El Chileno

VisiónPaís/ abril 19, 2020/ Sin categoría

El pasado jueves falleció el escritor, guionista y director de cine chileno, Luis Sepúlveda, víctima de Coronavirus. 

Por Alika Lu

Enero 2011

Si buscas historias de viejos lee “Un viejo que leía novelas de amor”

– ¿ De quién es?

– De Sepúlveda

-¿El chileno?

A ese chileno lo habías padecido hacía ya casi 13 años, cuando Susana Genín, la profe de literatura, puso fecha de examen para evaluar los saberes literarios de sus alumnos. “El mundo del fin del mundo”, “El mundo del fin del mundo”, como olvidarlo…

Poco recordás de lo leído por aquellos años de escuela. Ahora sí, lo que nunca pudiste borrar fue ese apellido: Sepúlveda. Aburrido, aburridísimo, definitivamente era el libro más aburrido que te habían obligado a leer, interpretar, caracterizar, sintetizar durante el secundario. Y Sepúlveda, ¡ja!, como olvidar al responsable de semejante tortura. Tan marcado te había quedado que hasta guardabas el año de su nacimiento, 1949, el mismo que tu viejo…

Extrañamente, en vez de eliminarlo de una vez y para siempre de tus recuerdos literarios y de tu biblioteca, lo guardaste. Y así permaneció, inmóvil, en tu memoria y en el anaquel.

– Si buscas historias de viejos lee “Un viejo que leía novelas de amor”

Sabes muy bien que si de recomendaciones literarias se trata, Ceci y Eze son de las pocas personas de tu círculo en las que confías, por lo que la decisión de darle una segunda oportunidad al chileno empezó a ser revista. Unos días antes de viajar a los Esteros del Iberá, de visitante y con las defensas bajas, ¡zas! atacaron… y te encajaron el libro. Ya estabas lista, lo tenías en tus manos y no podías negarte. Luego de 13 años de encontrarte obligada a leer al chileno, y haberlo sentido interminablemente insoportable, volvías a darle una oportunidad. (Podríamos decir que esto fue exclusivo mérito de tus camaradas y sus favorables antecedentes como “recomenderos” literarios.)

El viaje había comenzado arriba del micro, y con él la lectura. Antes de llegar a destino ya lo habías terminado. Te devoraste cada una de sus páginas, te creíste en la selva amazónica, te viste conviviendo con los shuar, lo sentiste intenso, placentero…

Cuando regresaste a Buenos Aires comenzó la búsqueda de “Un viejo…” por las librerías de las avenidas Corrientes y Rivadavia. Lo querías para vos, lo querías para tenerlo en tu biblioteca y saborearlo cuantas veces desearas.

Luego de algunas semanas diste con él, pero a su lado encontraste otras obras del chileno. Algo te atrajo fuertemente a esos libros. Los explorabas: tapa, contratapa, solapa con biografía (1949)… Los hojeabas, leías las últimas tres líneas del final, el índice. Los querías todos. Tal vez la misma fuerza extraña que te hizo conservar “El mundo…”, a pesar del sufrimiento literario que te había provocado, ahora intentaba, te pedía, suplicaba que te hicieras de todos esos libros.

En ese momento te decidiste por dos: “Desencuentros” y “Patagonia Express”.

Al primero lo fuiste agarrando de a poco, en esos espacios cortos que existen entre las obligaciones, las necesidades fisiológicas, y más obligaciones.

Y «Patagonia Express» se convirtió en tu segundo compañero de viaje, claro, después de Javi.

Estas en la ruta 40 camino a Los Antiguos. Hace unos instantes cerraste la contratapa emocionada hasta la médula, conteniendo las ganas de llorar para no atraer las miradas ajenas que abundan en el micro. Volvés al principio. Volvés al final. Recordás a tu Tata, el papá de tu vieja, y te asaltan las imágenes de tanto compartido. Durante los minutos que duró la lectura del último capítulo también volviste a España y a Sarria, a los pagos de Manolo, tu abuelo paterno. Desde la 40, la estepa y el viento patagónico, viajaste de nuevo a ese pueblo que habías visitado hacía algunos años atrás, cuando anduviste por la península, recorriendo las calles con seguridad caminadas por Manolo.

El chileno con su Tata en Santiago, y vos con el tuyo en Buenos Aires. Él en Jaén buscando a Gerardo, y ésta aporteñada en Sarria, atrás de los pasos olvidados de Manolo.

Ambos en la Patagonia.

Aún no te animás a volver a “El mundo…”. Darás algunas vueltas por otras historias del chileno, recorrerás otros mundos, nuevos personajes, te volverá a interpelar, a poner los ojos rojos, cargados, la piel como gallina, a anudar la garganta… Y cuando lo encuentres conveniente lo irás a buscar donde te espera desde hace 13 años, inmóvil, en el anaquel de tu biblioteca.

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