MÍSTICA Y POLÍTICA PARA PONERSE LA PATRIA AL HOMBRO- DOSSIER…
…DEL ENCUENTRO NACIONAL 2022 – Parte 3 –
HERMANOS TODOS COMO CRITERIO POLÍTICO
Por Gustavo Carrara Obispo Auxiliar de Buenos Aires
Febrero, 2023
Quiero agradecer el esfuerzo de Factor Francisco para difundir el Magisterio de
Francisco y hacerlo accesible a todos los que quieran acceder a la lectura de
Fratelli Tutti. Con esto lo primero que quiero recomendar es que leamos a
Francisco sin glosa, que busquemos la inmediatez con los textos y con los
gestos del Papa Francisco. Lo que voy a decir es una pequeña introducción, un
aporte, pero no ahorra la lectura si no la hemos hecho, nos va a hacer mucho
bien, leer y releer.
Fratelli Tutti comienza, así como toda encíclica, con unas primeras palabras que
le dan nombre: siempre pasa así. Fratelli Tutti es el modo como San Francisco
de Asís se dirigía a sus hermanos, a sus hermanas, con ese saludo que brotaba
del Evangelio de Jesús. O sea, esta encíclica tiene una fuerte inspiración en San
Francisco de Asís en muchos de sus párrafos. Pero Fratelli Tutti tiene un
subtítulo que tenemos que subrayar, que también nos da algo muy
significativo, una pista muy significativa que es sobre la fraternidad y la amistad
social, de eso trata la encíclica, sobre la fraternidad y la amistad social. Lo
primero que podemos descubrir es que Francisco se presenta como un hombre
de pensamiento incompleto, o sea se presenta como alguien que dice “yo no
me la sé todas” y eso es importante para nosotros también, es muy importante
porque cuando uno se presenta en la vida diciendo “yo me la sé todas” aparece
la tentación de la soberbia y la soberbia es lo que más nos asemeja al demonio,
en concreto.
En el número VI él va a decir “Si en la redacción del Laudato Si tuve como una
fuente de inspiración en mi hermano Bartolomé, el patriarca ortodoxo, que
propuso con mucha fuerza el cuidado de la creación, en este caso me sentía
especialmente estimulado por el gran Iman Ahmed Al-Tayeb con quien me
encontré en Abu Dabi para recordar que Dios ha creado todos los seres
humanos iguales en los derechos, en los deberes y en la dignidad y los ha
llamado a convivir como hermanos entre ellos”.
El Papa Francisco dice que en Laudato Si, su inspiración fue el diálogo con el
patriarca ortodoxo Bartolomé. Laudato Si habla del cuidado de la casa común e
invita a escuchar un doble grito, el grito de la tierra y el grito de los pobres que
muchas veces van muy unidos. En el número 160 de Laudato Si, el Papa va a
decir “¿Qué mundo queremos dejar para nuestros hijos, para nuestros nietos?”
En este caso el Papa dice “Esta carta sobre la fraternidad y la amistad social se
la debo en gran parte a mi diálogo con el gran Iman Ahmed Al-Tayeb”.
También nosotros somos desafiados a descubrirnos como hombres, como
mujeres de pensamiento incompleto que busca entrar en diálogo con otros
pensamientos, con otras personas, con otras culturas. A veces nos centramos
en las conclusiones y vemos muchas diferencias, pero cuando nos centramos
en lo que nos motiva la reflexión, muchas veces encontramos más
coincidencias de las que pensábamos y en este caso es lo que encuentra
Francisco con estos dos hombres. Pensamiento incompleto es el que
necesitamos tener y reconocer. Dos temas de fondo de la encíclica son los
mencionados. Yo voy a leer dos números o dos párrafos que ejemplifican, esto
aparece a lo largo de toda la encíclica se puede ir buscando los dos temas de
fondo que se presentan.
El primero es la apertura universal al amor, ésta no es geográfica, sino
existencial y va a decir en el número 97 “Hay periferias que están cerca de
nosotros en el centro de una ciudad o en la propia familia. También hay un
aspecto de la apertura universal del amor que no es geográfico, sino existencial,
es la capacidad cotidiana de ampliar mi círculo, de llegar a aquellos que
espontáneamente no siento como parte de mi mundo de intereses, aunque
estén cerca de mí. Por otra parte cada hermano y cada hermano que sufre
abandonado ignorado por mi sociedad es un forastero existencial, aunque haya
nacido en el mismo país. Puede ser un ciudadano con todos los papeles, pero lo
hacen sentir como extranjero en su propia tierra. El racismo es un virus que
muta fácilmente y en lugar de desaparecer se disimula, pero está siempre al
acecho”. Lo primero que subrayamos acá es ésta capacidad de ampliar mi
círculo, de llegar más allá de lo que espontáneamente yo siento parte de mi
mundo de intereses; todos tenemos esa tendencia a reafirmar mi grupo, a
cerrarse sobre mi grupo y muchas veces ir dejando afuera en ese diálogo que
es necesario para la amistad social, a otros; pero siempre Francisco va a insistir
y va a poner el acento, no dejemos de lado a los más frágiles, a los más rotos, a
los más pobres.
