Chicos que pelearon como hombres y hombres que jugaron a la guerra…
Por Gustavo Campana
Entraron a la primaria con Onganía, hicieron toda la secundaria con Videla y fueron a la guerra con Galtieri. Vieron a Diego con la camiseta de Argentinos y después con la de Boca, gritaron los goles del Mundial ’78 a los 15 y un año después, madrugaron para ver los partidos del juvenil en Tokio.
Recibieron la herencia Beatle de sus hermanos mayores; siguieron a Charly desde Sui Generis y bailaron los sábados con la música disco.
Son los pibes que salieron a la cancha con los Sacachispas, los que anduvieron a 200 kilómetros por hora en el Scalextric y los que levantaron rascacielos con Mis ladrillos.
No leyeron el “Martín Fierro” en Literatura de cuarto, por “desertor” y “subversivo”. No pudieron gozar de Cortázar, ni de Marechal.
Fueron de los flipper al pool; de la tele blanco y negro, al color y del disco al cassette. Hicieron cola en el cine del barrio para ver “Infierno en la torre”, “Terremoto”, “Tiburón” y “Rocky”.
Gastaron los juegos del Ital Park, esperaron que crezcan los “Sea monkes” y pegaron centenares de figus, en álbumes que nunca llenaron….
Aquellos “chicos de la guerra”, ya son hombres con más edad de la que tenían sus padres, cuando los mandaron a las islas. Fueron protagonistas de una pesadilla que duró 74 días y que le costó la vida a 654 argentinos.
Desde 1982 hasta el presente, cerca de 500 de esos pibes que soñaban con pegarle de zurda como el Beto o el Bocha y que nunca habían imaginado tener un fusil en la mano y un inglés enfrente, se suicidaron.
Cuando volvieron a casa, esperaban recuperar parte de la vida que habían dejado congelada, en algún lugar de abril de 1982; pero a muchos los esperaba el infierno.
No pudieron despegar de sus fantasmas, ni apagar para siempre las 40 horas de combate en Pradera del Ganso o las imágenes que regresaban una y otra vez, de las 10 horas de lucha cuerpo a cuerpo, en Monte Longdon.
Solamente en Puerto Argentino, hubo 195 muertes: un oficial cada dos suboficiales, un oficial y cada 9 soldados.
Cuando hablamos de Malvinas, la primera mirada, el primer recuerdo que como acto reflejo nos transporta al ‘82, tiene como únicos protagonistas centrales, a aquellos chicos que pelearon como hombres, mientras los hombres jugaban a la guerra…
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Fuente: Funes El Memorioso

