LA ESCUELA SUPERIOR PERONISTA – CURSO DE INTRODUCCIÓN A LA…

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…CONDUCCIÓN POLÍTICA PERONISTA.

Por Antonio Rougier

Febrero 24, 2023

CURSO DE INTRODUCCIÓN A LA CONDUCCIÓN

PARTE II LA MÉDULA MISMA DE TODA LA PARTE DE LA CONDUCCIÓN.

6.- LA CONDUCCIÓN, PARTE TEÓRICA: EL CONDUCTOR, LA TEORÍA, LAS FORMAS DE
EJECUCIÓN

6.2.- LA TEORÍA: PARTE INERTE DEL ARTE DE LA CONDUCCIÓN. SUS GRANDES PRINCIPIOS.

Nota: Entramos en otro de los principios a los que Perón atribuye particular importancia, después de “la
economía de fuerzas”: la continuidad en el esfuerzo o del esfuerzo.
Quizá lo podemos sintetizar en estas frases que verá más adelante:
“Una mala idea desarrollada con continuidad puede producir un gran éxito; y una buena idea que no se
desarrolle con continuidad puede producir un gran fracaso.
“Vale decir que no es solamente suficiente establecer un plan, sino que ceñirse a ese plan durante
toda la realización es más fundamental que concebirlo”.
Recordamos nuevamente la definición de congruencia, pues Perón le atribuye particular importancia
en todo:
CONGRUENCIA. Definición:
La congruencia es la armonía y el balance que existe entre nuestros pensamientos, acciones y
emociones; donde nuestras acciones son un reflejo de nuestros pensamientos y emociones, con un
elemento importante adicional de conciencia.
Sinónimos: coherencia, conveniencia, relación, ilación, pertinencia, lógica, cohesión.
Antónimo: incongruencia.

6.2.5.- La continuidad en el esfuerzo.

CAPÍTULO VIII (de la edición 1974)
CONTINUIDAD EN EL ESFUERZO

A.- DEFINICIÓN, CONGRUENCIA Y PLAN DE ACCIÓN.

a.- Recapitulación.
En las últimas dos clases empezamos a tratar, dentro de la teoría de la conducción, algunas de las que
podríamos considerar las grandes orientaciones y los grandes principios de la conducción.
De eso tratamos con cierto detalle, aunque muy sintéticamente, lo que se refiere a la información, al
secreto, a la sorpresa dentro de la conducción, a la unidad de concepción, a la unidad de acción, a la
disciplina partidaria, a la obediencia, a la iniciativa.
En la última clase tratamos lo que se refiere, diremos así, al gran principio central de la conducción,
que es el de la economía de fuerzas, de que he hablado.

b.- La continuidad en el esfuerzo.
Hoy quiero seguir enumerando algunos de estos aspectos, y empezaré con el que sigue
inmediatamente al de la economía de fuerzas, y que en cierta manera forma parte de él, y es lo que
llamaríamos la continuidad en el esfuerzo.
Hay hombres, o personas, que en todos los actos de la vida están todos los días comenzando.

Es decir, que un día realizan una acción y al día siguiente ya se despiertan con otra idea e inician otra
cosa, haciendo lo que los locos, que empiezan a cada rato una cosa nueva y nunca se detienen en
una permanente.

c.- Continuidad en la acción y actuar sabiendo lo que se quiere.
Esto, que parecería algo sin mayor importancia, es, quizá, una de las cosas que tienen más
importancia en la conducción.
En la conducción puede uno hacer cualquier cosa, puede cometer cualquier error; pero hay algunas
cosas que son imprescindibles, en las cuales no puede cometerse error sin pagar muy caras las
consecuencias.
Una de ellas es la continuidad en la acción. Hay que obrar, hemos dicho ya en otra oportunidad,
sabiendo lo que uno quiere, primero. Parece una perogrullada, pero no lo es.
La mayor parte de los hombres y mujeres que actúan en la conducción, a menudo no saben lo que
quieren.

d.- Continuidad en el esfuerzo y congruencia en la acción.
Todos estos hechos o esas acciones presuponen asegurar una congruencia en la acción; es decir, no
estar empezando todos los días y cambiando de orientación o dirigiéndose en otra dirección distinta de
la que se marcha, sin fijar los grandes objetivos lejanos y dirigirse a ellos sorteando todos los
inconvenientes que se encuentren en el camino.
Después que uno ha tenido un incidente que lo ha desviado momentáneamente debe aclarar su
panorama y decir: “yo voy para allá”, y seguir esa línea.
Es lo que nosotros llamamos la continuidad en el esfuerzo.

