Algo huele a podrido
Por Alejandro Ippolito
«En medio de la más cerrada oscuridad nos ha llegado la noticia
de una luz, un intento por derrocar a la locura que nos envuelve y nos domina.»
Hace días que llueve, un bautismo casi permanente que parece un intento de lavar toda la
mugre que aparece. Debajo del maquillaje había un rostro espeluznante, macabro.
Estamos, eso es evidente, muy lejos de comprender las dimensiones de ese submundo de
poderes entrelazados, componendas, negociados, tráfico de información e influencias,
aprietes mafiosos, acuerdos millonarios, ajuste de cuentas y mercenarios mediáticos.
Nos parece que se trata de una película o una de esas series de Netflix que desnudan
apenas el 10% de las miserias del poder y el crimen organizado – que son la misma cosa –
En esta dimensión demencial en la que nos movemos como simples ciudadanos, el que
debe cuidarte es el que te mata, el que tiene que juzgar la corrupción es un corrupto, el que
tiene que informarte te miente, el que debe solucionar tus problemas los origina y los
profundiza. Y caemos en la cuenta de que estamos solos, desprotegidos, a merced de los
chacales. Entendimos tarde que la única posibilidad de defendernos es estar unidos, nos
fueron empujando poco a poco pero sin descanso hacia la más rotunda y autodestructiva
individualidad. Nos encerraron dentro de la supuesta “comodidad” de nuestras
madrigueras, sin salir a ver qué le está pasando al otro y reconocer cuánto nos parecemos.
Bajate la aplicación para comer, mirar cine, teatro, vestirte, comprar, aprender un idioma o
cualquier cosa, informarte; todo desde tu casa, no te asomes siquiera a la calle, no hace
falta. Nos necesitan ausentes, adormecidos, anestesiados, lejos de todo lo que pasa por
encima de nuestra profunda ignorancia, “yo de eso no sé, no me interesa, no entiendo
nada”.
Luego, cuando sobreviene la verdad que se abre paso cada tanto y nos gana la mirada,
quedamos atónitos, abrumados por ese golpe brutal de realidad que nos derrumba. La
corporación judicial, la que colaboró con la dictadura, la que miró para otro lado en causas
escandalosas y la que se dedicó y se dedica a perseguir a los que no se arrodillan ante el
poder de turno; ha quedado expuesta de forma obscena. Los espías conspiradores, las
extorsiones para repartirse millones cada día a cambio de no encarcelar empresarios, los
servicios a las órdenes de la Embajada de los EEUU, la podredumbre política y la mafia
mediática; todo digitado desde el propio gobierno que encabeza las acciones del crimen
organizado en nuestra patria. Es demasiado, pero es lo que sucede, la descomunal
dimensión de un engaño orquestado desde los lugares donde se deciden la vida y la
muerte, el hambre o la opulencia, el oxígeno y el ahogo, la libertad o la dependencia.
Dentro de ese caldo espeso, inmundo, donde flotan los residuos de una sociedad diezmada,
encontramos todo lo peor de nuestra historia, obstinadamente repetida a fuerza de
traiciones y de negociados. En medio de la más cerrada oscuridad nos ha llegado la noticia
de una luz, un intento por derrocar a la locura que nos envuelve y nos domina. El juez de
Dolores (que ironía) Alejo Ramos Padilla ha abierto las compuertas de una cloaca judicial
que desborda hasta tapar hasta el cuello a los autoproclamados guardianes de la República.
Es por eso que el gobierno, escandalizado, ha desplegado todas sus defensas para tratar de
contener el avance de las aguas pestilentes, hay que erradicar la amenaza de que se sepa
toda la verdad a pesar de los cerrojos que se le han impuesto al periodismo de verdad y las
dádivas otorgadas a los medios dominantes. Hoy, Ramos Padilla es un enemigo del Estado,
un aguafiestas, una amenaza para los negocios millonarios de jueces, fiscales, periodistas,
políticos y guardaespaldas.
La tarea ciudadana es, ahora, proteger por todos los medios al juez Ramos Padilla, difundir
sus informes, evitar con marchas y manifestaciones, la avanzada oficialista en contra de sus
investigaciones. Los empleados de Trump irán a pedir refugio, solicitarán la ayuda de los
maestros del apriete y la “vendetta”, pondrán en funcionamiento todos los mecanismos a
su alcance para destituir al juez y borrar la causa escandalosa que amenaza sus planes del
gobierno eterno. Por estos días deben estar sonando sin descanso todos los teléfonos,
habrá recordatorios de causas pendientes y amenazas a aquellos que no quieran ser
obedientes, viejas cuestiones enterradas se pondrán una vez más sobre la mesa, se abrirán
todos los expedientes confidenciales, con los muertos que cada cual tenga en el ropero para
recordarles que una tapa de Clarín puede terminar con sus carreras y sus jubilaciones para
nada mínimas.
A estar atentos, a no dejarnos envolver como tantas veces por los artilugios distractivos, a
no seguirle el juego a los mediocres a sueldo que inundarán las redes con mentiras para que
perdamos el tiempo contestando. Vamos a lo importante, vamos a acompañar a este juez
valiente que se animó a mostrar los trapos sucios de los intocables.
Vamos ahora de verdad porque no hay más tiempo ni segundas oportunidades, el
momento es histórico y está en cada uno ser protagonista o verlo pasar por la ventana.


