LA ESCUELA SUPERIOR PERONISTA – CURSO DE INTRODUCCIÓN A LA
…CONDUCCIÓN POLÍTICA PERONISTA.
Por Antonio Rougier
Enero 6, 2023
PARTE II LA MÉDULA MISMA DE TODA LA PARTE DE LA CONDUCCIÓN.
6.- LA CONDUCCIÓN, PARTE TEÓRICA: EL CONDUCTOR, LA TEORÍA, LAS
FORMAS DE EJECUCIÓN
6.2.- LA TEORÍA: PARTE INERTE DEL ARTE DE LA CONDUCCIÓN. SUS GRANDES
PRINCIPIOS:
NOTA: Siempre con la idea de contribuir a la mejor comprensión de este
extraordinario legado de Perón, advertimos que, analizando esta “bolilla” o
capítulo 6, hemos visto hasta ahora lo que Perón llama “la parte vital de la
conducción” o sea el conductor: sus cualidades y calidades, sus valores
morales e intelectuales.
A partir de ahora, Perón empieza a considerar lo que llama “la parte inerte de
la conducción”. Vale decir, la teoría, expresada en “los principios” de la
conducción. Pero, como ha hecho en casi todos los capítulos, hace una
“introducción” al tema en lo que hemos puesto como título: “aclaraciones,
previas a los principios de la conducción” referidas a: la teoría y el arte, la
teoría y la acción, la teoría y el conductor, la teoría y los principios. Hoy las
ponemos a su consideración, excepto la última (la teoría y los principios) que
la dejamos como introducción al análisis de cada uno de ellos.
A.- ACLARACIONES, PREVIAS A LOS PRINCIPIOS DE LA CONDUCCIÓN: LA TEORÍA Y
EL ARTE.
Estos principios forman algo así como el fondo mismo de la concepción de la
conducción.
Recapitulación.
En las clases anteriores tratamos el programa hasta llegar a la conducción, parte teórica, es
decir, elementos de la conducción, características de la conducción moderna, la doctrina en la
teoría, la forma de la ejecución, el método en la conducción, los organismos de la conducción;
y habíamos comenzado a tratar ya la parte de la conducción misma en su aspecto teórico.
En la última clase hablé sobre el conductor, vale decir, sobre la parte vital de la conducción, y
dije que, en mi concepto, la gran tarea que había que hacer en esta actividad era distinguir
claramente y enumerar los elementos que componen la parte vital del arte, que es el artista, el
conductor, y la parte inerte del arte, o sea la teoría.
a.- Necesidad de una teoría.
Es indudable que todas las actividades tienen su teoría, según sea el método con que se
encaran, se estudian y se resuelven.
Nada hay en la vida que no se pueda condensar en una teoría. La teoría es el producto del
análisis.
Cualquier acción que se desarrolle en la vida puede ser sistematizada con todas las demás
actividades que se realicen paralelamente, formando verdaderas series de asuntos.
Eso, que ha constituido inicialmente el verdadero estudio filosófico de los hechos de la vida,
también comprende los estudios que se refieren al arte de la conducción.
b.- El arte de la conducción ha nacido conduciendo.
El arte de la conducción es eminentemente empírico, es decir, que no se ha podido conformar
una teoría previa para el arte de la conducción, como no se ha podido conformar una teoría
previa para ninguna de las demás.
La pintura comenzó pintando, no comenzó con una teoría sobre la pintura.
Y lo mismo ocurrió con la escultura, las letras, etcétera, lo cual equivale a decir que el arte de
la conducción ha nacido conduciendo.
c.- Lo primero es la parte vital del arte.
Por eso, lo lógico es colocar en primer término a la parte vital del arte, porque el artista es el
que ha comenzado; y por eso también nosotros damos preeminencia en el arte de la
conducción al conductor.
