Elogio de la Mística….

VisiónPaís/ junio 13, 2018/ Sin categoría

En el quilombo de las marchas esta la verdadera y única civilización.

 Por Martín Bolaños

Decía Marx que las condiciones materiales para el paso de una fase del sistema capitalista a la siguiente estaban dadas recién cuando la fase a ser superada llegaba a su máximo grado de desarrollo. Hasta que tal desarrollo no se produjera, los intentos de “apurar” la historia serían vanos. La actual fase financiera del capitalismo global integrado está alcanzando actualmente su despliegue máximo. Esto puede comprobarse en todos los niveles de la agenda política: global, regional y local.

Sus efectos devastadores se manifiestan tanto en la esfera económica como en la esfera cultural y en especial en la esfera de los valores humanos. La decadencia demencial de las dirigencias globales, regionales y locales demuestra que el capitalismo, aun cuando ha desplazado sus centros geopolíticos (desde Europa y Estados Unidos hacia Rusia, Medio Oriente, India y China) opera con la misma saña imperialista que lo ha caracterizado desde su fundación. En esta fase financiera, el Capital consigue desprenderse de la fuerza de trabajo como base productiva, mediante la tecnologización y el consecuente reemplazo del sujeto social del trabajo por el robot y la computadora. De este modo, se ha desprendido de su dependencia de la base productiva, generando la mayor crisis de empleo de la historia, y librando a su suerte a más de dos tercios de la población mundial, tratada ahora como una masa biológica descartable. Este destrato ya ha alcanzado  un estatus discursivo, jurídico, militar y político.

La claudicación siempre presente de las dirigencias confirma el estado de lucha de clases invertida, es decir, un escenario en el que la única clase que lucha y vence es la clase dirigencial del poder financiero-extractivista. Todas las formas de organización política y gubernamental están hoy día disueltas. Se mantienen apenas como una mascarada obscena, pronta a caer, para exhibir en toda su crudeza un poder real, anti-democrático, tiránico y genocida que no necesita ya esconder sus intenciones.  No solamente han sido destruidas las formas de organización social propias de los estados-nación, sino a los estados mismos y también a los espacios geográficos que estos ocuparan, arrasados sistemáticamente bajo la forma del extractivismo, la depredación ambiental y la contaminación extrema de los suelos y las aguas. De modo que el saqueo de los territorios se produce simultáneamente en tres esferas: el extractivismo, el endeudamiento, y el vaciamiento cultural a través de los medios de comunicación. Asegurados estos tres bastiones, el capital financiero integrado lleva a cabo su proyecto de concentrar los recursos que le quedan al planeta bajo el control de una décima parte de la población humana. El proyecto acepta (a veces de manera implícita y otras de manera explícita) que el noventa por ciento de la humanidad restante se vaya extinguiendo lentamente a la par del agotamiento del planeta.

Este “generoso” proyecto se apoya en la incapacidad de organización y movilización aunada de las victimas del mismo. Es difícil explicar la incapacidad de reacción de una masa humana planetaria que parece haber renunciado al instinto de supervivencia. Algunas causas están claras: instauración del individualismo, sometimiento de las comunicaciones a estrategias materiales y simbólicas manejadas como armas psicológicas a nivel planetario, corrupción implantada y alimentada en todas las dirigencias, división y enfrentamiento inducidos entre las poblaciones, y muchas más. Todas estas técnicas, aún cuando actualmente se han sofisticado tecnológicamente, fueron históricamente implementadas desde los albores de la “civilización” humana. Y también desde entonces han hallado contramovimientos persistentes y núcleos que se han mostrado inaccesibles a estas estrategias viles.

Uno de estos núcleos es y ha sido la actividad política, a veces como mera demarcación de espacios simbólicos y otras veces como auténticas operaciones de resistencia y construcción colectivas. La política garantizaba hasta hace poco la participación de intereses antagónicos en un espacio social común. Durante algunos siglos, la forma de la política entendida en este sentido de participación adquirió la retorica de la Democracia y de la República, aun cuando sus definiciones, límites y modos de instrumentación pudieran aparecer desdibujados, desplazados y hasta borrados en diferentes lugares y momentos coyunturales.

En este sentido, las dictaduras y los regímenes autoritarios más rancios se han presentado siempre como garantes de algún tipo de democracia, en un sentido absurdamente restringido, contradictorio o incluso hipócrita. Pero mas allá del cinismo, la magia de palabras como Democracia, República, Estado o Política servían de excusa a falsos defensores para mantener sus posiciones discursivas de poder.

Hoy en día estas formas políticas ya no significan nada. Los detentores del poder han logrado que las sociedades acepten déspotas del peor calibre, incluso, en los países centrales del nodo imperial. No solamente por la convalidación del voto, cuya manipulación evidente lo hace ya otra de las formas muertas de la política, sino en especial en la ausencia de la conformación de frentes antihegemonicos capaces de acceder al poder y disputar el control de la distribución social planetaria de la riqueza en el marco de una geopolítica de la paz.

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Fuente Revista Horizontes del Sur

 

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