De Aplausos y Estirpes

VisiónPaís/ enero 1, 2019/ Sin categoría

Por Alicia Vicchio

Estoy leyendo que hay quejas de féminas por el tradicional pedido «Un Aplauso Para El Asador», que surge en reuniones de familia, y amigos.

La protesta dice que «las mujeres cocinan todos los días y nadie pide un aplauso por ellas». Mirá vos.
Cuando hay encuentro de amistades o familiares y se decide compartir una buena parrillada existen mujeres que practican ese arte, y varones especialistas que saben de ese obsequio a comensales con ansias de carne y achuras bien asadas. No cualquiera cocina. No importa el sexo.
Es costumbre en mis entornos aplaudir todo. Así se saluda a quien hizo asadete, a quien preparó las ensaladas, a quien nos deleita con sus postres o  tortas, y hasta a quien destapó el vino, las gaseosas y trajo el agua.
De esta manera se reparten ovaciones simultáneas: aplauso para el asador o asadora, aplauso para la ensaladera o Ensaladero, aplauso para el tortero o tortera, y así. Solo un momento, instantes, de simple jolgorio, para saludar a quienes ofrecen su conocimiento culinario, sin distinción sexual.
Sí, ya sé que la parrilla es casi un ritual masculino. ¿Y? Tengo amigas que preparan unos asados de carne o verduras que te la «voglio dire». ¿Excepciones? Tal vez.
Respecto al «las mujeres cocinan todos los días y nadie las aplaude», depende de cada casa. El cocinar nunca fue «solo mujeres» ni  «solo varones». La cocina es «un truco con naipes de lechuga» y allí cualquiera que tenga el don gana sus apuestas
En mi caso vengo de estirpe de mujeres luchadoras por los derechos femeninos, bisabuela Luisa, abuela Lea, madre Edith, tías Sara, Nelly. Bisabuela paterna: Sofía, abuela paterna: Mafi, tías abuelas:  Conce, Cristina, Pepa, Erme, Amelia, primas, y demás. Casi todas ganaron la calle, eran o son profesionales, o amas de casa, ninguna se dejó sojuzgar ni se casó o vivió con alguien que intentara hacerlo. Vengo de sangre libertaria. Hoy día, las nuevas integrantes, vienen con ese gen incorporado. Se les nota en la mirada y actitudes. No andan demostrando nada. Porque son y están.
Me resulta molesto cierto accionar de lo que llamo «feminismo recién llegado», porque mis ancestras fueron fuertes y firmes luchadoras,  nacieron libres y enseñaron cómo se ejerce esa libertad.  Actualmente hay colectivos o colectivAs que quieren  enseñar a beber agua.
Esas mujeres de mí flia nunca fueron «como egresadas en viaje a Bariloche», en el sentido de querer hacer allí lo que no se hizo en casa, o en la escuela, o en la calle. Nunca necesitaron el permiso de nadie ni usaron colores identitarios para sus luchas cotidianas.
Me siento a observar ciertas acciones actuales y me pongo a comparar con mi linaje. Casas, lugares de estudio, y trabajos en donde las voces de ellas fueron y son tan escuchadas como las de los varones.
Sé que para una mayor parte este es un tiempo de darse cuenta, porque no vinieron de esa estirpe. Sucede que hasta el mínimo recuento se torna patético, en vez de lograr que sea cosa natural.
En cuanto a esto taaan  trascendente ( ) voy a seguir pidiendo en voz alta aplausos para asadores, ensaladeras y ensaladeros, torteras y torteros, en los amuches familieros y amigueros. Tengo amigas y hermanas y primis que hacen unas pizzas que nada tienen que envidiarle a los maestros pizzeros de los mejores pizzerías.
Por mi parte soy muy buena comensal, a veces colaboro con «poner la mesa», y no sé hacer ni asados ni amasar ni freír. Eso sí, soy excelente aplaudidora y sé abrir la puerta para ir a jugar.
Bajen Las Armas.
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