LA ESCUELA SUPERIOR PERONISTA – CURSO DE INTRODUCCIÓN A LA…
…CONDUCCIÓN POLÍTICA PERONISTA.
Por Antonio Rougier
Diciembre 16, 2022
PARTE II LA MÉDULA MISMA DE TODA LA PARTE DE LA CONDUCCIÓN.
6.- LA CONDUCCIÓN, PARTE TEÓRICA: EL CONDUCTOR, LA TEORÍA, LAS FORMAS DE EJECUCIÓN
II.- LA PERSONALIDAD DEL CONDUCTOR
6.1.9.- Los valores morales del conductor.
Seguimos compartiendo y recordando lo que decíamos sobre los valores morales, a los que Perón atribuye
tanta importancia en todos sus escritos. Particularmente insiste en el defecto del sectarismo, de cualquier
naturaleza, que impide la atención y preocupación “del conjunto”.
LOS VALORES MORALES corresponden a las acciones o comportamientos correctos o incorrectos, permiten
diferenciar el bien del mal, de lo que se debe y lo que no, lo justo de lo injusto; por ende, se puede decir que
los valores involucran nuestros sentimientos y emociones; como por ejemplo cuando amamos o valoramos el
amor aborrecemos el odio, o cuando estamos de acuerdo con la paz, no deberíamos estarlo con la guerra, y
cuando valoramos la libertad no somos partidarios de la esclavitud. Cada individuo debería identificar sus
valores, y al hacerlo se dará cuenta de lo que realmente es importante para él.
Los valores morales son aquellas virtudes personales que existen en cada persona, estos valores definen a
todo ser humano. Su esencia y su día a día van a depender de qué valores morales aplique en cada aspecto
de su vida.
La verdad, la responsabilidad, la tolerancia son algunos de los valores que cada humano tiene la libre opción
de añadir a su vida.
h.- El arte de convivir: el conductor nunca es autoritario ni intransigente.
El conductor político nunca es autoritario ni intransigente.
No hay cosa que sea más peligrosa para el político que la intransigencia, porque la política es, en medio de
todo, el arte de convivir, y, en consecuencia, la convivencia no se hace a base de intransigencia, sino de
transacciones.
En lo que uno debe ser intransigente, es en su objetivo fundamental y en el fondo de la doctrina que practica.
Pero debe ser alta y profundamente transigente en los medios de realizarla, para que todos, por su propio
camino, puedan recorrer el camino que les pertenece.
Ese proceder del conductor es lo que va haciendo paulatinamente su pedestal.
El conductor político nunca manda; cuando mucho aconseja; es lo más que se puede permitir.
Pero debe tener el método o el sistema necesario para que los demás hagan lo que él quiera, sin que tenga
que decirlo.
i.- El conductor es seguido y la base es la lealtad y la sinceridad a dos puntas.
Quien conduce en política de otra manera, choca siempre, y en política el choque es el principio de la
destrucción del poder.
Por eso, el conductor no sigue; es seguido, y para ser seguido hay que tener un procedimiento especial; no
puede ser el procedimiento de todos los días.
En este orden de cosas creo yo que la base es la lealtad y la sinceridad.
Nadie sigue al hombre o a la mujer a quien no cree leal, porque la lealtad, para que sea tal, debe serlo a dos
puntas: lealtad del que obedece y lealtad del que manda.
La sinceridad es el único medio de comunicación en política.
Las reservas mentales, los subterfugios y los engaños, se pueden emplear en política dos o tres veces, pero
a la cuarta no pasan.
¡Y para emplear la falta de sinceridad por dos o tres veces, mal negocio!
Es mejor no emplearla.
Empleando siempre la sinceridad, quizás algún día desagrada, pero en conjunto agradará siempre.
El engaño es un arma muy traicionera, en política y por otra parte, como dicen los italianos: “le bugie anno le
gambe corte” (la mentira tiene patas cortas).
