Es la militancia, estúpido

VisiónPaís/ noviembre 16, 2021/ Sin categoría

Uno de los posibles balances de la jornada del domingo. La tracción fue a pulmón, corazón, persistencia, voluntad y convicción: eso que tienen los militantes.

Por Gastón Garriga

Noviembre 15, 2021

Es la militancia, estúpido. La militancia salvó ayer al peronismo. Salvó, en primer lugar, su legado histórico. Y, de paso cañazo, a un gobierno nacional al que el peronismo le da demasiado pudor. Le evitó un papelón del que iba a ser difícil volver y le dio la oportunidad, tal vez la última, de un profundo replanteo.

La militancia florece en cada generación, como los Nomeolvides en primavera. Es un enamoramiento que duele y tiene como rasgo distintivo la voluntad. La voluntad de torcer la historia en un país de tradición más oligárquica que liberal. Esa voluntad que lleva a abrazar la política y hace que algunos de los nuestros ocupen bancas, escritorios, lugares en los palacios. Entonces, como reconocimiento a esa voluntad, y a la complejidad y especificidad de los tiempos, no debería haber espacio para un funcionario -no importa el rango- que no sea militante. Hoy la dirigencia del FdT en conjunto, pero especialmente el gobierno nacional, está en deuda con la militancia.

La voluntad es, recordemos, necesaria mas no suficiente. Los procesos de formación de la opinión pública y sus consecuencias electorales son cada vez más complejos y el poder de la voluntad se reduce proporcionalmente. A menos que a esa voluntad se sumen otros elementos. ¿Cuáles? Desarrollos teóricos, capacitaciones específicas, aplicaciones para smartphone. Existen -repito: existen, no hay que inventar ni esperar-  elementos de probada eficacia para complementar la voluntad militante con comprensión del escenario, capacidad de diálogo y  narrativas persuasivas. La tiza y el carbón del siglo XXI.

Perón, tributario de Clausewitz, nos enseñó que para vencer no hace falta ser más fuerte en todos los puntos -cosa que no se puede hacer sin un multimedio de aliado- sino en el punto decisivo. En materia electoral, el punto decisivo es ese 20% cuyo voto oscila (fue parte del 54% en 2011), más sensible a la foto de Olivos que al FMI. Conclusión: allí deben destinarse los esfuerzos de comunicación. Una comunicación pedagógica, dialógica, persistente, por goteo, simple, basada en ejemplos y elementos de la vida cotidiana.

Otro “nunca más”. Cuando los no peronistas votan al peronismo, como ocurrió en 2019,  lo hacen con la expectativa de una mejora en sus condiciones de vida. Un gobierno peronista debe satisfacer esa expectativa. Claro que eso implica afectar intereses. Siempre fue así. “Para hacer tortilla hay que romper algunos huevos”. Y, si esto no es posible, se debe exponer las causas con claridad y persistencia. En este caso, todo coincide. La principal demanda tiene que ver con los bajos ingresos frente a la inflación, la inflación es multicausal pero tiene sus bases profundas en la falta de dólares y la falta de dólares sólo se explica por el saqueo de 2015/19 y el posterior  “auxilio” del Fondo. 

La paliza de las PASO fue, entre otras cosas, hija del “no confrontar con Macri” o “hablar del futuro y no del pasado”. En realidad, el futuro, con acuerdo o con default, nos depara una cuota de “sangre, sudor y lágrimas”, aunque en boca de un socialdemócrata confeso la cita a Churchill hubiera resultado una afrenta al pueblo peronista. El resultado de esa omisión fue un presente horrible y ahistórico. Los culpables de la tragedia están políticamente vivos y amenazan con volver. 

¿Qué hacer? Lo que tendríamos que haber empezado el 10 de diciembre de 2019. La receta está en nuestra historia reciente. Si Argentina es un país modelo en materia de derechos humanos, memoria, verdad y justicia, es porque hubo un reclamo sistemático, cotidiano, durante décadas. Primero, de los organismos, pero luego, en base a aciertos narrativos y políticos, de la sociedad en su conjunto, que lo hizo propio. Es el momento de otro “nunca más”. Puede ser “Nunca más FMI”, “Nunca más neoliberalismo” o “nunca más deuda y fuga”, pero urge desarrollar e instalar narrativas propias y eficaces. El vacío no existe. El sentido se produce siempre. La inacción propia al respecto posibilitó que se instalaran “votaron polenta” o “ah, pero Macri”, como si fuera lo mismo deber 55 mil millones que no deberlos.

¿Qué proponen Larreta y Vidal en materia de deuda? ¿Qué Milei? Macri ya cometió su sincericidio al respecto, afortunadamente. Hay que empezar a trabajar hoy para que la elección de 2023 sea un plebiscito sobre el rol que tendrá el FMI en nuestro país durante el próximo medio siglo, para dejar de ser, de una vez por todas, el país Sísifo que construye inclusión y soberanía con esfuerzo, para que la derecha derrumbe todo como un castillo de naipes. Por último, dos cosas respecto de Milei. Uno, investigar a sus sponsors. Dos, a casi un año de la partide de Diego,  al próximo que se lo cruce o presencie sus bravuconadas, “Segurola y Habana”. Y a la mierda.

Fuente Dejámelo Pensar
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