Adiós Sui Generis

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El afiche de Juan O. Gatti.

La columna de Cultura de María Macaya

Septiembre 6, 2020

El 5 de septiembre de 1975 se despidió Sui Generis en el Luna Park. De traje, galera y zapatillas se presentó Charly García junto a Nito Mestre frente a 15.000 personas en una primer función, a la que hubo que agregar una segunda donde asistieron otras 11.000 el 6 de septiembre.

La banda tuvo dudas cuando el productor Jorge Álvarez propuso la despedida en el Luna Park porque creía que se trataba de un lugar demasiado grande. El resultado de ese concierto fue un disco en vivo y una película documental de culto.

Formado a fines de los 60 en las aulas del colegio militar Dámaso Centeno, de Caballito, Sui Generis encabezó el movimiento llamado «acusticazo», que presentaba una faceta folk al rock argentino, a partir de su debut discográfico de 1972 con «Vida».

Bajo el sello Talent Microfón, el grupo presentó en este álbum y en su sucesor «Confesiones de invierno» clásicos como «Canción para mi muerte», «Rasguña las piedras», «Aprendizaje», «Mr. Jones», «Quizás porque» y «Mariel y el Capitán», entre tantos.

Para su tercer disco «Pequeñas anécdotas sobre las instituciones», de 1974, la banda adoptó un sonido más cercano al rock sinfónico, con el uso de sintetizadores por parte de Charly García, lo que evidenció diferencias artísticas entre sus miembros.

A pesar de que se había comenzado a trabajar en un nuevo álbum, que iba a llamarse «Ha sido», la falta de conexión entre las inquietudes artísticas de García y Mestre llevó a que tomaran la decisión de separarse.

Ante este panorama, Álvarez pensó una despedida en grande, con un concierto multitudinario que sería grabado para un álbum en vivo y un registro cinematográfico, proyecto que cayó en manos de Bebe Kamín.

Adiós Sui Generis marcó un hito en el devenir del rock argentino, tanto por su significado artístico en la historia del movimiento local y por dar cuenta de un nivel de masividad impensado, como por erigirse como un símbolo del final de la inocencia ante la noche negra que se avecinaba
en la historia de nuestro país.

En una época marcada por la censura y la creciente violencia política, Charly y Nito, acompañados como era habitual por el bajista Rinaldo Rafanelli y el baterista Juan Rodríguez, decidieron dar su última función ante el público porteño, acaso atravesados por el cambio de época que se
estaba produciendo en todos los aspectos.

Cuando Sui Géneris estaba por empezar con sus presentaciones, a García le llegó la llamada del servicio militar. Durante el segundo mes de servicio García insultó a un oficial; como castigo decidieron enviarlo al frío sur argentino, pero gracias a las influencias de su madre se salvó de ir y
terminó en Campo de Mayo. Tiempo después, García debió ser internado en el Hospital Militar por un soplo en el corazón provocado por un tubo de anfetaminas de la madre. En una noche larga donde García pensaba que iba a dejar su vida en las manos de unas cuantas pastillas prescriptas compuso en pocos minutos «Canción para mi muerte», el primer éxito de Sui Géneris perteneciente a Vida. Llegó a tal grado su desesperación por salir, que aprovechó el pedido de una enfermera de trasladar en camilla a un muerto hasta la morgue, y en lugar de llevarlo ahí fue con él hasta el
casino de oficiales y pidió dos coca colas. El hecho motivó una investigación psiquiátrica que lo determinó bipolar con personalidad esquizoide y fue dado de baja.

 

 

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