e.- Plan de acción.
Creo yo que en la conducción es fundamental hacerse un plan de acción.
El plan de acción tiene, casualmente, la virtud, en primer término, de llevar al hombre y a la mujer a la
obligación de saber bien qué es lo que quiere, fijar sus objetivos; y en segundo lugar, perseverar en la
dirección de ese objetivo para alcanzarlo.

f.- No desviarse parcialmente en la realización del plan.
La continuidad de la acción, que es otro de los grandes principios, es no desviarse parcialmente, para
después encaminarse y seguir sobre su objetivo inicial.
Una mala idea desarrollada con continuidad puede producir un gran éxito; y una buena idea que no se
desarrolle con continuidad puede producir un gran fracaso.
Vale decir que no es solamente suficiente establecer un plan, sino que ceñirse a ese plan durante toda
la realización es más fundamental que concebirlo.
¿De qué puede valer un plan si uno lo abandona al primer incidente que se presenta sobre la marcha
de los objetivos de ese plan?
Por eso dije muchas veces desde estas clases que en esto de la conducción no está bien planearlo
solamente, sino que el arte está en realizarlo en todas sus partes.

B.- LAS DOS PARTES DEL PLAN: DE DETALLE Y GENERAL.

a.- Plan general y plan de detalle.
¿En qué consiste la continuidad de la acción en la realización de un plan cualquiera?
El plan general consta de dos partes: una de detalle y una general.
Es decir, cuando uno se lanza a una acción planificada, puede llegar con la previsión racional hasta un
cierto punto con todo detalle.
Pero en ese momento en que se empeña una lucha cuya continuación depende de la posición que
surja de ella, ya no se puede planificar en detalle.
Un ejemplo aclarará bien esto: nosotros tenemos que realizar una acción política dentro del plan
establecido desde ahora hasta la terminación del Segundo Plan Quinquenal.
Es decir, nosotros decimos: vamos a hacer esta campaña política; vamos a vencer en las elecciones
de 1952 y vamos después, a realizar el Segundo Plan Quinquenal, que encierra todos los objetivos,
políticos, sociales y económicos.
SABEMOS EN LA DIRECCIÓN EN QUE VAMOS.

b.- Plan de detalle hasta el 24 de febrero.
Yo puedo establecer con detalle todo hasta el 24 de febrero de 1952, fecha en que se van a efectuar
las elecciones.
Más allá, ¿de qué me vale a mí prever en detalle si a lo mejor puedo perder la elección?
No hablo de esto con sentido político, sino con el sentido de la conducción.
Es sólo un ejemplo para poner en evidencia una acción.

De manera que yo puedo establecer un plan perfectamente bien hasta el día 24 de febrero de 1952.
Más allá solamente puedo tender grandes líneas, porque quién sabe cómo variará la situación.
No solamente se puede perder la elección; pueden producirse antes de la elección disturbios, o bien
una revolución; puede declararse la guerra…
Desde ese momento, según como ganemos la elección, según sea la situación que reste, según sea la
situación internacional y según otros factores que podrían producirse, se verá lo que hay que hacer.

c.- Después, sólo las grandes previsiones.
¿De qué valdría, señores, prever todo ahora, si después no lo vamos a poder realizar porque la
situación ha cambiado?
Nosotros sabemos que hasta el 24 de febrero no va a cambiar la situación. Pero ésta puede variar.
Entonces, prevemos hasta allí; más allá de eso solamente tiramos grandes líneas, como el gran hilo de
Ariadna, como una estrella polar cuando se navega con grandes rumbos.
Sabemos la dirección en que vamos, pero no sabemos el camino, ni sabemos cómo vamos a sortearlo
porque no podemos prever con tanta anticipación.

d.- Caso práctico de continuidad de acción.
Para el establecimiento de un plan de esa naturaleza, sólo se puede fijar en detalle hasta donde sea
previsible como una línea de acción general.
La continuidad de la acción está en establecerse: de aquí hasta el 24 de febrero, como ejemplo, vamos
a marchar hasta tal objetivo, pero si durante ese tiempo nos desvían y nos sacan en otra dirección, no
nos vamos a quedar allí permanentemente para resolver esa situación solamente; resolvemos la nueva
situación rápidamente, volvemos al camino e insistimos otra vez sobre el mismo objetivo.
Ése es el concepto de continuidad de acción.

