El universo es una perversa inmensidad hecha de ausencia.
Imagen amorherido.com
Por Alejandro Ippolito
Alejandro Dolina lo dijo de manera clara e impecable:
«El universo es una perversa inmensidad hecha de ausencia. Uno no está en casi ninguna parte».
Esa es una noticia contundente que nos pone en contacto más con nuestras limitaciones que con nuestras posibilidades. No estamos, casi, en ningún lugar, es decir que mientras usted tiende la cama donde acaba de cometer la torpeza de dormir algunas horas, cae en la cuenta de que hay quienes, durante su evidente ausencia, han cerrado acuerdos que lo perjudican. Pero usted todavía no lo sabe. Más tarde o más temprano le llegarán lo efectos de aquellos enchastres políticos que se producen mientras usted no está allí, protagonizando una ausencia irreversible que es la condena de su propia materia, su condición de ser.
Mientras yo escribo y usted está leyendo, hay llamados telefónicos, reuniones de marketing, arreglos espúreos, contratos firmados en el aire, sobres con dinero, promesas de impunidad, golpes sobre la mesa y aprietes para lograr libertades y condenas en favor del poder de turno y sus caprichos.
Ahora, en este preciso instante, están iluminándose con la posibilidad de un nuevo negociado – uno si es que tenemos suerte, pero entienda que son varios – que los hará ganar millones en cuestión de horas, mientras nosotros buscamos las monedas olvidadas en algún tarro para ver si llegamos a pagar los tarifazos que vienen…y los que ya vinieron.
Esa imposibilidad de sentarnos a la mesa donde se resuelve nuestro destino resulta preocupante, desmoralizadora, de allí que algunos sostengan, como un karma, que al gobierno hay que «aguantarlo» hasta que se vaya y yo, por mucho que he buscado, no encuentro en qué rincón de la Constitución dice que un gobierno en democracia debe ser soportado, haga lo que haga, como una condena.
Un puñado de primates con traje deciden la miseria de las mayorías e instalan el odio como política de Estado, y eso debe ser aceptado como una forma lamentable de purgar las culpas de los desmemoriados e ignorantes que votaron en contra de ellos mismos creyendo que lo hacían en contra de nosotros.
Yo escribo, usted lee, no deja de ser un encuentro saludable entre tanta basura que nos tiran encima cada día, y puede ser que no estemos, casi, en ninguna parte, que no importemos demasiado para los que juegan a la ruleta con nuestro futuro, pero sabemos que, por lo menos, estamos aquí y luego en las calles y después en las plazas y los barrios, y más tarde en otro lugar donde se construya en favor de todos y no se destruya para que ganen tres o cuatro.
Por eso hay que estar, de a un lugar por vez, donde podamos, multiplicándonos en el otro que es nuestra forma de estar unidos y en todos lados.

