MÍSTICA Y POLÍTICA PARA PONERSE LA PATRIA AL HOMBRO – DOSSIER…

VisiónPaís/ marzo 13, 2023/ Sin categoría

…DEL ENCUENTRO NACIONAL 2022 – Parte 1-

LA PATRIA AL HOMBRO: TAREA Y PENSAMIENTO

Por Santiago Barassi – Néstor Borri

Febrero 2023

SANTIAGO BARASSI – Nos hemos dado la tarea de convocar a este Encuentro
Nacional “Fratelli Tutti” con el objetivo de impulsar una reflexión sobre la
dimensión mística en la política. Hace tiempo que venimos tematizando esto y
queríamos generar un ámbito para poder profundizar.
Un rasgo común de los que estamos acá reunidos es que todos honramos la
política y creemos en ella. Cada uno con su impronta y a su modo. En este
tiempo en el cual la política está tan bastardeada y atacada -muchas veces con
razón- es preciso salir en su defensa. No se trata de defender a la política en
tanto corporación o círculo, sino defender el ejercicio de la política como
vocación militante. El capítulo 5 de la Fratelli Tutti se llama “La mejor política”.
Allí Francisco desarrolla gran parte de su mirada respecto a la política,
recuperando como ejemplo “militante” la vocación de servicio y de compasión
del buen samaritano. Esa es la referencia que tomamos para pensar esta
recuperación de la política y la práctica militante.
«Ponerse la Patria al Hombro», frase del entonces Cardenal Jorge Bergoglio que
tomamos como idea fuerza de este encuentro, es una frase que refiere al
impulso de no ser indiferentes ante el dolor del prójimo y, más aún, de ser
protagonistas de la historia y hacedores del futuro. De algún modo, la
militancia política es hacerse cargo de las tensiones y problemas de otros y
otras. En definitiva, es entender la vida más allá de la propia individualidad y
concebir la trayectoria vital y personal junto a la del conjunto.

Pero este ejercicio de recuperación de la política no es sólo, ni tanto, hacia
afuera de nosotros mismos y nuestras organizaciones. Necesitamos volver a
conectar con el sentido profundo de nuestra vocación política, reconciliarnos
con ese impulso de zambullirse en el pueblo, los conflictos y la historia. No
abundan los ejemplos de grandeza, disciplina, sencillez y constancia que
inspiran e invitan a «la mejor política». Las internas y la especulación desgastan
y desaniman. Por eso también este espacio. Ese rasgo común de todos los que
estamos acá, implica no solamente amor por la política sino a la militancia
como una filosofía de vida. «No se puede ser feliz en soledad» decía Leonardo
Fabio. Elegimos vivir esta vida inspirada en sueños colectivos y proyectos de
pueblo. La Fratellis Tutti es un documento centrado justamente en eso: cómo
construir la Fraternidad universal y la amistad social. Que esté encuentro sea
un aporte a esta recuperación de la práctica política como servicio y ética de
trabajo para la felicidad de todos y todas.

NÉSTOR BORRI – Comenzamos este espacio con el espíritu de ir compartiendo
unas coordenadas y algo de la intención que nos motivó y la tónica que le
queremos dar a este momento de encuentro, que es la misma que le venimos
queriendo dar desde que empezamos a formular las apuestas, las palabras, los
términos, las contraseña y la estética de Factor Francisco. Les quiero contar dos
cosas. Todos nos conocen, todos de alguna manera conocen a Factor Francisco,
pero con muchos es la primera vez que nos vemos personalmente. Les quiero
contar dos cosas, la estética que ustedes ven que además las hacemos con la
magia del equipo de Mauro y, especialmente, de Javier que tiene la valentía, el
coraje y la paciencia de escucharnos a Santiago y a mí decir cómo queremos
que sean las imágenes que acompañan. Una segunda idea tiene que ver con
esta imagen que está acá, que fue la primera que formulamos originalmente de
Santi y con la provocación propia que queríamos hacer, que nos ha traído
bastantes controversias. El abrazo que está aquí detrás mío se lo mostramos en
2019 al Papa Francisco, que nos recibió ahí en Santa Marta un viernes a las seis
de la tarde. Estábamos los dos en una salita de este tamaño y le mostramos
esto que está acá atrás, esta especie de constelación, un poco con cierto temor
e inquietud de ver que nos iba a decir, pero también con cierto agrande de
decir “mirá que transgresores que somos”, ¿no? Y entonces el hombre se
agarró la cruz, lo miró. “¿Qué le parece?”, le preguntamos y nos dijo, con ese
tono porteñazo que tiene, “faltan un montón”.

