La Escuela Superior Peronista – Curso de introducción a la Conducción…

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…Política Peronista.

Por Antonio Rougier

Noviembre 25, 2022

PARTE II
LA MÉDULA MISMA DE TODA LA PARTE DE LA CONDUCCIÓN.

6.- LA CONDUCCIÓN, PARTE TEÓRICA:
EL CONDUCTOR, LA TEORÍA, LAS FORMAS DE EJECUCIÓN

Introducción:

Seguimos compartiendo este excepcional capítulo o bolilla sexta de Conducción Política para
que recordemos las cualidades y calidades indispensables que nos pide Perón para
aproximarnos a “la conducción” política. Qué debemos ser y qué debemos hacer para conducir.
Para ello sigue insistiendo en que la característica esencial del o de la que conduce es su
condición de “artista” en oposición al “técnico”. Nos recuerda que la cualidad fundamental del
artista es “la creación” y que para poder realizarla necesita forjar su propio instrumento (preparar
a la parte del pueblo con el que quiere trabajar). Porque la conducción es una tarea compleja
que no hay que confundir con “el caudillo” ya que la responsabilidad del conductor o conductora
es sumamente importante en el destino del pueblo.

C.- CUALIDADES Y CALIDADES INDISPENSABLES DEL CONDUCTOR

6.1.6.- Qué debe ser y hacer para conducir.
Diremos al pasar algunas de las cualidades que yo creo son indispensables en el conductor.

a.- El conductor debe ser artista no técnico.
Empecemos por establecer que el conductor es un artista; no un técnico. Vale decir, que él no elabora nada mecánicamente, que la conducción es producto de su creación. De lo contrario, no va a tener nada que agradecer a su acción de conductor.
En este sentido un perito en ciencias políticas y sociales no presupone, en manera alguna, un conductor, como tampoco un conductor necesita ser un perito en ciencias políticas y sociales. Uno es un técnico; el otro es un artista. Para hacer una “Piedad”, de Miguel Ángel, o una “Cena”, de Leonardo, o un Chacabuco, de San Martín –que he citado tantas veces– o un Wagram, de Napoleón, no intervino un técnico. Técnicos ha habido muchos, y al lado de Napoleón había también un técnico. Ahora, probablemente en Napoleón, cuando en Italia venció a los austríacos y piamonteses, no había un técnico –¡si era un hombre de veintiún años!–: había un artista, y él suplió toda la técnica como la suplió Miguel Ángel; y éste era un hombre que no tenía técnica, según sostienen los pintores. Pero él hizo las grandes obras. Otros, que han sido técnicos, no han hecho ninguna obra. Lo mismo pasa, más o menos, con todos.
No es la técnica, sino el arte lo que lleva a la producción de las obras maestras.

b.- Conducir es actuar y crear.
El arte tiene un sentido vital que no puede reemplazarse con la técnica. Por eso digo que no son en realidad los conocimientos ni la extraordinaria erudición lo que da la capacidad. Conducir es actuar, es crear. Lo único que la técnica enseña es un sistema, pero no enseña los medios de realizarlo. Eso está en cada individuo, o no está. Por eso digo que no presupone un perito en ciencias políticas y sociales un buen conductor político. Tenemos tantos formados por nuestras facultades y, sin embargo, no he visto ninguno que se haya destacado en el orden de la conducción política.

La conducción política necesita, para triunfar, en este orden de cosas y en primer término, un conductor. Pero un conductor en la política no ha de ser sólo eso; tiene que ser un maestro, porque su acción no es solamente conducir, sino que es, primeramente, enseñar; luego formar; organizar después, y por último, recién conducir.

c.- Lo primero, forjar el propio instrumento.
Porque el instrumento de trabajo de él es tan heterogéneo e inmenso, que lo primero que tiene que hacer es formar su instrumento. De lo contrario, ¡cómo va a trabajar!
Él podría suplir, en algunos casos, con la acción, la falta de instrumento, del mismo modo que alguno podrá modelar a dedo o pintar con el dedo. Pero no puede ser éste el sistema permanente, porque no llegará a producir obras de arte acabadas, como deben ser las que produce la conducción.

d.- Complejidad de las funciones del conductor.
Por esa razón él debe ser también el conductor de pueblos; tiene que ser, además de un hombre o una mujer que conduzca, un hombre o una mujer que sepa enseñar, que sepa formar al pueblo, que sepa organizarlo y que sepa, finalmente, conducirlo.

e.- Tiene que ser conductor, no caudillo. Muy pocos han sido los conductores argentinos.
Por eso creo que los conductores de la política, en la Argentina, han sido muy pocos. ¿Por qué pienso así? Porque hemos llegado hasta esta altura y vemos que el pueblo argentino no está todavía ni formado, ni instruido, ni organizado para posibilitar esa conducción. Nosotros hemos tenido caudillos; no hemos tenido conductores. Si hubiéramos tenido conductores, el pueblo ya estaría educado, formado, organizado, y sería fácil conducirlo.

Por eso no lo podemos conducir ahora con un sentido técnico. Somos capaces de hacer una diablura o una acción popular, pero no somos capaces de construir una obra perfecta a través de los años.

Luchadores de montonera.
Es decir, somos luchadores de montonera; no somos luchadores constructivos de una organización permanente. Por eso tenemos todavía el sentido gregario y no el sentido técnico de la conducción. ¿Para qué es ese sentido técnico? Para dar continuidad a las obras y a la existencia misma de la organización y de la conducción dentro del país. Sin esa educación el pueblo no irá muy lejos; cambiará de caudillos, pero no hará nada permanente.

Si los hombres y mujeres de la conducción no fueran capaces de organizar una acción permanente dentro del pueblo, no serían conductores; serían caudillos.

Diferencias entre conductores y caudillos.
La diferencia que existe entre el caudillo y el conductor es natural. El primero hace cosas circunstanciales y el segundo realiza cosas permanentes. El caudillo explota la desorganización y el conductor aprovecha la organización. El caudillo no educa, más bien pervierte; el conductor educa, enseña y forma. Es decir, son maneras diametralmente opuestas en la acción política, en mi concepto.

Si un conductor, después de haber manejado un pueblo, no deja nada permanente, no ha sido un conductor: ha sido un caudillo. Esa es la diferencia que yo establezco; no sé si estaré equivocado. Lo que sí puedo decir es que los partidos políticos triunfan o son destruidos por sus conductores.

f.- El conductor, la causa y la fuerza.
Cuando un partido político se viene abajo, no es el partido político quien tiene la culpa, sino el conductor; en el último análisis, el culpable es siempre el conductor.
Algún error habrá cometido, o quizá muchos errores, ya que salvar al partido es su función, porque es su causa. Pero el conductor, cuando sucumbe su causa, también sucumbe él; y generalmente, la fuerza que lo acompaña con él, sistemáticamente.

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