La hora del veto machirulo

VisiónPaís/ mayo 31, 2018/ Sin categoría

El debilitamiento político del Gobierno –largamente informado en todas las encuestas- se reflejó por primera vez en lo institucional en una batalla legislativa perdida y en unión transitoria del peronismo. El veto le resultará mucho más caro al Presidente.

Por Eduardo Blaustein 

Ilustración: Marcel Caram

Los diarios (conservadores) del martes amanecieron medio mustios, tristes, con la mala noticia ya resuelta. Una cagada por la noticia en sí –porque sacude al macrismo y la santa gobernabilidad- y otra cagada por la falta de algún suspenso que mantuviera al lector electrizado. No fue así. Los diarios, que durante un mes hicieron todo tipo de ejercicios, rezos y aprietes apostando al éxito de las gestiones del Gobierno, amanecieron diciendo que el proyecto de ley anti tarifazo consensuado por la oposición saldría aprobado. Peor aún, el día anterior algún portal de noticias informaba que el muy anunciado veto presidencial ya estaba siendo redactado. Aunque la cosa fuera previsible, los titulares de tapa pintaban marchitos, como diciendo esta votación la gana el peronismo irresponsable y LPMQTP. O dicho por Joaquín Morales Solá en su columna: “la dirigencia política volvió a asomarse al vacío como quien se pasea por un lugar conocido”.

La batalla de la ley anti tarifazos casi que pintó más fiera para el oficialismo que el Combate de las Lebac, del que se zafó provisoriamente a un costo altísimo para la economía real. Antes de que sonara la chicharra en el Senado estuvimos un mes dándole vueltas a un largo prólogo inútil en el que los medios conservadores seudo filtraban revelaciones y negociaciones de última hora con una lista interminable de apellidos de gobernadores, senadores y políticos de provincia. Era llamativo porque –salvo la reiteración de apellidos como Pichetto y Urtubey- la lista de los conversadores aparecía demasiado cambiante. Cada 12 horas la esperanza se depositaba en un apellido distinto.

Un rasgo interesante del largo prólogo es que esos medios reiteraron hasta el cansancio   un ejercicio que puede llamarse de telepatía periodística. ¿A qué le llamamos telepatía periodística? A lo siguiente: durante la dictadura,  los medios, con enorme frecuencia, apenas si mediaban entre el discurso del Estado terrorista y la sociedad. Los célebres comunicados de la Junta, los partes de guerra con subversivos presuntos presuntamente abatidos en combate, las declaraciones más pedorras del último coronel del cuartel más alejado, eran reproducidos sin mediación alguna, copiados y pegados, entre comillas. Los colegas hacían lo que en la vieja jerga se llamaba “picar cables”. Es decir, agarrar el papelito doblado que salía de la cablera, meterle acentos, algún signo de puntuación, alguna pequeña corrección, y eso iba a imprenta.

En tiempos macristas,  lo que se hace no es picar cables sino reproducir el discurso de funcionarios que se supone discuten en relativo secreto, de modo semi directo, sin citar fuentes, como si cada periodista fuera un corresponsal destacado en el cerebro o en la psiquis de esos funcionarios. Telepatía. Ejemplos: “En el Gobierno dicen que los senadores peronistas les dicen una cosa y luego hacen otra”, “Macri les dijo a sus ministros que la ley implicaría un agujero fiscal impresionante”, “Urtubey dijo una cosa y después hizo otra”. No son los funcionarios hablándole directamente a la sociedad. Son los telépatas que los traducen. Esta práctica chanta se complementa con otra: hablan los funcionarios en una relación que ronda el 5×1, o el 10×1. Es decir: cinco a diez ejercicios telepáticos con argumentos macristas contra uno de la oposición. Pluralidad al palo.

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Fuente: Socompa.info
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