El hombre no da puntada sin hilo. Solemos decir también que hay algo
interesante en Francisco, que es muy nuestro también: que hace coincidir la
generosidad y el cálculo, la espontaneidad y la estrategia y ahí hay que decir
cosas y traigo esto de “faltan un montón” para poner tres cosas que sentimos
que faltan. Primero que faltan un montón en varios sentidos, uno en la
dinámica amplia de la inclusión que hay que construir, pero también en este
momento tan árido y tan arduo de quienes tomamos la posición explícita de
construir política, no de cualquier lado, sino desde donde la construimos, de la
tradición nacional y popular, desde el peronismo, desde compromisos
partidarios amplios pero explícitos. También hemos decidido tener un discurso,
un planteo y un encuentro que no fuera de esos encuentros que promedian
posiciones, donde se habla de una especie de bien común abstracto con
participación, pero no hay toma de partido; y ese es un criterio, decir en qué
clave nos vamos encontrando y cómo construimos el todo. Una lógica de
construir el todo que no sea ni la confrontación pura pero tampoco el
promedio que pasteuriza, que los que tenemos la fuente cristiana a veces lo
hemos sentido, ¿no? Grandes palabras donde todo queda bien pero al final,
insustanciales. Nosotros queremos encarnar acá en esta tradición política
nuestra, en sentido amplio, pero también específico lo que la fuente cristiana y
lo que Francisco dice, y la larga tradición humanista nos puede decir, que está
tan graficado, tan fuerte en la parábola del buen samaritano. Después esta otra
cuestión, nos faltan lugares y encuentros donde podamos hablar un poco más
en diagonal y donde podamos, creo que todos lo sentimos, inscribir en
nuestras conversaciones una lógica inesperada; donde podamos salir de la
previsibilidad. Muchas de nuestras conversaciones tienen el principio y el final
medio definido y a veces con consignas que un poco se nos han vaciado, nos
sirven para sostenernos, pero no nos sirven para proyectarnos.