e.- La perseverancia en la acción.
Vale decir, no es estar siempre accionando, como algunos pueden creer.
No; la continuidad de acción es accionar siempre hacia el objetivo, como las agujas de una brújula, que
pasan frente a una masa magnética, se desvían, pero tan pronto no sientan la influencia de la masa,
vuelven a marcar otra vez el Norte.
Es decir, ante cualquier influencia que lo saque a uno de la idea primitiva, una vez que desaparece se
vuelve a la idea primitiva, para asegurar así la continuidad en la acción inicial.
Esa perseverancia en la acción es uno de los grandes principios de la conducción, para evitar que uno
sea desviado del objetivo y abandone el objetivo fundamental, que es el trazado, para desgastarse en
un objetivo secundario, perdiendo la vista del conjunto y perdiendo también la marcha original del
propio plan.

f.- La conducción necesita comprensión antes que de memoria.
Yo quiero dar solamente el concepto de esto.
No olviden que siempre he dicho que la conducción no se aprende, sino que se comprende.
De manera que mi clase no está nunca dirigida a que ustedes recuerden, sino a que ustedes penetren
los pensamientos que sustentan toda la teoría de la conducción.
No va dirigida a la memoria, sino a la comprensión de cada uno; con que lo comprendan es suficiente,
porque si lo quieren aprender no lo aprenderán jamás.
Uno comprende los grandes principios, después los practica sin acordarse siquiera de ellos.
Este es el ejercicio permanente que hay que realizar.
Pero estos grandes principios son, diremos así, el esqueleto de toda la conducción.
Quien posee el esqueleto puede ir formando lo demás durante el ejercicio; pero eso que sustenta toda
la armazón de la teoría de la conducción es lo que cada uno necesita armar.
Ya les digo: comprender, penetrar.
Cuanto más se comprenda mejor será la aplicación de estos grandes principios.

C.- EL PLAN HAY QUE CUMPLIRLO.

a.- El plan hay que cumplirlo.
Esta continuidad en el esfuerzo, vale decir, la perseverancia en la acción racional, es decir, el
cumplimiento de un plan que establece el camino entre la situación y el objetivo que hay que lograr,
permite esa marcha entre la situación actual, que es el punto de partida, y el objetivo, que es el punto
de llegada.
En la marcha más o menos accidentada según sean los hechos que se produzcan durante ella, la
continuidad asegura que uno, partiendo del punto base o inicial del plan, pueda alcanzar el objetivo en
más o menos tiempo, en peores o mejores condiciones, con más o menos lucha en el camino; pero
llega, tarde o temprano, al objetivo que persigue.

Eso es la continuidad en el esfuerzo, eso es lo que hay que trazarse como una cosa inviolable de la
conducción. Sin eso, no se va lejos nunca en la conducción.
No hay que proceder como esos que hacen un plan y al día siguiente hacen otro, y después otro.
No; malo o bueno, el plan hay que cumplirlo.

b.- No hay obra de arte en las concepciones: la obra de arte está en las realizaciones.
Esa es la obra de arte, hemos dicho.
La concepción es solamente una concepción.
No hay obra de arte en las concepciones.
La obra de arte está siempre en las realizaciones.
Las artes no son, diremos, cuestiones de concepto solamente; son cosas de acción, y en esto de la
conducción lo más importante es accionar.
Accionar racionalmente con la concepción de todos los grandes principios.
Accionar siempre.
Y cuando uno ya no tiene a quien recurrir para lo racional, accionar aunque sea irracionalmente con las
fuerzas espirituales.

c.- Saberse jugar todo a una carta.
Hablando de estas cosas ha dicho uno de los más grandes conductores –por lo menos teóricos–,
Clausewitz, que cuando el hombre o la mujer están desesperados y no tienen ninguna solución
racional frente a sí, todavía les queda el último recurso de las fuerzas espirituales, y es saber morir
gloriosamente.
Ese es, sin duda alguna, el punto máximo de la conducción en ese sentido, es decir, saberse jugar
todo a una carta y que sea después lo que Dios quiera.
El hombre o la mujer que están animados del sagrado fuego de la conducción, muchas veces tendrán
necesidad de recurrir a eso.
Cuando la desesperación no le deja otro camino, él toma una acción viril para saber cumplir el último
principio.

Para ampliar:
https://www.escuelasuperiorperonista.com/doc/1.0.CONDUCCIONTEMATICO.pdf
https://www.escuelasuperiorperonista.com/

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