo admitir, es el formato que adquiere el trabajo científico en ciertas situaciones. Por ejemplo, a veces, en lugar de asociarse, los investigadores compiten por responder la misma pregunta.
Gabriel Rabinovich: –Me produce un gran placer el proceso creativo que conlleva generar nuevas preguntas, asociar conceptos, desafiar prejuicios y proponer nuevos proyectos. Al igual que Andrea disfruto mucho del trabajo colectivo, de discutir experimentos, de plantear nuevas hipótesis, de arriesgarnos a nuevos desafíos. Me emociona profundamente hacer ciencia en Argentina. También disfruto mucho de la docencia, de transmitir nuevos conocimientos, de acercar la ciencia a cada rincón del país, de motivar jóvenes e intentar aportar un granito de arena para mejorar la salud humana a partir del diseño de nuevas estrategias terapéuticas y diagnósticas. Lo que menos me gusta son los aspectos burocráticos, el hecho de llenar tantos formularios y bases de datos quita tiempo para lo interesante.
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Fuente Página 12