Entonces, ¿Cómo inscribir una lógica inesperada?, palabras que otra vez nos
enciendan, aunque sean las mismas, pero que estén renovadas en el fuego que
provocan. La parábola del buen samaritano da para un montón, porque el buen
samaritano no habla, es el único que no habla en la parábola prácticamente.
Los dos que pasan, uno es el levita, el otro sacerdote, seguramente
especialistas, uno en derecho, otro en religión, tenían muchas cosas que decir y
seguramente muy buenas. Incluso podría haber tenido cosas de perspectivas
de derechos, las mejores de nuestras cosas. Y sin embargo no llegan y el otro lo
que hace es un gesto que disrumpe, un gesto inesperado y el gesto de un
impuro y algo de eso queremos trabajar y queremos proponer. Otra cuestión
que falta, que está en los capítulos que Gustavo citó y que ustedes van a
encontrar. Nosotros los descubrimos muy tempranamente, los que tienen el
periódico, están puestos ahí: los parágrafos esos 77, 78 y 79 de la Fratelli Tutti.
Para nosotros son un manifiesto central de la encíclica, y tiene como subtítulo
“Recomenzar”. Hay un fragmento de esos párrafos, una frase, con una poética
también muy nuestra, muy venida de acá. Está en el magisterio universal, pero
sale de estas manzanas, de estas calles, podríamos decir y de este país, dice
“solo falta el deseo puro gratuito y simple de ser pueblo”. “Un deseo que falta”
es en términos teóricos una redundancia, porque el deseo siempre habla sobre
lo que falta y tiene que venir. Y “realmente” solo está presente justamente
mostrando lo que falta, pero está ahí. En esto hay un gran desafío sobre cómo
reconstruir nuestra ética militante: no poniendo tanto al pueblo como “el otro”,
sino deseando todos ser pueblo. Porque lo que hoy está en juego es que
nuestras mejores consignas generan también una brecha, tienen sus límites.
Entonces, ¿Cómo conjugamos las cientos de maneras de desear-ser pueblo?
Estamos otra vez tratando de componernos como pueblo y eso es el hacer
política desde el corazón del pueblo. Y entendiendo esto desde los límites, no
los límites de los malos y de “la oposición” cual fuera, sino los límites de lo
mejor de lo nuestro y en cómo reconocer juntos que lo que no alcanza, aquello
que siendo lo mejor de nosotros sin embargo no alcanza; y que lo tenemos y
que lo podemos reconstruir, yendo más allá de nosotros mismos. Más allá y
también a nuestras fuentes, a lo más propio que nos habita también como algo
cercanías y ajeno que nos constituye y desafía .
En ese espíritu, la palabra ética, desgraciadamente tomada muchas veces por
cierto eticismo berreta que atraviesa la opinión pública y la política argentina,
no es siempre muy bienvenida porque siempre está asociada a moralinas de
transparencia, civismos de medio pelo. Pero creo que todos y todas sentimos
acá en este momento que es justamente una ética la que ha de ser la
contrapartida práctica de esa mística que nos tiene que sostener en un
momento muy difícil de la acción política, donde como militantes vamos a ser y
somos muchos pero también somos, como dice la palabra, uno de mil.
Militante siempre se nombra en un colectivo y remite a lo comunitario, pero
hay un momento en que el militante es uno, uno solo, uno solo concernido,
una soledad, como lo saben todos los que en algún momento tienen que tomar
decisiones. Ese momento de soledad en la decisión, es un momento ético de la
política. Y en ese punto hay algo de la mística y la espiritualidad que se juega y
sostiene. O no.

Esos fragmentos de la Encíclica dicen también, no podemos esperar de otro
que nos digan qué tenemos que hacer. Es uno y cada uno y cada una quién se
tiene que sostener en su ética, pero también en una espiritualidad que nos
sostenga en unos momentos que en ninguno, ni siquiera de los mejores
escenarios que no parecen ser los que vendrán, pero aún en los mejores van a
ser muy difíciles, ya lo son. Entonces los que tenemos la suerte de cierto acceso
a la larga historia, por un lado de la tradición cristiana pero también a la fuente
humanista y cristiana del peronismo como expresión de la historia política de
nuestro pueblo, la tenemos volver a poner sobre la mesa en nuestras
conversaciones: porque la necesitamos, porque va a hacer falta para ser
generosos, para que nos salgan bien todos los cálculos que estamos haciendo,
para encontrar subjetividades, personas, hombres y mujeres, para ponernos de
pie -como se dice en nuestro lenguaje más político- con el bastón de mariscal
pero sobre todo con la doble capacidad del samaritano. Si ustedes buscan la
imagen de Van Gogh del buen samaritano, van a ver dos movimientos. El más
conocido es el primero, inclinarse sobre el caído, para luego levantarlo. Esa
inclinación sobre el caído, ese detenerse sobre la herida concreta implica
también una fuerza para levantarlo, no basta agacharse para estar cerca; es
indispensable, pero implica también una fuerza para ponernos de pie.
Y eso es lo que queremos construir, para ponernos de pie nosotros, unos a
otros y para poner de pie a nuestro pueblo y a nuestra construcción política en
los escenarios bravos, áridos, pero que son los que nos tocan. Nos toca quizás
construir una etapa del movimiento nacional y popular ardua, difícil, quizás
solo de curar heridas, ¿Quién sabe? Me gusta decir “quizás solo de reducción
de daños” y quizás de eso vamos a tener que hacer una épica, pero va a ser
nuestra misión y eso lo queremos construir con ustedes y ponerlo al servicio en
palabras, en criterios y reflexiones de todos nuestros compañeros y
compañeras para sumar una fuente más a la recreación de nuestro movimiento
en esta Patria que nos duele y en este pueblo que amamos y somos.

Fuente: https://www.factorfrancisco.org/
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