¿NOSTALGIA O REVOLUCIÓN?

VisiónPaís/ octubre 1, 2023/ Sin categoría

Por Daniel Di Giacinti

Septiembre 18, 2023

Axel Kicillof dijo que el período de Perón, Evita, Néstor y Cristina “fue el más glorioso de Argentina”, pero pidió “no entusiasmarse más con un discurso nostálgico” y agregó: “Hay que dar un carácter de época nueva”.

Nuevas utopías: el fenómeno de Singapur.

Acierta Axel con el rechazo que provoca la manipulación de “las épocas gloriosas del peronismo” en una Argentina con un 40% de pobreza y una inflación galopante que se viene comiendo los ingresos de los trabajadores que la siguen corriendo de atrás como siempre.

El fenómeno Milei demuestra que estamos ante un nuevo “que se vayan todos” hoy expresado por el apoyo a un personaje caricaturesco cuyo único valor palpable es brindar una falsa esperanza a la gente. Al igual que con Macri este nuevo encantador de serpientes miente descaradamente armando un discurso producido por “focus group” para decir exactamente lo que la bronca de la comunidad quiere manifestar contra la clase política argentina.

El fenómeno Milei demuestra que estamos ante un nuevo “que se vayan todos” hoy expresado por el apoyo a un personaje caricaturesco cuyo único valor palpable es brindar una falsa esperanza a la gente.

 

Esta bronca tiene como eje además de la situación socioeconómica, el hartazgo ante los discursos vanguardistas que le explican a la gente como es el camino de una revolución que sólo se corporiza en las mentes afiebradas de una militancia política que pese a las buenas intenciones, no puede resolver los problemas acuciantes de la comunidad. Ante el fracaso de la gestión y los retrocesos evidentes en la calidad de vida, los esbozos del “proyecto” quedan reducidos a un guitarreo progre que genera no sólo rechazo, sino indignación.

El único camino posible es como dice Axel el de dar un carácter de época nueva, intentando una convocatoria a la construcción de nuevas utopías, de nuevas esperanzas. La experiencia de la Revolución Peronista de los años 40/50 quedó grabada en la memoria colectiva como momentos de felicidad popular. Sin embargo, la violenta revolución gorila del año 1955 demostró que las dirigencias políticas y sociales de la argentina no estaban preparadas para la democracia integrada y autodeterminante propuesta por el Gral. Perón cuyo proyecto quedó detenido y luego de su muerte decididamente olvidado.

La autodeterminación política era una propuesta demasiado revolucionaria para los años 50 e inclusive los 70. Pero hoy luego de la caída de la URSS y la crisis terminal de Occidente, surgen en Asia procesos políticos que logran una armonía social envidiable detrás de proyectos de participación ciudadana que se asemejan notablemente al propuesto por el General Perón en su famoso Modelo Argentino.

El único camino posible es como dice Axel el de dar un carácter de época nueva, intentando una convocatoria a la construcción de nuevas utopías, de nuevas esperanzas.

 

China y Vietnam con sus partidos socialistas únicos, Corea del Sur con un sistema presidencialista, Singapur con un sistema parlamentarista y Japón con una especie de monarquía constitucionalista están dejando atrás a un occidente que se está prendiendo fuego, luego de la hecatombe moral de sus instituciones que generaron una grave y profunda crisis económica que terminaron pagando cómo siempre los trabajadores.

Los procesos asiáticos surgen impulsados por un rechazo a los valores occidentales que consideran perniciosos y buscan para diferenciarse nuevos principios para forjar un basamento moral y ético distinto. Por eso recuperan al confucianismo y su filosofía humanista para desarrollar nuevas experiencias participativas.

Ya desde el arranque existen connotaciones revolucionarias en el planteo. Lo que las naciones asiáticas realizan es el desarrollo de procesos políticos sustentados sobre filosofías, es decir principios comunes que definen una tabla de valores morales y éticos para ordenar una participación ciudadana nueva. La idea de acordar sobre principios simples y accesibles permite la incorporación de las Comunidades al debate uniéndose a las dirigencias. El alejamiento de la imposición de ideologías cerradas instrumentadas por políticos transformados en vanguardias esclarecidas o CEOS, rompe el verticalismo asfixiante del modelo occidental, que transforma al ciudadano en un ente tabicado alimentado por un materialismo extremo.

El acuerdo fundacional de todas las fuerzas políticas sobre valores comunes que delinean un objetivo como Nación, rompe con el espíritu de confrontación destructiva de la partidocracia occidental. La puja por el acceso al poder para poder desde ahí imponer una ideología cerrada se transforma en un diálogo de las distintas miradas políticas sobre cómo alcanzar un objetivo común.

