Dionisos en el Carnaval quebradeño
por Prof. Lic. Lucía Inés López
He oído decir, que en una tal vez conocida quebrada cerca de los confines de la tierra, entre gigantes de colores a los que solemos denominar cerros, el mismísimo diablo se hace presente y convida a todos los habitantes con los más dulces manjares de la carne. Parece que durante una semana los seres que habitan las pequeñas comunas son tentados a diversos placeres: las obligaciones diarias son postergadas para vivir una algarabía desmedida enmarcada en la danza, la música, el empacho y la embriaguez.
Aunque siempre he intentado estar más cerca de Dios que del Diablo, esta vez y luego de arduas discusiones conmigo misma, decidí ir al encuentro de aquello que ofrecían por módicas sumas.
Los rumores de lo que por allí ocurría manifestaban algo así como una revelación, un encuentro con uno mismo y con todos, el encuentro de nuestro ser en un todo con la naturaleza. Al fin de cuentas, si esto no tenía ese efecto en mí, sería no más que un divertido juego, parte de una distracción veraniega y como tal también valdría la pena realizarlo.
Pero lo primero ocurrió y entonces ya no volví a ser la de antes…
Lucía Inés
En una caligrafía normal encontrarán las anotaciones de mi diario de viaje según se iban sucediendo las experiencias. En negrita podrán leer las notas de algunas averiguaciones que fui haciendo en relación a la mística de esta fiesta, sus orígenes y sus significados.
Sábado 4 de febrero de 2005
Anoche llegué a unos de los primeros pueblos de la Quebrada. Al bajar del colectivo y ver a duras penas los contornos de las construcciones de adobe (hoy notaría este detalle), dirigí mi mirada al cielo buscando un poco de luz y la encontré en miles de destellos que se presentaban de manera majestuosa desde lo alto como dándome la bienvenida. Bajé la mirada y cuando la vista ya se me iba acomodando a aquella oscuridad, pude reconocer a dos jóvenes (una mujer y un hombre) que también recibían la bienvenida de las estrellas luego de bajar de aquel medio de transporte. Me acerqué y les pregunté si conocían algún sitio por aquí que ofreciera hospedaje, y el muchacho (Jerónimo), nacido en esos pagos, nos invitó a la otra joven y a mí a quedarnos en su casa materna hasta el final de las fiestas puesto que luego el también volvería a la Capital a continuar su rutinaria vida.
Sin tener muchas opciones aceptamos y nos dirigimos a su hogar, y luego de algunas indicaciones (además de mostrarnos el cuarto nos enseñó a coquear para no tener problemas de indisposición debido a la altura que nos encontramos) entramos en un profundo sueño.
Hoy por la mañana un gran alboroto se oía desde el otro lado de la puerta de la habitación en la que estamos durmiendo Violeta (la otra muchacha) y yo. Cada integrante de la familia iba de un lado para el otro preparando todo lo necesario para que no falte nada a la hora del festín.
Grandes tachos con litros de diferentes brebajes alcohólicos esperaban ser bebidos, pero antes sería el turno del cordero, la papa y el maíz entre otros alimentos que se habían preparado para esta especial ocasión.
Así fue que Jerónimo nos indicó que cuando Inti (dios Sol) diera justo de manera perpendicular sobre nuestras cabezas nos reuniríamos en torno a la bandera de “La Salamanca” (comparsa a la que pertenece esta familia) en el galpón a dos cuadras de la casa para compartir la primera comida del CARNAVAL.
A la hora señalada nos dirigimos hacia el lugar, y después de comer hasta reventar una banda empezó a tocar y todos los presentes nos fuimos encolumnando detrás de ella siguiendo sus pasos hasta la calle. La gente danzaba al ritmo de los sikus, la caja, el erkencho y el charango, mientras nos encaminábamos hacia un lugar hasta ese momento desconocido por mí. Ibamos dejando el poblado para adentrarnos en los cerros multiformes.
De repente nos detuvimos y un silencio profundo se hizo.
Aquí me encuentro, a un lado del “mojón” (un cúmulo de piedras con chalas de maíz, símbolo de la fertilidad, en el centro) alrededor del cual están comenzando a rezar un “Padre Nuestro”. Ahora se ve que es momento de pedirle al Señor y a la Pachamama (Madre Tierra) abundancia para el resto del año. Entre tanto algunos ofrendan comidas, bebidas, hojas de coca e incluso, cigarrillos encendidos como agradecimiento por lo obtenido el año anterior. El mojón se encuentra decorado con serpentinas, guirnaldas y albahaca.
Hace un extenso rato que van dando vueltas alrededor de este copleando al compás de la Caja:
“Los corazones se alegran
cuando llega el carnaval
se oyen bombos y guitarras
costumbre tradicional”
“ Ya ha nacido el carnaval
la caja es su corazón,
zumo de aloja su sangre
y flor de albahaca su flor”
“Alegre mocito he `i sío,
alegre viejo he `i morir;
cuando oigo sonar la caja
me amanezco sin dormir”
“Carnaval, Carnaval viene
su llegada es segura;
se alegrarán los pulperos,
se enojará el señor cura”
“Yo siempre tengo desvelos
a mi siempre me va mal
yo sólo tengo consuelos
cuando llega el carnaval.”
Mi desconcierto se fue acrecentando con el suceder de los hechos, y si bien hasta ahora todo ha sido una fiesta el encuentro con el Diablo aún no se ha producido y en su lugar me he topado con invocaciones al Dios católico y a la Pachamama, divinidad de los pueblos ancestrales de América.
Se han callado, parece que algo va a ocurrir….
Notas:
La etimología de la palabra carnaval proviene de CARNEVALE:
Carne Carne Vale Adiós
Es decir “adiós a la carne”. También puede proceder de Carnevalium que significa “quitar la carne“.