Éste, constituyendo la parte vital del arte, es quien pone al servicio de esa actividad su propia
personalidad, personalidad que reúne las condiciones de todo orden que se necesitan para
una realización acabada de la obra que él quiere confeccionar mediante su trabajo, su
actividad, su entusiasmo, su alma y su inteligencia.
d.- Cómo se ha formado una teoría de la conducción.
Es indudable, sin embargo, que a medida que los hechos han ido repitiéndose en la
conducción, ha podido ir conformándose toda una teoría del arte.
Es decir, que la enseñanza dejada por todos los conductores de la historia, sean éstos
conductores políticos, religiosos o militares, ha sido útil.
Es de allí de donde vamos a extraer toda una teoría, teoría que comprenda lo que nosotros ya
hemos comenzado por establecer al mencionar la conducción como una actividad creadora,
como una actividad artística y no científica ni laboral ni de ningún otro orden.
e.- Enunciación y aplicación de los principios. Los principios son el fondo mismo de la
concepción de la conducción.
Es así que en esa teoría, al ocuparse de estudiar científicamente su desarrollo, surge, como
primera observación, que hay un sinnúmero de principios cuya enunciación no interesa tanto
como su aplicación; pero en la sistematización de ese estudio hay que llegar a considerar un
sinnúmero de principios que se aplican invariablemente en toda la conducción política.
Es a esos principios a los que nos hemos de referir, en primer término, como formando parte
de la teoría del arte.
Esos principios forman algo así como el fondo mismo de la concepción de la conducción.
B.- ACLARACIONES, PREVIAS A LOS PRINCIPIOS DE LA CONDUCCIÓN: LA TEORÍA Y
LA ACCIÓN.
a.- Método de acción y de concepción.
Es indudable que además de esos principios que conforman el andamiaje sobre el cual se
sostiene la teoría de la conducción, existen también otros aspectos que obedecen, no a la
concepción misma, sino al método de la ejecución, porque la teoría debe conformar un
método de acción, además de un método de concepción, porque, por tratarse de una
actividad creadora, de una actividad artística, el conductor no ha de conformarse sólo con una
maravillosa concepción.
b.- El conductor, hombre o mujer de acción. Las grandes acciones deben seguir a las
grandes concepciones.
Un plan perfectamente bien elaborado no tiene ningún valor como no sea aplicado. Por eso yo
he dicho muchas veces que en la conducción, la obra de arte no está en elaborar un
magnífico plan; la obra de arte consiste en realizarlo, porque no se concibe el conductor como
un hombre o mujer de gran concepción; el conductor se concibe como un gran hombre o
mujer de acción.
Esto es lo primero que hay que tener en cuenta cuando uno se dedica a estudiar la teoría del
arte, porque estudiar la teoría significa hablar de las grandes concepciones, pero si olvidamos
que a esas grandes concepciones han de seguir las grandes acciones, no estudiaremos
conducción, estudiaremos zonceras alrededor de la conducción que no conducen a nada.
c.- Una aclaración indispensable: lo único fundamental es ejecutar.
Por esa razón, antes de iniciar las consideraciones sobre los principios de la conducción,
como así también sobre las formas y los medios de ejecución, hago esta aclaración previa
indispensable: de nada vale la teoría del arte si no está el conductor, y de nada vale el
conductor que se reduce a concebir.
Lo único fundamental es ejecutar. Por eso es conducción; no es concepción.
Hay que llegar, y para llegar hay que andar, hay que conducir.
Esa es la tarea fundamental.
Caminar no es conducir los movimientos sino poner las piernas en acción.
Conducir no es concebir la marcha, sino realizarla.
d.- La conducción, la creación y la concepción.
Dijimos que la conducción, por ser una actividad artística, presupone, en primer término, una
creación.
Las creaciones, si son racionales, están siempre afirmadas en una concepción, es decir, que
al servir a la acción comienza por concebir la acción.
Eso, indudablemente, es previo; si no, el realizar una obra de cualquier naturaleza
impensadamente no conduce al raciocinio, que también es una de las bases en que se afirma
la teoría del arte.
e.- Los principios y las formas de ejecución.
