La Política es el arte de lo posible
Jorge Benedetti
(O cuando lo mejor puede ser el camino hacia lo peor)
Por Jorge Benedetti
Julio 13, 2021
Nosotros aprendimos que la política era el arte de lo posible, aunque muchas veces nos subleva que lo posible sea un largo camino para alcanzar lo deseable, en particular cuando nuestro pueblo en su historia, ha acariciado la grandeza y saboreado la gloria.
Si bien las circunstancias – y fundamentalmente los personajes – son distintos, a veces encontrar analogías con otros momentos de nuestro pasado puede ser útil como método de aproximación y ayuda para comprender una realidad.
En 1973, después de penurias, sufrimientos, ingratitudes y dolores, el pueblo argentino, logró el objetivo por el que luchó 18 años: El retorno del Gral. Perón a la Patria y al poder, para muchos parecía que la historia cambiaba definitivamente, pero la situación internacional y el repliegue táctico de los grupos ya concentrados de la economía, estaban al acecho. Además, desde el campo propio y desde el campo enemigo, las fuerzas de la antipatria (y diversos actores conscientes o inconscientes) aprovechaban que muchos habían bajado la guardia.
La historia es conocida, unos desobedecían a la conducción estratégica planteando que “está lleno de gorilas el gobierno popular” y otros también lo hacían negándose a cumplir el objetivo del Gral. de concretar la unidad de la Juventud Peronista, aduciendo (real o erróneamente) que muchos de “los otros” eran recién llegados y poco conocedores de la doctrina. El Gral. Perón, si bien intentó hasta los últimos días de su vida concretar el apotegma de que la organización vence al tiempo y luchó para contener a todos los sectores, se encontró con que su salud no le dio tiempo para alcanzar este anhelo.
Isabel Perón asumió el gobierno con todo el dolor y la dignidad de haber sido designada para la transición por el propio Gral. Perón y – con sus limitaciones y virtudes – alcanzó logros nunca obtenidos en nuestra historia. Nacionalizó las bocas de expendio de combustible, lo mismo con los depósitos bancarios, declaró nulos los contratos de ENTEL con la ITT, Siemens, el negociado de la Ítalo, sancionó la ley del Sistema Nacional Integrado de Salud, lo mismo que la Ley de Contrato de Trabajo más avanzada de la tierra, convirtió a la Argentina en el primer país donde la presidente y su gabinete reafirmaron la soberanía antártica con la presencia y funcionamiento del gobierno en el continente austral, ordenó el bombardeo de la naves británicas de la Misión “Shackleton” y expulsó al embajador ingles del país. No solo no contrajo ningún empréstito, sino que anunció que durante el año 1976, sería cancelada toda la deuda externa, defendió la justicia social, la independencia económica y la soberanía política, entre muchos actos de gobierno. No era el Gral. Perón, pero en medio de ataques de múltiples sectores, la organización popular avanzaba.
En ese marco algunos se proclamaban como la “retaguardia estratégica” y se negaban a asumir el papel de responsabilidad de conducción que les podría haber correspondido, otros claramente se levantaban en armas contra el gobierno constitucional, como lo venían haciendo desde la elección del Gral. Perón en adelante.
Los resultado son conocidos, muchos pueden aducir “errores de juventud”, pero lo cierto es que el país fue asolado por la antipatria, provocando no solo la muerte de 30.000 compatriotas, sino la liquidación de las organizaciones sociales y políticas y la destrucción del tejido social de nuestro pueblo. En el mejor de los casos quedaba en claro aquello que el Gral. Perón repetía: “el camino del infierno está empedrado de buenas intenciones”, aunque sabemos claramente que los verdaderos responsables de estos “errores” no las tenían.
Insisto en que las situaciones y los actores son muy difíciles de comparar, pero en el 2015 sucedieron cosas análogas. Algunos le retacearon el apoyo a Scioli, por ser el candidato del kirchnerismo, manifestando que estos no eran la más fiel expresión del peronismo, mientras que otros afirmaban que “tenía que ganar por poquito” (inclusive algunos pensaban que era mejor que perdiera).
Los resultados están a la vista y los pagó todo el pueblo argentino, mayor destrucción del tejido social, más hambre, desocupación y un endeudamiento que nos coloca en una situación de dependencia por muchas décadas. El reclamo por lo mejor nos llevó claramente a lo peor.
Hoy algunos afirman que el gobierno no es lo mejor que los peronistas quisiéramos, manifestando que está sustentado por un triunvirato influenciado por ideas socialdemócratas, progresismo berreta y otras variantes no peronistas. Y la historia se repite, unos dicen que el kirchnerismo sigue gobernando y que este no es lo peronista que debiera, mientras que otros destacan que una parte del gobierno no es lo suficientemente “progresista”, o inclusive “revolucionaria”, para lo que los peronistas queremos y merecemos. Entonces “ortodoxos” y “progresistas” no solo condicionan el apoyo, sino que exponen sus críticas públicamente a dos meses de las elecciones.
Es cierto que hay medidas del gobierno que no nos conforman, desgraciadamente es más cierto que ninguno de los actores fundamentales hacen lo suficiente a favor de la organización popular y el desarrollo de la comunidad organizada, pero además de haber avanzado en muchos campos en las peores condiciones, debemos preguntarnos si desde enfrente tenemos otra solución. O en aras de algo superior queremos que vuelva el ultraliberalismo. Es decir, trabajamos para mejorar las cosas desde adentro, construyendo la comunidad organizada y la organización popular o por el contrario pretendemos que retorne el vaciamiento, la desocupación, la destrucción del tejido productivo y la entrega del patrimonio nacional, perdiendo todo lo que efectivamente recuperamos.
Muchos dicen que por los candidatos locales o provinciales, al final votarán al Frente de Todos tapándose la nariz. Afirmamos: con la nariz tapada o no, hay que militar la campaña para el triunfo de lo mejor que hoy es posible desde el campo popular, para lograr la mayoría parlamentaria que permita tomar al menos las medidas que se han propuesto y que la oposición política y judicial (con amplio apoyo mediático y de las corporaciones) han estado frenando.
En caso contrario una vez más lo mejor puede ser el camino hacia lo peor, que es la destrucción de la patria y la exclusión de las grandes mayorías populares.
Además no se pueden negar los avances que se han alcanzado en lo que hace a la defensa de nuestra soberanía, de una política internacional independiente, de la renegociación de la deuda, de los esfuerzos para una mejor redistribución de las riquezas, de la defensa del trabajo y la producción nacional y de múltiples medidas a favor de los trabadores formales y no formales.
A pelear desde adentro, a apoyar a los candidatos peronistas, que los hay, a impulsar a los débiles y dubitativos. La política es el arte de lo posible. Si Lula se alía a Fernando Enrique Cardozo o si el papa se junta con los tipos con los que se ve obligado a hacerlo, nosotros vamos a seguir lamentándonos y criticando a un gobierno débil, que no hace (por que no sabe, no puede o no quiere) lo que nuestro pueble merece, pero que, además de lograr un avance significativo en muchas cuestiones, es la UNICA alternativa de no llevar nuestra patria al desastre. Otra mejor aún no hemos podido construir y esto se hace persuadiendo a todos del valor de nuestra doctrina.
Hay que militar la campaña, hay que destacar los logros y convencer a los que dudan, hay que ganar las elecciones. Basta de quejarse.
No repitamos los trágicos errores del pasado.
PRIMERO LA PATRIA