Esta nueva visión de democracias autodeterminantes está impulsada por los conceptos humanistas de la filosofía confuciana que ordena las fuerzas transformadoras de la comunidad en un proceso de diálogo permanente y con fuerzas en equilibrio dinámico, que van delineando una identidad en constante desarrollo. Esto la diferencia de las fuerzas políticas occidentales que en general se ordenan desde ideologías gestadas previamente por filósofos e ideólogos y que luego son impuestos como alternativas cerradas al resto de la comunidad.

China y Vietnam con sus partidos socialistas únicos, Corea del Sur con un sistema presidencialista, Singapur con un sistema parlamentarista y Japón con una especie de monarquía constitucionalista están dejando atrás a un occidente que se está prendiendo fuego

La acentuación ideológica es clave para entender el proceso. Si aceptamos lo ideológico como un modelo “llave en mano” ordenado desde concepciones universalistas, que como verdades absolutas tienden a dar respuesta a todo, la política se reducirá a la acción interpretativa de esa ideología que lógicamente está en manos de las vanguardias esclarecidas o políticos profesionales.

Si en cambio entendemos que las nuevas participaciones ciudadanas deben ser un proceso de creación multitudinaria impulsado por las enormes potencias culturales de los pueblos de hoy, acentuaremos la construcción de esas identidades ideológicas en un grupo de valores o principios comunes, transparentes a toda la comunidad donde la tarea de los políticos no es la de “bajar” la interpretación sino la de coordinar la acción del conjunto para una acción constructiva común.

Los acuerdos sobre los principios comunes pueden ser compartidos con el pueblo sumando a la Comunidad toda al esfuerzo por conseguir los objetivos planteados a través de una planificación adecuada. La transparencia del proceso transforma a las fuerzas políticas y al Estado en coordinadores de algo que comparte la Nación en su conjunto, logrando de esa forma la armonía social.

La lucha política destructiva de occidente ordenada desde la imposición ideológica ha gestado un espíritu de confrontación que comienza en la disputa de las fuerzas políticas para acceder al poder y desde allí imponer su visión. Continúa en la disputa de los intereses financieros y económicos para lograr el desarrollo de sus ganancias y luego se derrama a toda la sociedad que sin otra posibilidad de participación, termina debatiéndose en una meritocracia egoísta y decadente. Todo el proceso genera Estados débiles sumergidos en una desconfianza comunitaria generalizada que impide lograr armonías mínimas para el ordenar un desarrollo económico sustentable.

Tomar valores o principios como fundamento común para la acción dirigente es el aporte más valioso de las tradiciones confucianas a los nuevos procesos democráticos. Más allá de sumergirse en conceptos metafísicos el confucianismo es una tabla de valores morales y éticos para las clases dirigentes. Asumirlos públicamente en acuerdos fundacionales es lo que da sustento e impulso a las nuevas armonías sociales de estas nuevas democracias autodeterminantes.

Singapur y una nueva ideología nacional: “Valores compartidos”.

Los fundamentos culturales confucianos alimentan distintas institucionalidades políticas de acuerdo a las características históricas y culturales de los países asiáticos. Pero cómo ejemplo para profundizar el análisis podemos ver una de las experiencias más recientes: la de Singapur y sus “Valores Compartidos”. Extraemos para ello párrafos del trabajo de Manuel de Jesús Rocha-Pino: “Los valores compartidos: una reinterpretación política del confucianismo en Singapur”.

“…A partir de la década de los años ochenta del siglo pasado, el gobierno de Singapur comenzó a elaborar un proyecto de ideología nacional centrado en el rechazo a lo que oficialmente se identificó como “valores occidentales”. “… “La invención de esta ideología nacional aspiraba a constituir un conjunto de pautas de conducta en los ámbitos de la moral y la esfera cívica y el régimen de Singapur la identificó con el concepto de “valores asiáticos”. Dichos “valores asiáticos” perseguían consolidar el orden, el progreso y la identidad nacional en un país caracterizado por una diversidad multicultural herencia de su pasado colonial. Los “valores occidentales” que criticaban el régimen de Singapur eran básicamente de naturaleza moral como el individualismo, el hedonismo o la falta de respeto a ciertas conductas cívicas y la autoridad de las personas mayores de edad. “

“…A partir de la década de los años ochenta del siglo pasado, el gobierno de Singapur comenzó a elaborar un proyecto de ideología nacional centrado en el rechazo a lo que oficialmente se identificó como “valores occidentales”