Hoy recordamos a Rodolfo Walsh
El 25 de marzo de 1977, el periodista y escritor Rodolfo Walsh, fue acribillado a balazos por un grupo de tareas, entre los que se encontraban Alfredo Astiz y Jorge Tigre Acosta en una emboscada en la intersección de la Av. San Juan y Entre Ríos, barrio de San Cristóbal . Aún herido fue subido a un auto y secuestrado, convirtiéndose así en desaparecido.
El autor de Operación Masacre, de 50 años de edad, repartía copias en buzones de su carta que terminó de redactar el día anterior. Denunciaba en esta el accionar ilegal de la Junta Militar que gobernaba el país hacía un año y un día.
Aquí un fragmento tomado de la revista Anfibia, a partir de una reflexión de su hija Patricia:
Patricia reflexiona hoy: “Pienso que mi padre sabía que su vida no iba a durar mucho más. Tenía una conciencia clara sobre la derrota que se estaba produciendo. Tenía ideas sobre lo que se debía intentar, y era salvar la vida de los compañeros/as que corrían mayores riesgos; hacer un reconocimiento público de esa derrota militar; un llamamiento a una nueva etapa de resistencia; disolver la organización; no utilizar más su nombre porque decía que si se continuaba haciendo eso nunca se lo podría volver a utilizar. Proponía hacer salir del país de un modo urgente a quienes no pudieran ya permanecer en el territorio, de modo clandestino, procurar a los sobrevivientes los recursos necesarios para esa nueva etapa, y priorizar que los lazos que se sostuvieran fueran los imprescindibles, privilegiando las relaciones familiares, o de un gran valor afectivo, aquellas que para él tenían mayor capacidad de resistir a los tormentos que tan bien describiera en su Carta Abierta. Sin embargo ya sabía que no sería escuchado”.
“Esa última cita a la que concurre es una emboscada. Que no lo advirtiera creo que también da cuenta del desgaste que él mismo padecía. Enseñaba a otros a cuidarse siempre, pero él ya no era capaz de hacerlo. Que llevara los papeles de su casa encima, la casa de San Vicente, también habla de su propia situación. No quiso irse del país. Así lo decidió. Si le llegaba la hora tenía que tener listo lo que él pensaba que se debía hacer si le quedaban cinco minutos de vida. Ya lo había ensayado Daniel Hernández, muchos años antes. Si te quedan cinco minutos de vida hay que escribir el testamento”.