En esa lealtad y sinceridad, el conductor debe tener grabado profundamente en su alma el amor al Pueblo y a
la Patria, porque ésa es la base para que él tenga en su alma un sentido perfecto de la justicia.
j.- El conductor debe tener encarnada la verdadera justicia de los hombres.
Entiendo que el conductor debe tener encarnada en sí mismo la verdadera justicia, la justicia humana, la
justicia de los hombres, con todos los defectos y virtudes.
Eso no debe conocerlo sino sentirlo, porque en sus manos está el discernir los honores y la dignidad a quien
le corresponda, porque, como decía Aristóteles: “La dignidad no está en los honores que se reciben, sino en
los honores que se merecen”.
De manera que el conductor debe comprender claramente que la justicia es la base de las buenas relaciones,
del respeto que por él tengan y de la aglutinación natural de la masa que conduce.
Sin ese sentido innato de la justicia, nadie puede conducir.
k.- El conductor debe enseñar con el propio ejemplo.
Si el conductor debe ser también un maestro, debe enseñar; y debe enseñar por el mejor camino, que es el
del ejemplo.
No delinquiendo él, no formará delincuentes. Porque en la conducción, de tal palo ha de salir tal astilla…
Es indudable que esa enseñanza es la más didáctica, pero la más difícil, porque hay que dominar el indio que
uno lleva dentro de sí.
l.- El conductor debe inspirar respeto por el respeto que él guarda a los demás.
De manera que es con eso que se inspira respeto también, que es otra de las condiciones que debe tener el
conductor: debe inspirar respeto por el respeto que él guarde a los demás, que es la mejor manera de ser
respetado.
Un respeto cariñoso, pero respeto.
Respeto en lo que el hombre y la mujer tiene de respetable; porque algunos respetan las formas: yo soy
partidario de respetar el fondo de las cosas y de los hombres.
ll.- La tarea fundamental del conductor es “hacerse seguir” porque dice la verdad y porque cumple.
El conductor no lleva a nadie. A él lo siguen; si no, no es conductor.
En la política, es una técnica total y absolutamente distinta de todos los demás tipos de conducción. El político
que quiere llevar a la gente… no llegará a su objetivo. Es como aquel que decía: “Le mando doscientos
votantes, pero devuélvame los bozales”.
¡Ese no puede ser conductor!
El conductor no debe llevar a nadie.
Él va adelante, y los que quieren, lo siguen.
Los que tienen que hacerse seguir a la fuerza no van lejos. En la política eso es fundamental. De manera que
la tarea fundamental del conductor político es hacerse seguir. Y uno se hace seguir por dos cosas, porque
dice la verdad que conviene a todos y porque la cumple honorable y estoicamente.
m.- El conductor debe luchar por una causa de todos y corregir el error en beneficio de esa causa.
Por esa razón, el conductor, que debe ser un luchador, no lucha nunca en forma personal.
Él lucha por una causa.
Por eso, cuando algo anda mal, él no se debe ofender personalmente. Él debe mirar desapasionada,
inteligentemente, cómo corregir el error en beneficio de la causa que persigue.
Cuando algunos políticos reaccionan violentamente y luchan entre sí, no están trabajando por la causa de
todos: están trabajando por la causa de ellos.
Porque nadie que conduzca debe olvidarse de que él es un luchador de una causa, no de su persona, y
cuando alguno de los correligionarios equivoca el camino, puede hacerlo con buenas o con malas
intenciones.
n.- Cuando los hombres o las mujeres se equivocan.
Si lo hace con buenas intenciones, lo llama, lo aconseja, y le dice: “Amigo, no es ése el camino; es éste”, sin
enojarse.
El conductor no se ha sentido, no se puede sentir ofendido personalmente porque el otro haya fallado en la
elección de los métodos que conducen al objetivo que él también persigue.