Entonces la apertura universal al amor es uno de los ejes centrales de la
encíclica. El otro es la dignidad inalienable de la persona humana más allá de
todas las circunstancias. En nuestro mundo de hoy hay una tendencia a que
manden las circunstancias. Francisco va a decir “hay una inalienable dignidad
de la persona humana y ésta es condición para la fraternidad, si no respetamos
la persona humana no puede haber fraternidad” y lo dice en el número 39 con
un ejemplo concreto “para colmo en algunos países, pagados con fines
políticos se difunde así una mentalidad xenófoba de gente cerrada y replegada
sobre sí misma. Los migrantes no son considerados suficientemente dignos
para participar en la vida social como cualquier otro y se olvida que tienen la
misma dignidad intrínseca de cualquier persona, por lo tanto, deben ser
protagonistas de su propio rescate. Nunca se dirá que no son humanos, pero en
la práctica con las decisiones y el modo de tratarlos se expresa que se los
considera menos valiosos, menos importantes, menos humanos. Es inaceptable
que los cristianos compartan esta mentalidad y estas actitudes haciendo
favorecer a veces ciertas preferencias políticas por encima de las ondas
convicciones propias de la fe, la inalienable dignidad de la persona humana
más allá de su origen, color o religión y la ley suprema del amor fraterno”.
Aquí el Papa trata un tema que le preocupa mucho. En las primeras salidas fue
al mar Mediterráneo, a Lampedusa, un cementerio abierto de muchos
migrantes que escapan de sus lugares de origen buscando un futuro mejor para
su familia y mueren allí. Es de las primeras salidas que hace Francisco, es un
tema que le preocupa mucho y habla de su inalienable dignidad. Muchas veces
el problema no es que son migrantes, el problema es que son pobres y eso es
lo que Francisco denuncia una y otra vez. Pero eso podemos trasladarlo a otras
situaciones donde a las personas se las va a considerando menos humanas
para sacarselas de encima. Hay una lógica que es muy importante tener
presente. Bueno, estos dos temas son centrales, van a aparecer una y otra vez.
Hay un icono, que es el icono del buen samaritano, la parábola del buen
samaritano que está en el capítulo dos de la encíclica. Es una parábola de Jesús,
de las más conocidas, es un hombre que es asaltado al borde del camino y
dejado medio muerto, pasa un sacerdote, lo ve sigue de largo, pasa un levita
que también trabajaba en el templo, lo ve y sigue de largo, pasa un samaritano
que pertenece a un pueblo rival y donde hay muchas diferencias con el mundo judío,
lo ve, se conmueve, se hace cargo de ese dolor, lo carga sobre su propia
montura y lo lleva a una posada para que sea sanado. En el número 69 va a
decir así “La narración es sencilla y lineal, pero tiene toda la dinámica de esa
lucha interna que se da en la elaboración de nuestra identidad, en toda nuestra
existencia lanzada al camino para realizar la fraternidad humana. Puestos en
camino nos chocamos indefectiblemente con el hombre herido hoy y cada vez
más, hay heridos. La inclusión o la exclusión de la persona que sufre al costado
del camino define todos los proyectos económicos, políticos, sociales y
religiosos. Enfrentamos cada día la opción de ser buenos samaritanos o
indiferentes viajantes que pasan de largo”.
Esto es muy significativo. La exclusión o inclusión de la persona que sufre al
costado del camino de la vida define proyectos políticos, económicos, sociales
e incluso también religiosos y el Papa va a decir un poquito más adelante
“todos tenemos algo del salteador, todos tenemos algo de los que pasan de
largo, todos a veces estamos heridos y todos también nos podemos comportar
como el buen samaritano”. Y la tarea es inmensa, el desafío es inmenso, por
eso la necesidad de un nosotros más grande.
Hay un tema que por ahí a mí en esta semana me preocupa bastante que es la
reforma de la Ley de barrios populares. En la Argentina son 5.687 villas o
barrios populares, casi 5 millones de personas que viven allí, tal vez el núcleo
duro de la pobreza en la Argentina. La mitad son niños, niñas y adolescentes.
Un mundo al que es imposible abarcar sin un nosotros cada vez más grande, un
nosotros que vuelva a los vecinos y vecinas de los barrios cada vez más
protagonistas. Tomo ese ejemplo para lo que voy a leer ahora: “cada día se nos
ofrece una nueva oportunidad a una etapa. No tenemos que esperar todo de
los que nos gobiernan, sería infantil. Gozamos de un espacio de
corresponsabilidad capaz de iniciar y generar nuevos procesos y
transformaciones, sean parte activa de la rehabilitación y el auxilio de las
sociedades heridas. Es posible comenzar de abajo y de a uno, pugnar por lo más
concreto y local hasta el último rincón de la patria y del mundo con el mismo
cuidado que el viajero de Samaria tuvo por cada llaga del herido; pero no lo
hagamos solos, individualmente. El samaritano buscó a un hospedero que
pudiera cuidar de aquel hombre, como nosotros estamos invitados a convocar y
encontrarnos en un nosotros que sea cada vez más fuerte que la suma de las
pequeñas individualidades”. La parábola del buen samaritano, uno se centra en
esta figura, en este icono que la verdad que centra la mayor atención nuestra,
pero el buen samaritano necesitó del posadero. Le llevó a un hombre medio malherido.
