Dionisos en el Carnaval quebradeño (2° Parte)
por Prof. Lic. Lucía Inés López
Martes 7 de febrero de 2005
Recién hoy, y ya un poco más serena, puedo volver al cuaderno. ¿Dónde había quedado? Ah, sí.
Finalmente se produjo el encuentro.
Desde una ladera un ser carmesí bajó a gran velocidad, sólo se escuchaba el rechinchineo de los cascabeles adosados a su cuerpo y diferentes sonidos que surgían del juego de las cuerdas vocales con su lengua y boca.
Al llegar junto al mojón diversas exclamaciones se oyeron y la banda reanudo su repertorio.
Sin duda ese fue el primer gran encuentro de los que se fueron sucediendo…
De repente la alegría explotó. Algo en el interior de todos los que allí se encontraban estalló y la onda expansiva hizo parte, incluso, a los que nos manteníamos a un costado como meros espectadores.
Rondas de personas con las manos entrelazadas, dando saltos y volteretas giraban alrededor de ese montículo de piedras que había dejado de ser tal para transformarse ahora en un altar. Víboras humanas se iban enroscando y desenroscando, y los cuerpos, de forma lenta descontracturándose, tomaban la viva forma de la música.
Los cerros multicolores como pintados en un fondo azul- celeste intenso serían el mejor telón capaz de contener y realzar semejante obra, representada por el hombre con todo su cuerpo y con todo su espíritu, para pleno goce de él mismo.
Y entre bailes, serpentinas y talco las parejas del carnaval se iban formando. Aunque forastera, hasta ese entonces, no escape del embrujo y luego de unos sorbos de zaratoga (bebida de vino blanco con durazno o naranja y azúcar), convidados por algunas mujeres, tuve mi segundo gran encuentro: Damián sería el compañero con el cual experimentaría durante los próximos tres días sensaciones que mi espíritu hasta hoy no conocía.
Bajamos del cerro, ya cada uno con su pareja (a esa altura de la jarana había perdido a Violeta y a Jerónimo), y marchamos, siempre sin perder el ritmo de la melodía que no daba respiro a quienes la ejecutaban, hasta la puerta de una casa. Allí la familia anfitriona nos esperaba con grandes tachos similares a los que había visto ese mismo día a la mañana en la casa de Jerónimo, y con unas jarras servían en vasos plásticos diferentes brebajes que nos iban poniendo a tono.
Desde la popular cerveza y la sacra sangre de Cristo, pasando por la Chicha (bebida espirituosa a base de maíz característica de las regiones andinas) y la yerbada (especie de mate cocido que reemplaza al agua por alcohol etílico, se sirve caliente), hasta la ya nombrada zaratoga.
Siempre al compás de la música que nos marcaba el paso, cuando se acabó la bebida que funcionaba como combustible de semejante festín, continuamos la marcha hasta arribar a la siguiente estación. En esta oportunidad un pequeño bar nos recibía con algunas bebidas más, sumadas a las de antes.
Ya para esa altura mi cuerpo se había aflojado por completo y se movía de manera incontrolable. De la mano de todos, luego de mi compañero, otra vez de todos seguíamos, y seguíamos…
Los árboles se convertirían en sanitarios populares, nuestro salvoconducto para continuar la parranda.
Creo que después pasamos por tres, cuatro o cinco casas más… La verdad no podría decirlo con exactitud. Alguien me contó que la idea de ir de familia en familia es llevar la alegría, con el fin de que esta se mantenga todo el año en ese hogar que tan despojadamente recibió a toda esa gente y que previamente trabajó para ello.
Tengo algunas imágenes, caras. Creo incluso que anduve haciendo unos pasos de saya con el mismo diablo, aunque también pude haberlo soñado… Tampoco sé bien como llegué a lo de Jerónimo.
El domingo al mediodía, cuando logré despertarme, lo único que pensaba era la vergüenza que hubiera pasado si los padres y abuelos de este gentil joven me hubieran visto machada.
Mas esa idea de vergüenza se me fue cuando salí a la calle tipo tres de la tarde, y encontré a la abuela, algo machada, en una ronda de coplas.
Por unos minutos mantuve la vista en esas mujeres y hombres. De sus labios de contornos verdes (teñidos por el coqueo) volaban al viento palabras entonadas al son de la caja. Los surcos del terreno andado en sus rostros se habían marcado; y la profundidad de sus miradas me enseñaba un alma signada por los pesares cotidianos, la escasez, la sumisión.
Pero este era su momento para dejarse llevar por sus más recónditos anhelos y sentirse libres. En sus sonrisas, quizá no casual color esperanza, renacían a cada instante frases picarescas que subían de tono el tinte de la ronda al igual que la bebida lo hacía a sus cabezas:
“¡Como brilla mi chinita!
si parece una centella,
se prende de la botella
como si fuera de ella.”
“Denme un traguito de vino
que m estoy amejorando.
con el mismo licor sana
el que se enferma tomando.”
“La cantora está machada
los guitarreros también;
los señores bailarines
no se pueden sostener.”
Ese domingo, y ayer y hoy siguió el carnaval por las calles de las comunidades de la quebrada.
Muchos de los festejantes son nativos que durante el resto del año tienen su vida en ciudades capitales y que para la fecha se vuelven a sus pagos a encontrarse con su lugar, su gente, con ellos mismos.
