PAISAJE FUTBOLERO

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Cultura por Viviana Britos

Junio 28, 2026

Vivimos siempre metidos en un paisaje, aunque no lo queramos.
Rodolfo Kusch (1922-1979)

Tres amigos se encuentran en un café.

—Hay que ir organizando para ver los partidos —dijo Pedro en cuanto llegó.

—Si hay que ver días y horarios, fíjate —aportó Nacho con una sonrisa que le cruzaba la cara.

Daniel, callado y distraído, no dijo nada.

—El primero es Argentina – Argelia el martes 16 de junio a las 22 horas. En casa obvio —dijo Pedro.

—Y a vos ¿qué te pasa che? —le dijo Nacho a Daniel —podés el martes ¿No?

—Todavía no sé —dijo Daniel triste y seco —no sirve de nada ganar una copa del mundo si no tenemos para comer.

—Pero ¡qué decís! El futbol se disfruta, nos une, no tiene nada que ver con la política —dijo casi avergonzado Nacho.

—No seas necio Nacho —le dijo Daniel mientras llamaba al mozo.

—Bueno, bueno —dijo Pedro —la cábala es que veamos los tres juntos los partidos, sin mujeres ni hijos —lo dijo mirando con sorna a Nacho —como siempre tomando unas cervezas y una picada. Yo sé que te quedaste sin laburo por que cerró la fábrica, pero tranqui nosotros te bancamos. No podés
no venir, no podés hacernos esto —terminó Pedro sonándose la nariz con una servilleta de papel.

—Yo les hago ¿esto? —mientras pedía los cafés con un gesto cuando el mozo se dio vuelta para mirar la mesa —¿me estás cargando?

El silencio obligó a Nacho a mirar para abajo

—No se trata solo del laburo, es que tengo sentimientos encontrados con este mundial —completó Daniel.

—A ver —dijo Pedro interesado.

—Me parece una obscenidad en este momento, en que la patria está siendo entregada, ponerse la celeste y blanca para mirar a millonarios jugar a la pelota. Hay cosas más importantes.

Los pensamientos de Pedro y Nacho parecían oírse. Ambos callaron y le dieron tiempo a Daniel para que siguiera hablando mientras revolvían el café recién servido.

—No sé, por otro lado, como futbolero que soy quiero que ganemos. Quizás sea la única alegría que tengamos.

A Nacho se le nublaron los ojos.

—No les dije, pero creo que me voy. Me ofrecieron un trabajo afuera que me conviene y estamos considerándolo con Claudia. Es una movida grande. Tengo tiempo hasta octubre para contestar. Estaba esperando que terminar el mundial para decirles, pero…

Pedro pareció atragantarse con el último sorbo de café y dijo:

—¡Qué lástima che! —tratando de seguir con un chiste que no le salió.

—No quiero ser parte de este circo —dijo Daniel —que para lo único que sirve es para seguir tapando el saqueo, hasta él se tiene que ir. Perdón que les pinche el globo, pero es lo que siento.

—Se entiende Daniel —dijo Pedro —Quizás lo único que quiero es estar juntos y compartir la adrenalina del partido. ¿Se acuerdan del 86?, éramos re chiquitos. Teníamos 10 años. Y a partir de ese momento siempre los vimos juntos. Pobre mi vieja —con los dedos de las manos comenzó a contarlos.

—Mundial 90, 94, 98, 2002, 2006, 2010, 2014, 2018, 2022. ¿Me faltó alguno?
¡Guau! 10 mundiales Este es el número 11. Nos estamos poniendo viejos.

—Viejos no Pedro, cansados —dijo Nacho mirando la calle por la ventana mientras se desajustaba el nudo de la corbata y agregó —no los quiero presionar, pero quizás éste sea el último.

Los ojos de Daniel y de Pedro acusaron recibo.

Los tres se movían en las sillas como si fueran incómodas.

—Bueno, no se habla más —dijo Daniel —¿A qué hora estamos en tu casa?

El futbol forma parte de nuestra cultura. Es un hecho social y cultural no solo en los mundiales, y aunque estos se juegan cada cuatro años, la amistad es para toda la vida.

Eso es lo que somos.

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