Y cuando lo hace con mala intención, lo llama y le dice: “Amigo, ¡qué lástima!, usted no es capaz para esa
función… Va a tener que dejar lo que tiene para dárselo a Fulano; y usted tendrá que incorporarse a la cola y
empezar de nuevo, a ver cómo lo hace otra vez. Yo estoy persuadido de que usted va a tener éxito al final”.
Le da un abrazo y no tiene por qué enojarse, porque no lo sanciona por haberlo perjudicado personalmente;
lo sanciona porque está haciendo mal a la causa de todos y para evitar males mayores lo saca.
ñ.- En política no hay que magnificar los hechos ni enojarse.
Yo he tenido casos de éstos que los he resuelto siempre de esta manera.
Se trataba de compañeros míos que andaban por ahí politiqueando: “Te has metido en esto; entonces te
quedarás aquí y en lugar tuyo pongo a Fulano allá, y esperá para ver cómo vendrá el futuro”.
Y me han comprendido.
En política no hay por qué enojarse, puesto que uno no persigue intereses personales.
Es más fácil decir estas cosas que hacerlas. No hay en esto por qué tomar las cosas a la tremenda; no
conduce a nada.
o.- EL MAL DEL SECTARISMO.
El conductor debe estar siempre lejos de la pasión pues sectariza.
Otra de las condiciones que el conductor debe tener es estar siempre lejos de la pasión.
La pasión es, generalmente, producto de un sectarismo. Cuando el hombre o la mujer que conduce toda la
política se sectariza, pierde la mitad de las armas que tiene para defenderse.
En segundo lugar, cuando obedece a su pasión, abandona la conducción de todos para dirigirse a un sector
que es el que lo apasiona.
Ese no es un conductor.
El conductor debe ser un hombre, una mujer fríos, sin pasiones, y si las tiene, ha de dominarlas y no dejarlas
ver nunca.
Esa es una cualidad muy peligrosa en la conducción.
Es necesario que el conductor vea el panorama, el conjunto sin sectarismo ni pasionismo.
Es necesario que mire con lente planar, que vea todo el panorama, que no se deje nunca atraer hacia una
parte de ese panorama haciéndole abandonar el conjunto, porque entonces conducirá a una pequeña parte,
abandonando la conducción del conjunto, que es lo que importa e interesa.
Por esa razón, el pasionismo, como el sectarismo, son fatales en política.
¿Por qué razón ha sucumbido el Partido Socialista? Por su sectarismo.
¿Por qué va a sucumbir el comunismo? Por su sectarismo.
¿Por qué va a sucumbir el nacionalismo? Por su sectarismo.
¿Qué es un sectario? Yo siempre combino esto y lo explico con cosas de mi oficio, que son las que más
conozco.
El sectarismo en el ejército.
En el ejército también puede haber sectarios. Hay algunos que no quieren más que la infantería; otros que no
quieren más que la artillería y creen que todo lo hace la artillería; otros, en cambio, no creen ni en la infantería
ni en la artillería y creen que la aviación es la que decide todo.
Esos son sectarios.
Elementos que se complementan.
¿Para qué se han construido y hecho las armas en el Ejército?
La lucha se empeña desde muy lejos, pero se va acercando.
Cuando estamos a doscientos kilómetros, tiran los aviones sus bombas; cuando nos hallamos a cuarenta,
tiran los cañones de largo alcance; cuando estamos a doce, empiezan a accionar los cañones de pequeño
alcance; cuando nos hallamos solamente a dos kilómetros, empiezan las ametralladoras; cuando estamos a
quinientos metros se utilizan los fusiles, y cuando las fuerzas se juntan, se emplean la bayoneta, el puñal y
todas las armas que uno tiene.
El sectario sería aquel que quisiera formar otro ejército con artillería solamente.
No podría pelear con su enemigo nada más que a cuarenta kilómetros de distancia.
Cuando se juntaran, ¿qué iba a hacer?
El sectarismo renuncia a emplear todos los medios de lucha.
