Día Internacional para el recuerdo del comercio de esclavos y su abolición
La columna de Cultura de María Macaya
El 23 de agosto es el Día Internacional para el recuerdo del comercio de esclavos y su abolición. La razón de haber elegido este día en particular se debe a la sublevación de esclavos que tuvo lugar en Santo Domingo, hoy en día conocido como Haití, en el año 1791, donde no solo lograron la independencia de esa parte de la isla, sino que además fueron el génesis para la abolición del comercio transatlántico de esclavos.
En realidad, la trata de esclavos como comercio legal tuvo una duración de un poco más de 400 años, durante los cuales se vendieron a más de 15 millones de hombres, mujeres y niños, como si fuesen ganado, para someterles a los trabajos más duros y a condiciones de vida infrahumana.
Esta realidad es lo que llevó a la ONU a decretar en 1998 el 23 de agosto como Día Internacional para el recuerdo del comercio de esclavos y su abolición, no solo para recordar a las víctimas, sino para demostrar la importancia que tiene el respeto a los Derechos Humanos en el mundo.
La Ruta del Esclavo una forma de conmemorar el Día Internacional para el recuerdo del comercio de esclavos y su abolición.
La Ruta del Esclavo, es un proyecto intercultural que elaboró la UNESCO, con el propósito de celebrar esta fecha. Se trata de efectuar un examen colectivo de las causas históricas que dieron origen a este tipo de explotación racial, estudiando tanto sus métodos como las consecuencias de la tragedia. También el proyecto busca conocer la forma en la que se originó la interacción entre África y Europa, a la que luego se sumaría América y el Caribe. El ideal que persigue la Ruta de Esclavos es el de no olvidar a los héroes anónimos por la libertad de toda una raza que se opusieron a los prejuicios raciales y a la explotación humana.
La esclavitud a través de las artes plásticas
La esclavitud ha existido en todos los continentes desde los tiempos más
remotos, en todo tipo de culturas, religiones y épocas históricas. Todas las
crónicas de la Antigüedad reflejan su existencia. En el mejor de los casos lo
que se hacía era procurar que las condiciones de vida de los esclavos no
fueran excesivamente precarias, no por razones caritativas sino, en
general, por el interés de no devaluar su utilidad, su valor.
Los esclavos eran considerados bienes muebles, cosas, objetos, por
lo que podían ser comprados y vendidos como mercancías. En Roma no
tenían ningún derecho, estaban supeditados por completo a la voluntad
de los amos, que incluso podían disponer de sus vidas. En muchas
sociedades, como en general al principio en las colonias americanas, no se
permitía que los esclavos formaran familias, ya que se consideraba que
esto mermaba su productividad laboral. Si tenían hijos, estos también
eran esclavos y podían ser vendidos y separados de los padres según los
deseos e intereses de los propietarios.
En el caso de las mujeres, la esclavitud ha estado relacionada, de forma
prioritaria o añadida, con su explotación sexual. El aspecto más relevante
de la escena representada en el cuadro de Jéan-Léon Gérôme es
precisamente éste. No obstante, parece que el propósito del pintor no es
tanto plasmar la sordidez de un mercado de esclavas, en los que éstas
eran mostradas de forma humillante, sino lucirse y recrearse con la
representación del desnudo femenino. No es el único cuadro de Jéan-Léon
Gérôme sobre el que se puede hacer esta ambivalente reflexión, ni su
postura es única, entre los hombres pintores, en cuanto al tratamiento de
la mujer en sus obras.
El recurso a las guerras con la finalidad de conseguir esclavos todavía era
una realidad en el siglo XIX, cuando los reinos africanos las utilizaban
como excusa para satisfacer la demanda de esclavos de los traficantes
europeos. También en época tan tardía, en el Mediterráneo se daba algún
caso parecido, tal como refleja el cuadro de Delacroix. Con el nombre de la masacre de Quíos se conoce la perpetrada por los turcos contra la
población griega de dicha isla en 1822. Se produjo durante la guerra de
independencia de Grecia; la isla era una de las más ricas del mar Egeo y los
insurgentes griegos intentaron unirla a su causa. La reacción turca provocó
la muerte de millares de griegos, mientras otros fueron vendidos como
esclavos, sobre todo las mujeres.
En algunas ocasiones los esclavos fueron utilizados como soldados. El caso
más conocido es el de los mamelucos, los esclavos instruidos militarmente
en algunos países árabes. Tras su expedición a Egipto, Napoleón incorporó
algunos a su ejército, como los que Goya pintó sofocando el
levantamiento popular del 2 de mayo en Madrid.
Una forma de esclavitud que resiste el paso del tiempo es la prostitución
forzada. Es sin duda la forma de esclavitud más extendida: el tráfico de
mujeres (y de niñas) destinadas a la prostitución es un fenómeno
generalizado en todo el mundo, también en los países más democráticos y
que presuntamente respetan más los derechos humanos. En muchas
ocasiones, esto no ocurre en lejanos países, sino muy cerca de donde
vivimos, en nuestra misma ciudad, en nuestro barrio.
La abolición de la esclavitud en los distintos países no fue sólo el resultado
de razones éticas, sino también prácticas. En muchas colonias la población
libre era minoritaria, siendo mayoría la población negra esclava. Esta
desproporción, unida a la penetración de las ideas emancipadoras,
provocaba una alta inestabilidad social, de modo que los riesgos de
revueltas de esclavos eran muy elevados. En el cuadro de Auguste
François Biard se puede apreciar la visión de los colonizadores al abolir la
esclavitud, regalando la libertad a unos esclavos negros profundamente
agradecidos a sus hasta entonces amos (Francia había abolido la
esclavitud en 1794, pero Napoleón la había restableció en 1802).
(1) El cuadro está firmado «Taylor», se desconoce la identidad del autor.
Fuente Anmistía Catalunya






