ANTEOJOS
Por Viviana Britos para @visionpaisarg
Septiembre 19, 2023
Los buscó mucho tiempo. Creyó haberlos perdido en alguna calle tumultuosa participando de alguna manifestación popular.
Por eso la llamada la sorprendió como una ráfaga de viento en una esquina que impúdica levanta la pollera e intenta, en un acto desesperado, llevarse tu pelo.
Así llegó.
La voz en el auricular del viejo teléfono de línea, la llevó a esa esquina dónde no hay lugar para protegerse.
En aquel tiempo siendo una joven fue convocada por una nueva comisión que debía escribir un informe para entregarle al presidente. El horror se había apoderado de nosotros poco tiempo antes. Nuestra tarea era escuchar a sus protagonistas y llevar sus palabras a las mullidas hojas blancas de las máquinas de escribir.
Ese honor, no dimensionado en aquel momento, la siguió toda la vida.
Adriana había sido su compañera. Compartieron mates y muchas lágrimas.
Desde antes de la pandemia que no se veían. La última vez fue en una reunión informal, en su casa, donde algunos integrantes de aquella Comisión se reunieron a compartir memoria.
Por teléfono hablaron del tiempo transcurrido, de las familias y Adriana le habló de unos anteojos que había encontrado y que después olvidó preguntar a quién pertenecían.
Son míos, dijo casi gritando. Le dio detalles de su infructuosa búsqueda y también de la alegría inmensa de haberlos recuperado.
– Como te imaginarás tuve que hacerme otros lentes, pero esos…son para ver. Son para abrir los ojos, enfocar, dejar que la luz inunde la mirada y abra muestras mentes. Los iré a buscar.
Ya en su casa, los buscó en la cartera y los sostuvo en sus manos largo rato disfrutando del encuentro. Se sentó en el sillón de siempre y los miró como quien mira una foto vieja.
Los recuerdos llegaron sin proponérselo y se dejó llevar.
Los anteojos y las mejillas mojadas le permitieron darse cuenta del miedo que sentía en estos momentos.
Se levantó del sillón y dijo en voz alta: solo hace falta ver con anteojos y con el corazón.

