LA LIBERTAD DE CRISTINA

VisiónPaís/ mayo 5, 2026/ Sin categoría

Por Ricardo Aronskind

Abril 29, 2026

La expresidenta de la Nación Argentina, Cristina Fernández de Kirchner, está presa por razones políticas. Ricardo Aronskind sostiene que es un error impulsar una campaña por la libertad de Cristina alejada de las necesidades urgentes del pueblo y de espaldas a las formas políticas concretas que va a ir asumiendo su canalización en los próximos tiempos.

La expresidenta de la Nación Argentina, Cristina Fernández de Kirchner, está presa por razones políticas.

No hay demasiada discusión sobre esa realidad. Todo es irregular en el sistema judicial argentino, tanto por condenar a quienes no deben estar condenados, como por proteger con impunidad a quienes deberían ser sometidos a los castigos previstos por las leyes. La partidización del poder judicial es un hecho antidemocrático innegable, un dato imposible de soslayar si se habla de República.

Las acciones reformistas de su gobierno, y el importante grado de adhesión y apoyo popular que recibió, generaron un profundo encono en sectores influyentes de la sociedad local – elites económicas, sectores de la iglesia y de las capas medias acomodadas, los principales medios de comunicación -, y fueron mal vistas por los Estados Unidos y sus países europeos aliados.

Cristina Kirchner pasó a encarnar el “mal” para los sectores más reaccionarios de la sociedad, que supieron irradiar hacia otros sectores sociales su odio por las prácticas políticas, económicas y culturales del kirchnerismo. En el futuro, la estrategia de demonización comunicacional de la derecha local contra Cristina y el kirchnerismo será objeto de estudio como campaña prolongada –  y eficaz- de fidelización negativa de masas.

El régimen de dominación, que es el verdadero responsable de la prisión de Cristina, la puso presa con plena consciencia de lo que está haciendo, ya que la considera a ella, a su fuerza política, y a su incidencia política y cultural en la sociedad, como un estorbo para la completa dominación y subordinación social de la Argentina. Pero no es exclusivamente con ella el problema, sino con la mera posibilidad de que el progreso económico y social de la Argentina pueda ser encarnado por ella o por cualquier otro político o política que pretenda autonomizarse de los dictados autoritarios del capital.

Dado que el kirchnerismo hace ya unos cuantos años exhibe un nivel alto de desmovilización y de falta de presencia activa en el escenario público, cuesta pensar cómo se podría revertir la situación de desinformación o manipulación de la opinión pública para que pueda generarse una masa crítica de ciudadanos con capacidad de presionar con efectividad sobre el sistema político.

FUENTE: LA TECLA Ñ
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