Aprender los principios no presupone, tampoco, conducir; presupone conducir el aplicarlos en
los hechos mismos.
Vale decir que no se puede deslindar en forma absoluta el campo de los principios con el de la
aplicación; no se puede aislarlo.
Yo no puedo decirles: “los principios son tales y las formas de ejecución son cuales”.
Yo tengo que decirles que hay principios y formas de ejecución.
¿Cuál es la línea divisoria? ¡No la hay! Es un esfumaje donde se mezcla una actividad con la
otra, en forma que yo no puedo, rígidamente, dividir una cosa de la otra.
En algún momento se triunfa solamente con buenas formas de ejecución.
En otros casos se prescinde de la forma de ejecución y se triunfa aplicando los principios.
¿Cuándo hay que aplicar los principios? Siempre.
¿Cuándo hay que aplicar las formas rígidas de ejecución? Algunas veces.
¿Cuándo hay que cambiar las formas? Eso yo no lo puedo decir, porque hay que cambiarlas
en infinito número de casos.
De manera que lo que yo no puedo enseñar es la aplicación de esto.
C.- ACLARACIONES, PREVIAS A LOS PRINCIPIOS DE LA CONDUCCIÓN: LA TEORÍA Y
EL CONDUCTOR.
a.- Los principios se dirigen al subconsciente.
Hay que asimilar los principios, discernirlos y digerirlos. Van más bien dirigidos, en un
conductor, casi a la subconciencia; él debe asimilarlos de manera tal, que los aplique sin
necesidad de mencionarlos, sin necesidad hasta de recordarlos.
Es una técnica que radica casi siempre en el subconsciente del hombre o de la mujer de
acción.
El no comete un error, no porque recuerde que no debe cometerlo, sino porque hay algo en su
espíritu mismo que hace que le repugne el error, porque él ha hecho una gimnasia que lo ha
conducido a un camino, y cuando no está en el camino es como el ciego que tiene la
sensación de que no se halla en el camino y tantea buscándolo.
Hay algo así en todo esto de la conducción; algo verdaderamente inexplicable, como
inexplicables son algunos fenómenos que radican en la conciencia y en la subconciencia de
los hombres y de las mujeres.
b.- La sensación intuitiva.
En esto hay mucho de esa sensación intuitiva, natural, que se crea por el ejercicio.
Por eso la conducción es un arte todo de ejecución, decía Napoleón. Es un arte simple, pero
todo de ejecución. Es decir, es simple porque no hay nada forzado que uno tenga que
recordar, que uno tenga que grabar, que cotejar.
No es un cálculo de probabilidades, no es un cálculo actuarial, no.
Es un cálculo realizado por un fenómeno interno cuya explicación es muy difícil, porque son
muy difíciles los campos que actúan, y muy indeterminados en su actuación.
c.- Comprensión de la conducción: a conducir no se enseña.
Ese es el proceso que se produce dentro de uno.
Lo que hay que capacitar es la mente y el espíritu, para que ciertas formas repugnen al
espíritu de manera natural, porque si uno tiene que discernirlas mediante el proceso de
inteligencia llega tarde, y paga caro.
Es decir, es la experiencia. En esto hay una mezcla de concepción, de estudio, una mezcla de
temor natural.
Es un proceso del alma y de la inteligencia, y es un proceso –diremos– de la experiencia, de
lo que uno conoce, de lo que uno ha estudiado, de lo que uno ha penetrado en la concepción
de cada uno de estos grandes principios de la conducción. Por eso he dicho ya que a
conducir no se enseña; es una cosa que no se aprende.
Lo que uno puede hacer, es comprender, lo cual ya es una base muy grande para aprender o
para realizar.
LA CONDUCCIÓN Y LOS CONDUCTORES.
d.- Tipos de conductores.
La conducción no se aprende, se comprende.
