La Belleza de los Monstruos

VisiónPaís/ julio 18, 2019/ Sin categoría

Por Alejadro Ippolito

«…para ser ‘normales’ debe nacer una Argentina en la que «haya despidos sin que existan paros o marchas».

José Luis Espert

Se comprende que ante la deformación de las verdades impere el eufemismo. Algunas
expresiones vertidas por quienes tienen el poder desde siempre pueden resultar chocantes
para quienes aún no han sido anestesiados por los centros hegemónicos de información o por
aquellos que imprudentemente han despertado del coma mediático.
Es por eso que los deseos más oscuros de la clase siempre dominante hoy se cubren de
cremas y cerezas, con el azúcar impalpable que intenta disimular la más amarga de las
realidades.
De esta manera una estafa es un sinceramiento y un indulto para evasores y lavadores de
dinero se transforma en una «reparación histórica».
Una lluvia de palos, es hoy en día, un simple protocolo y se justifica mediante la esperanza de
ser un país «normal» como esperan personajes nefastos como José Luis Espert quien vomitó
hace algún tiempo su deseo de que:
«…para ser ‘normales’ debe nacer una Argentina en la que «haya despidos sin que existan
paros o marchas».
Uno no puede esperar armonía en medio de una pesadilla, de tal forma es posible que
nuestros colmillos se hundan en el propio cuello alguna vez, como ha sucedido últimamente
con empleados del Grupo Clarín a los que han arrojado a la calle como resíduios, sin ninguna
explicación. Los lobos nunca resultaron buenos pastores y no es de extrañarse que en un país
por fin normal estas cosas pasen.
Algún desprevenido pensará que en un país normal un evasor, un estafador, un delincuente,
un individuo con prontuario plagado de delitos fiscales y defraudaciones no debería ser
funcionario, que un empresario no debería ser juez y parte en un ministerio, que un inútil,
ignorante y especulador no debería ser presidente. Pero no es así.
La naturaleza de la pesadilla es atormentarnos con lo peor de cada imagen, cada retazo de
nuestros miedos más profundos.
Para un medio que ha sido cómplice de la última dictadura y ha ocultado las desapariciones,
los asesinatos, el robo de bebés y la barbarie más absoluta a la que saludó anunciando en el
golpe del 76 en su encabezado «TOTAL NORMALIDAD», no mostrar hoy la represión a
trabajadores es su propia normalidad, un tributo a la esperanza de Espert y todos los que
piensan como él.
Una buena parte de nuestra sociedad ha acariciado el rostro maquillado de la bestia y aún con
las manos manchadas por el engaño siguen esperando que su furia no los muerda.
En la historia de los pueblos y las sociedades, después de ciertas experiencias, resulta
imperdonable la ingenuidad.

Fotomontaje Adi Posito

 

 

Compartir esta entrada