La fiesta de Carnaval parece tener su origen en las ofrecidas en honor al dios Dionisos en la antigua Grecia, en las Saturnales romanas, como así también en las fiestas egipcias dadas a Osiris e Isis y las “Lupercales”.
Dionisos es del dios del vino; saltarín, brinda a todos dicha. Considerado como orgiasta sagrado, danzarín furioso, personifica la alegría desbordante producida por el jugo de la uva. Las fiestas dadas en su nombre se caracterizaban por el culto orgiástico y la embriaguez. Podemos dividir esos festejos en “Pequeñas dionisíacas” y “Grandes dionisíacas”. Las primeras se caracterizaron por ser de raigambre campestre, y las segundas urbanas, más precisamente de Atenas. La Tragedia encontrará su origen en estas últimas mientras que la Comedia lo hará en las primeras.
Las “Saturnales romanas” eran las organizadas para rendir tributo a Saturno, dios de la siembra y de los mortales. Luperco, dios del pan, también tenía sus celebraciones, y en el mes de febrero la gente salía semidesnuda pintada a recorrer las calles romanas hasta terminar en desorden orgiástico. Estas fueron llamadas “Lupercales”.
Osiris e Isis, ambos dioses egipcios del cereal eran venerados en cultos de aspectos religiosos.
Y así, varias festividades llevadas a cabo en los más diversos lugares del mundo hasta ese momento conocido por los europeos, fueron agrupadas y calificadas como fiestas pecaminosas y libidnosas por la Iglesia en el siglo XI durante el Concilio de Benevento. Este institucionalizó que las mismas finalizaran el martes antes del miércoles de ceniza, que es cuando la Iglesia católica inicia el período de la Cuaresma, y finalmente las encasilló en tres días, aunque después, los pueblos se encargaron de ampliar ese número. Durante cuarenta amaneceres y cuarenta crepúsculos se exhorta a los fieles a renunciar a todo placer carnal, desde comer carne hasta la abstinencia sexual.
Cabe destacar que estas celebraciones se encuentran unidas a los dioses agrarios y en general acontecen en los meses de la cosecha (enero, febrero y marzo). Por esta razón no debe sorprendernos que con la conquista de América se fusionara esto, que ya se había convertido en una tradición popular de los pueblos de aquel continente, con el “Capac Raimi”, de origen ancestral americano.
EL “Capac Raimi” era la celebración de la América antigua que se realizaba justamente en tiempo de cosecha. La alegría que brotaba de la tierra debía ser manifestada también por los hombres para que la prosperidad no feneciera. La mixtura con elementos de la cultura judeo-cristiana hizo posible su supervivencia luego de l avasallamiento territorial y cultural sufrido por las comunidades originarias que habitaban y habitan de este lado del Atlántico.
Este sincretismo religioso fue lo que provocó mi primer desconcierto frente al mojón el día de “Desentierro del Carnaval”. ¿Cómo podía ser posible que rezaran la oración del “Padre Nuestro” en el mismo momento que invocaban a una divinidad pagana tal como lo es considerada la Pachamama por los cristianos? Y para salir de mi duda le pregunté a una de las señoras que había realizado tal acto y su respuesta fue la siguiente: “La Pachamama es nuestra Madre, es quien nos obsequia los frutos de la siembra que serán nuestro alimento. Los árboles que de ella brotan nos regalan su sombra para soportar mejor las altas temperaturas. Es nuestro sostén, en ella nos mantenemos firmes y sobre ella nos desplazamos. Además la contemplación de sus paisajes son obras de arte sublimes para nuestros ojos… Y Dios es quien la crea.”
Era la justificación que habían hallado para mantener ese ensamble entre dos creencias, una ancestral, originaria y politeísta que encontraba en la naturaleza misma a sus dioses, y la otra impuesta a esas comunidades en la conquista, monoteísta, con un Dios creador supremo de todo lo conocido. La cuerda que servirá de unión de ambos polos contrapuestos será el hecho de que ambos son concepciones religiosas, manifiestan creencias populares basadas en la fe.
Quizá si viéramos las Carnetoneladas como una fiesta que se fue enriqueciendo de pueblo en pueblo y alimentando de los cultos y místicas comunes entre estos, y tras una síntesis forzosa llevada adelante por la Iglesia primero en Europa (durante el Concilio anteriormente nombrado) y luego de este lado del océano, podríamos entender mejor la convivencia armónica de estos elementos que nuestra razón tiende a desunir pero que esa religiosidad liga.
Continuará…
Bibliografía consultada: Abalos, Jorge W. : “Coplero Popular”, Editorial Losada S. A., Buenos Aires 1973. Bajtin, Mijail: “La cultura popular en la Edad Media y en el Renacimiento”, Editorial Alianza, Madrid, 1987 Cortázar, Raúl Augusto: “ El Carnaval en el folclore Calchaquí”, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1949. Colli, Giorgio : “La sabiduría griega”, Editorial Trotta, Valladolid, 1998. Kahn, Charles: “La armonía en Heráclito” Nietzsche, Friedrich: “El Origen de la Tragedia”, Ediciones Libertador, Buenos Aires, 2003. Nietzsche, Friedrich: “La visión dionisíaca del mundo”, edición digital: http://www.nietzscheana.com.ar/bruno_piccione.htm Rey Sinning, Edgard: “El carnaval, la segunda vida del pueblo”, Plaza & Yánez Editores Colombia S. A., 2004. Imágenes: http://www.rumbofamiliar.com/articulos/carnaval-en-humahuaca-musica-danza-y-diablos/ https://www.eltribuno.com/jujuy/nota/2016-2-7-1-30-0-con-el-tradicional-desentierro-se-solto-al-diablo-del-carnaval



