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VisiónPaís/ junio 14, 2018/ Sin categoría

No flamea en el territorio nacional la bandera norteamericana ni el estandarte del FMI. No hace falta

Argentina cuenta con un gobierno que se caracteriza por su afán permanente y sistemático por condicionar el futuro nacional a las reglas y decisiones del sistema de poder económico y político global. Se diría que ese es el Norte estratégico profundo del macrismo y de los sectores sociales a los que representa.

Incluso sin tener en claro un proyecto viable para el país, la actual gestión entiende que es clave condicionar el rumbo futuro de las políticas públicas en tal grado, que sea imposible para cualquier administración ajena al neoliberalismo recuperar el comando de la orientación del devenir nacional.

En la globalización latinoamericana no hacen falta espectaculares invasiones de vecinos poderosos. Se les pueden ahorrar esos costos materiales. Alcanza con la instalación de gobiernos que generan hechos consumados que van socavando la viabilidad autónoma de las entidades nacionales, colocándolas en situaciones de altísimo grado de dependencia en todos los aspectos de la vida social (producción, finanzas, tecnología, defensa, salud, cultura, etc.). El debilitamiento estructural de todas las capacidades soberanas es el hilo conductor de presidentes como Temer o Macri.

De crear las condiciones para ese debilitamiento estructural se está ocupando, con toda dedicación, el gobierno de Cambiemos. En ese terreno, quizás, no exista impericia ni improvisación. El endeudamiento externo acelerado, al ataque masivo a toda la industria nacional, la agresión al sistema científico tecnológico nacional, el intento de ingresar a la OCDE, el ruinoso acuerdo en trámite con la Unión Europa, y ahora el acuerdo con el FMI forman parte del desmantelamiento integral de todos los elementos necesarios para poder ejercer la soberanía nacional en términos reales.

A falta de la capacidad de generar adhesión masiva de la sociedad a un proyecto que beneficia exclusivamente a minorías, se recurre al expediente de reforzar el externo sobre las políticas públicas, empezando por las económicas. El FMI y las potencias occidentales quedan como los custodios de un rumbo permanente definido por la elite local más allá de lo que opine y vote la sociedad. Se cambia futuro por pasado.

Stand-by con el FMI

No puede decirse que este gobierno no tenga apoyo externo. Los 50.000 millones que estaría otorgando el FMI son una fuerte demostración de un respaldo que trasciende la coyuntura turbulenta y que se extiende para consolidar y emprolijar una gestión que fue capaz de auto provocarse una crisis.

De esos 50.000 millones, lo que entrará concretamente en pocos días serán 15.000 millones de dólares, que pueden ser muy útiles al gobierno para instrumentar algo que el FMI reclama, que es el desinfle del explosivo stock de LEBACs.

El resto irá entrando de a poco, y condicionado al cumplimiento de las metas establecidas, que sólo se conocerán con precisión a mediados de setiembre, cuando el gobierno envíe el proyecto de Presupuesto al parlamento. Ahí se verá con claridad cómo y en qué se recortará el gasto de 2019. La meta es que el déficit fiscal se reduzca a la mitad del de este año.

Nota completa AQUÍ

Fuente El cohete a la luna
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