El posadero pudo haber dicho “no me traigas un problema, mejor le
alquilo la habitación a otro” y sin embargo el posadero le dijo “sí” al buen
samaritano y lo hospedó hasta el otro día. El buen samaritano fue a verlo; pero
ahí el Papa dice “aquí aparece la necesidad de un nosotros, de un nosotros
cada vez más fuerte, de un nosotros cada vez más grandes”.
El desafío es inmenso y no podemos pensar que una sola organización lo puede
hacer, no solo yo, sino una sola organización. ¿Cómo rompo de alguna manera
mi mundo chico y me abro a otros también?, ¿Cómo salgo de esa soberbia del
pensamiento absoluto? Es necesario decir “yo no tengo toda la verdad y me
abro al otro, a la otra, a otra organización para hacer un nosotros cada vez más
grande que cuide la fragilidad de nuestro pueblo, pero con un horizonte“. “No
solo se trata de dar de comer al pobre” va a decir Francisco sino sobre todo se
trata de sentir que los más pequeños y pobres tienen la dignidad de sentarse
en tu propia mesa, de compartir la vida con vos, de sentarse también en la
mesa de las decisiones. Bueno, entonces la necesidad de un nosotros cada vez
más grande la plantea ésta parábola también.
Por último, aparece el tema de la mejor política es la que busca la amistad
social ¿Cuál es la verdadera brecha? Lo que decía antes estaba en el número 77
y 78, lo que voy a decir ahora está en el número 233 “La procura de la amistad
social no implica solamente el acercamiento entre grandes grupos sociales
distanciados a partir de algún período conflictivo de la historia, sino también la
búsqueda de un reencuentro con los sectores más empobrecidos y vulnerables.
La paz no es sólo ausencia de guerras, sino el compromiso inalcanzable
especialmente de aquellos que ocupamos un cargo con más amplia
responsabilidad de reconocer garantizar y reconstruir concretamente la
dignidad tantas veces olvidada o ignorada de hermanos nuestros, para que
puedan sentirse los principales protagonistas del destino de su nación”. No
olvidemos que ésta es la verdadera brecha, ésta es la verdadera distancia.
Podremos describir y echar responsabilidades, que las hay evidentemente;
pero en el año 74 había 4% de pobres, en números absolutos 800.000
personas, un millón de personas. Hoy estamos en el 36 o 37 por ciento de
pobres, un 6 o 7 por ciento de indigentes. Estamos hablando de millones de
personas, la brecha a lo largo de los años se ha agigantado, la distancia con los
últimos, con los más frágiles se ha agigantado. No hay que perder esto de vista
en las discusiones que se pueden tener.
En la mejor política el Papa de alguna manera nos dice esto. Hablamos ahora
en el número 197. Yo lo titularía así ‘servirme a mí mismo o servir al pueblo’. El
texto dice: “Visto de esta manera, la política es más noble que la apariencia,
que el marketing, que distintas formas de maquillaje mediático. Todo eso lo
único que logra sembrar es división, enemistad y un escepticismo desolador
incapaz de apelar a un proyecto común. Pensando en el futuro, algunos días las
preguntas tienen que ser: ¿para qué?, ¿hacia dónde estoy apuntando
realmente? porque después de unos años reflexionando sobre el propio pasado
la pregunta no será ¿cuántos me aprobaron?, ¿cuántos me votaron?, ¿cuántos
tuvieron una imagen positiva de mí? las preguntas, quizás dolorosas serán:
¿cuánto amor puse en mi trabajo?, ¿en que hice avanzar al pueblo?, ¿qué
marca dejé en la vida de la sociedad?, ¿qué lazos reales construí?, ¿qué fuerzas
positivas desate?, ¿cuánta paz social sembré?, ¿que provoque en el lugar que
se me encomendó?”
¿Servirme a mí mismo o servir al pueblo? De alguna manera tenemos siempre
la referencia de Jesús, ¿no? “yo no he venido a ser servido sino a servir y dar mi
vida para rescate de todos” dice el Señor. Esta carta encíclica tiene una onda de
inspiración cristiana en el mensaje de Jesús también y también ésta encíclica
que invito a leer nos interpela a todos y nos desafía a ser mejores hombres,
mejores mujeres para el bien de nuestra patria y de nuestro pueblo.
Fuente: https://www.factorfrancisco.org/