Se los ve dando brincos, corriendo y enamorando a alguna cholita, caminando en barra abrazados para sostenerse de la borrachera. Niños, jóvenes y adultos embadurnando de talco, papel picado y espuma a quien se atreviera a pasar delante de ellos, sin distinción de sexo ni edad.
La vida durante estos días en la quebrada se convierte en un juego constante.
Y cuando digo “juego” me refiero a todo tipo de ellos, incluso los amorosos. Puesto que en estos días todo está permitido…
Entre estos seres me mezclé y brindé con ellos para que la alegría perdure (¡¡nunca olvidar el convite a la pachamama del licor que estuviéremos tomando, no sea cosa que se nos enoje y nos quite aquello que riega nuestras gargantas y nos permite seguir entonando!!).
“Y no sólo me mezclé,
me terminé enrolando,
empezamos por Damián
Juan, Pedro y Don Genáro”
Notas:
Tal como vimos esta fiesta se trata de una manifestación colectiva que coincide en su origen con fenómenos relacionados con la naturaleza. Quizá remontándonos a los ritos de carácter mágico los cuales se realizaban, por ejemplo, para la fecundidad de la tierra, podamos encontrar alguna respuesta. Se llevaba a cabo un suculento festín con todo tipo de abundancias y entonces por imitación mágica obtendrían la abundancia de la tierra.
Insistimos que la idea de “fiesta” contempla un ser colectivo, no es un individuo aislado. Lo lúdico constituye el alimento del espíritu como la comida al cuerpo:
“El tiempo y el espacio de la fiesta cambian la razón y la individualidad, por irracionalidad y colectividad que asaltan con música y licor, mientras dura el éxtasis de la misma, terminada ésta todo vuelve a ser como antes y cada uno vuelve a sí mismo, en una especie de “amnistía social”. [ Rey Sinning; 2004]
Rasgos comunes de fiestas de carácter dionisiaco son los que podemos observar en nuestro relato. Una violación de las constricciones sociales y de las pautas morales son consecuencias de un deseo de libertad inusitado. Se derrumban los muros que representan la moderación sexual y los preceptos religiosos.
El antropólogo Raúl Augusto Cortázar marcará con precisión que “ En alas de la alegría, y del bullicio, de las risas y el juego, de los cantos y músicas, de las comidas y las bebidas, se llega al exceso, al desenfreno y a la orgía (…) no cuadra juzgarlas a la luz de nuestros principios y conceptos morales” [ Cortázar; 1949]
Sin embargo la invocación al Dios católico había sido realizada previamente al desentierro del diablo. Incluso, manifiestan una fe profunda en el credo católico que puede ser observada por ejemplo en las grandes celebraciones y procesiones dedicadas a la Virgen de la Candelaria y otros Santos durante el resto del año.
Es así que podemos visualizar no sólo dentro de una misma comunidad, sino dentro de una misma persona, el encuentro de los valores morales cristianos con la exaltación propia de lo dionisiaco.
El filósofo Friedrich Nietzsche expresa en su “Origen de la Tragedia” que justamente si tuviera que denominar con un dios al anticristo lo haría con Dionisos. Considera que la pretensión del cristianismo es no tener en cuenta más que lo valores morales y en nombre de estos valores se aniquila la vida bajo la fe en “otra vida mejor” en el otro reino; en tanto, el espíritu dionisiaco no encuentra su límite en la moralidad de las acciones.
Quizá esa idea (la de “otra vida” después de la muerte) y la de un dios que recompensa a los pobres, sea lo que les permite soportar bajo actitudes sumisas los pesares cotidianos que parecen diluirse tanto en esta religiosidad como en la embriaguez. La resignación, propia del espíritu trágico estaría muy lejos del alma de Dionisos.
“(…) Gracias al poder del brebaje narcótico que todos los hombres y todos los pueblos primitivos han cantado en sus himnos, o bien por la fuerza despótica y avasallante de los rebrotes primaverales, que penetran gozosamente la naturaleza entera, se despierta esta exaltación dionisiaca, que arrastra a su ímpetu a todo el individuo subjetivo hasta sumergirlo en el olvido de sí mismo. (…) las muchedumbres, más o menos numerosas, cantaban y danzaban de plaza en plaza (…)”. [Nietzsche, 2003]
Continuará…
Bibliografía consultada: Abalos, Jorge W. : “Coplero Popular”, Editorial Losada S. A., Buenos Aires 1973. Bajtin, Mijail: “La cultura popular en la Edad Media y en el Renacimiento”, Editorial Alianza, Madrid, 1987. Cortázar, Raúl Augusto: “ El Carnaval en el folclore Calchaquí”, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1949. Colli, Giorgio : “La sabiduría griega”, Editorial Trotta, Valladolid, 1998. Kahn, Charles: “La armonía en Heráclito” Nietzsche, Friedrich: “El Origen de la Tragedia”, Ediciones Libertador, Buenos Aires, 2003. Nietzsche, Friedrich: “La visión dionisíaca del mundo”, edición digital: http://www.nietzscheana.com.ar/bruno_piccione.htm Rey Sinning, Edgard: “El carnaval, la segunda vida del pueblo”, Plaza & Yánez Editores Colombia S. A., 2004. Imágenes: http://www.vuelodigital.com.ar/articulo/407/carnaval-norte-fotografias-maria-victoria-maurutto https://www.lagaceta.com.ar/nota/626737/sociedad/carnaval-pachamama-amaicha.html