Por eso muchas veces vemos hombres y mujeres que durante toda su vida han conducido sin
saber una palabra de conducción, y han conducido bien, porque la han comprendido. Hay
otros que conducen durante toda su vida sin saber una palabra de conducción, y no dejan
error por cometer. Y también hay otros hombres y mujeres que, sin haber conducido nunca,
son capaces de penetrar rápidamente el problema, de comprenderlo y de ejecutar bien, sin
haber tenido ninguna experiencia.
e.- La antítesis de la rutina. Sometimiento del método al conductor.
Quiere decir que no es ni la experiencia ni la comprensión absoluta; no es tampoco el estudio
ni la preparación; es todo, es un conjunto de todo.
No es un método; no es el método el objetivo del proceso; no es el método de la inducción, no
es el método real, no es el método ideal.
No hay método.
Es otra cosa.
Los metódicos suelen equivocarse porque son unilaterales, en el fondo.
El método conduce al esquema, el esquema a la rutina; y la conducción es la antítesis del
esquema y de la rutina.
Pero se necesita método para la ejecución y también se necesita método para la concepción.
Pero, si uno se somete al método, fracasa; hay que someter el método a uno.
Hay que someter el método a la conducción.
f.- Lo vital y lo inerte: la teoría subordinada al hombre.
Hay que someter el método a la conducción.
Es decir, señores, en otras palabras, lo que yo quiero decirles finalmente como conclusión, es
que hay una parte vital del arte, que es el artista, y una inerte, que es la teoría del arte.
Es la teoría subordinada a ese hombre.
Y es ese hombre el que hace; ese hombre es el que lleva adelante todo cuanto hay en la
teoría.
Y debe conducir con éxito. ¡Con éxito!
La teoría no da recetas, no da posibilidades de actuar correctamente.
g.- El conductor, sobre la teoría; la ejecución, sobre la concepción.
Es el hombre o la mujer quienes dan la posibilidad de actuar correctamente. Por eso digo
siempre: el conductor está por sobre la teoría; y la ejecución está por sobre la concepción.
Ese es el punto de partida para apreciar qué vale la teoría del arte, cuál es el valor de la teoría
del arte.
Es un valor relativo.
Es un bastón que usa el que necesita bastón. Es un bastón…
Eso no es mío. Es de Napoleón. El nunca usó bastón: por eso podía decirlo…
h.- La conducción tal como se presenta en la vida.
Por esa razón, yo no he querido, al tratar estas clases, de aislar dentro de la teoría del arte,
solamente los principios.
He querido tratar esto, no en una forma ideal, como se presentaría al análisis profundo, sino
más bien como se presenta en la vida.
Que es también un método: tomar las cosas como se presentan en la vida sin estos principios,
sin formas de ejecución. Sin métodos o sin creaciones nuevas.
Lo que quiero es presentar la conducción como la conducción se presenta en la vida. Cada
uno, después, puede hacer su propio análisis y su propio desarrollo.
A mí me basta con presentarla tal cual desfila delante de nosotros en la acción; y por eso, al
ordenar los principios y formas de ejecución, no he querido poner tales principios y tales
formas en ejecución.
Hay cosas que no resisten método.
Y la conducción es una de las cosas de la vida que no resisten método.
No resisten método… ¿Por qué?
Porque en la vida las cosas no se presentan metódicamente. No se puede sistematizar lo
insistematizable.
i.- La conducción no puede sistematizarse.
En la vida hay cosas que no se pueden sistematizar.
La conducción es una de ellas.
Y si yo la presentara en forma sistematizada, entonces cometería un grave error.
Porque en la vida no se presenta así la conducción.
La comprenderemos mejor y la trataremos mejor también.
Distinguir lo que es de forma de lo que es de fondo, eso está en el espíritu de cada uno.
Por eso trataré las formas de ejecución sistemáticamente, en conjunto con los grandes
principios de la ejecución.
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