Carta VI a Jorge Alemán

VisiónPaís/ abril 18, 2018/ Sin categoría

En la sexta carta a Jorge Alemán, Ricardo Forster propone profundizar algunas cuestiones fundamentales a la hora no sólo de pensar la época, nuestras circunstancias nacionales y globales, sino, incluso, de imaginar estrategias políticas capaces de no buscar una empatía con los métodos y las estrategias del neoliberalismo.

Por Ricardo Forster*

(Para La Tecl@ Eñe)

Querido Jorge, primero tengo que pedirte disculpas por el abuso que cometo al convertir nuestro intercambio epistolar en un texto demasiado largo, abuso que, sin embargo, nace de la necesidad de profundizar algunas cuestiones que me parecen fundamentales a la hora no sólo de pensar la época, nuestras circunstancias nacionales y globales, sino, incluso, de imaginar estrategias políticas capaces de no buscar una empatía con los métodos y las estrategias del neoliberalismo. Me preocupa, y me cansan, las propuestas de “apropiarnos de las invenciones comunicacionales y propagandísticas del neoliberalismo” para ponerlas al servicio de una estrategia más realista y pragmática a la hora de intentar ganarle las conciencias al macrismo. El juego especular es un camino sin retorno a la cooptación. De ahí, quizá, las tremendas dificultades que enfrenta todo proyecto genuinamente emancipador que sabe que se han perdido todas las garantías. Por eso, y siguiendo el espíritu de nuestro intercambio, me desvío, un poco, de la coyuntura, de la discusión inacabable en torno del peronismo, de las coordenadas posibles para “garantizar” un triunfo en el 2019, de la figura de Cristina y de su lugar en el frente de unidad, de las demandas “sacrificiales” que se le exigen si es que se “quiere ganarle al macrismo”, para sumergirme en cuestiones teóricas que, a algunos, les parecerán ociosas y poco “políticas”. Creo, estoy convencido, que sin esas “cuestiones” (como las llamó Nicolás Casullo), será imposible “hacer política”. Abrazo

1 – La capacidad del Sistema para capturar el sentido común de la época constituye uno de los problemas ineludibles a los que debe enfrentarse el pensamiento emancipatorio, aquel que todavía piensa en términos de la dialéctica “individuo-colectivo”, que quiere seguir apostando a una sociedad en la que se puedan conjugar los deseos de libertad con las demandas de igualdad. Ese “sentido común” que hoy parece corresponderse con una claudicación de los principios de la igualdad en detrimento de lo común, de lo público y de lo participativo-político, tiene uno de sus pilares en la naturalización de la idea (performativa) de libertad asentada en la tradición del viejo y del nuevo liberalismo (con las consiguientes diferencias que no hay que dejar de señalar entre la doctrina promovida por John Locke y la que en la actualidad lleva el nombre de neoliberalismo, diferencias que giran alrededor de una escisión, cada vez más abismal, entre el individuo llamado al goce solipsista del consumo y el antiguo concepto de responsabilidad del yo para con la comunidad que subsistía en aquel liberalismo anglosajón de los siglos XVIII y XIX y que todavía giraba alrededor de valores universales que, eso sí, se correspondían con los intereses, las necesidades y la forma de dominación de la burguesía emergente de la revolución industrial. El caso emblemático es el de la relación entre ideólogos del liberalismo –como John Locke, Thomas Jefferson o John Calhoun– y la continuidad del sistema de esclavitud[1]). La hipérbole de un individualismo salido de cause, absolutamente autorreferencial y de espaldas a lo común, constituye el centro de la deflagración de la vida social contemporánea.

*Es un filósofo y ensayista argentino. Es doctor en filosofía por la Universidad Nacional de Córdoba.​ Es profesor titular de grado y docente de posgrado en numerosas universidades argentinas e internacionales.

Nota completa AQUÍ

Fuente: La Tecl@ Eñe
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