LITA BOITANO, CONTAGIABA ALEGRÍA A PESAR DEL DOLOR
Foto: Julián Athos Caggiano/ Espacio Memoria
La presidenta de Familiares de Desaparecidos y Detenidos por Razones Políticas, tenía 92 años. Era la madre de Miguel y Adriana, desaparecidos por el terrorismo de Estado. Militante peronista y feminista, y pionera en la recopilación de las primeras denuncias en 1976.
Junio 6, 2024
Poco antes de cumplir sus 93 años, falleció la querida Angela ‘Lita’ Paolín de Boitano, histórica dirigente de Familiares de Desaparecidos y Detenidos por Razones Políticas y una luchadora incansable por los derechos humanos y por la Memoria, la Verdad y la Justicia.
Lita pasó más de la mitad de su vida buscando a su hijo y a su hija, desaparecidos durante la última dictadura. Ambos se habían criado en una casa peronista y desde chicos habían comenzado a militar.
Miguel Ángel tenía 20 años. Era estudiante de Arquitectura en la UBA e integrante de la Juventud Universitaria Peronista (JUP). Fue secuestrado el 29 de mayo de 1976, apenas dos meses después del golpe cívico – militar, y fue visto por sobrevivientes en el centro clandestino de detención de la ESMA. Adriana, de 24 años, era estudiante de la carrera de Letras e integrante de la JUP. Fue secuestrada casi un año después, el 24 de abril de 1977 y nunca más se supo de ella.
“El 28 de mayo toma su té, estaba muy resfriado y se va a la casa de la novia. Es la última vez que lo vi”, recordó con detalle sobre su hijo Miguel Ángel al declarar como testigo en el tercer tramo de la megacausa ESMA . Al día siguiente, el llamado de la esposa de su compañero Roberto Aravena la puso en alerta. Ambos habían salido juntos de la casa de los padres de Roberto y no habían regresado. Habían sido secuestrados en las cercanías de la Panamericana.
A partir de su desaparición, Lita comenzó a buscarlo por todos lados: recurrió a un primo que tenía un alto rango en la Armada y, como tantas Madres y Abuelas, visitó todo tipo de instituciones y personajes nefastos, como monseñor Emilio Graselli, quien era secretario privado del vicario castrense Adolfo Tortolo, y tenía dos cuadernos, uno con los nombres de las personas ya asesinadas y otro con quienes permanecían con vida en los centro clandestinos de detención. “¿En qué libro estará su hijo?”, recordó Lita que le preguntó el sacerdote.
Familiares de Desaparecidos y Detenidos por Razones Políticas nació al poco tiempo, en septiembre de 1976, reuniendo a quienes buscaban a los primeros desaparecidos y desaparecidas, constituyéndose como uno de los principales receptores de denuncias. Lita se unió en enero de 1977, cuando fue a una reunión del organismo, que funcionaba en la sede de la Liga Argentina por los Derechos Humanos, y presentó el primer habeas corpus por su hijo. “Con el habeas corpus hecho no sólo me sentí contenida sino que me di cuenta de que lo que me estaba pasando le sucedía a muchos otros”, contó en una entrevista a la Revista Haroldo.
Su hija mayor había regresado de un breve exilio en Brasil y se había reincorporado a su militancia a pesar del terror y la persecución, que no se detendría. El 24 de abril era domingo y Lita había ido a misa temprano y a las 10 la acompañó a una cita clandestina con alguien de su organización luego de dos encuentros a los que no había ido nadie. Esa mañana, en pleno barrio de Caballito, fue secuestrada a la vista de todos, incluída la propia Lita.