En política, el sectario es algo similar.
La lucha debe tender a la universalidad en la utilización de los medios.
El sectario se va cortando las manos solo, mientras que el otro combate con todos los medios.
Eso lo arruina. Esa es su muerte.
Renuncia por sí a muchos medios de lucha, cuando en política hay que multiplicarlos para vencer. Es una
cosa simple y, sin embargo, muy olvidada. Es el pasionismo de los hombres y de las mujeres el que los lleva
a su sectarismo.
De manera que el conductor no puede ser nunca sectario si ambiciona el éxito y si tiene el deber del éxito.
p.- Bondad en el fondo y en la forma.
Otra de las condiciones del conductor es la bondad de fondo y de forma.
Hay conductores que son buenos en el fondo, pero que en su manera de ser son ásperos para tratar a la
gente. ¡Qué tontos: son buenos en el fondo y no lo demuestran! Hay otros que son malos en el fondo y
buenos en la forma. Pegan una puñalada con una sonrisa.
No puede ser conductor quien tenga esos defectos, porque lo descubren enseguida. En la primera puñalada
descubre que es un asesino, aunque lo haya hecho con toda dulzura.
Y a ése que es dulce, muchas veces la gente lo tolera más que al otro, que siendo bueno en el fondo se hace
odiar por su forma.
Conocí un jefe muy eminente que un día recibió a una señora que lo quería ver para que resolviese el
problema de su hijo. Él, por cumplir su deber, le dijo que no; pero después que se retiró la señora, se
lamentaba. Yo me decía: mejor que se hubiera lamentado allí, cuando atendió a la señora, y no después. El
hombre, la mujer es un ser tan complicado, que muchas veces no puede hacer nada completo por sus
propios defectos.
A veces el conductor es bueno en el fondo, pero debe serlo también en la forma. Sólo así se domina a los
hombres y a las mujeres, porque a los hombres y a las mujeres se los domina solamente por el corazón.
q.- El buen conductor no dice, hace y es siempre reflexivo y profundo.
Lo importante es que en la conducción no basta decir todo esto; hay que hacerlo. Y es más difícil hacerlo que
decirlo, porque uno debe dominar muchas veces los impulsos, y el impulsivo nunca fue ni será buen
conductor.
El buen conductor es siempre reflexivo y profundo.
El audaz e impulsivo no tiene las condiciones del conductor, porque tiene que manejar hombres y mujeres, y
no hay nada más difícil que manejar a los hombres y a las mujeres.
r.- Es necesario emplear toda la ciencia, todos los valores morales y toda la conciencia.
Es necesario emplear toda la ciencia, todos los valores morales y toda la conciencia que uno tiene para poder
manejarlos bien.
En este sentido, también el justicialismo sostiene que es más difícil hacer que decir. Lo que tenemos que
tratar es que en toda la acción de los conductores, en cualquier grado que ejerzan la conducción, no falten los
valores que hemos mencionado. El podrá ser quizá no tan capacitado ni tan preparado para conducir, pero si
carece de algunas de estas condiciones que hemos mencionado no podrá conducir.
Por eso dije al principio que puede conducirse sin valores intelectuales, pero no puede lograrse sin valores
morales, porque los valores intelectuales son los que conducen al conductor, y los valores morales son los
que conducen a la masa.
s.- Lo primordial son los valores morales.
Cada acto de la conducción le da ocasión al conductor de mostrar esos valores morales; lo que nunca
debe hacer es desperdiciarlos. Cada vez que tenga que mostrar valores intelectuales en la
conducción, ello tendrá la relativa importancia de salvar su prestigio; pero que deba mostrar valores
morales, ello tiene el inmenso valor del ejemplo.
Por esa razón yo sostengo que si en toda clase de conducción es importante poseer los valores
morales, en la conducción política es indispensable. Quien no posee esos valores morales es inútil
que ensaye conducir; lo hará siempre mal.

