Poetas silenciados
A 44 años del Golpe de Estado del 24 de marzo de 1976 seguimos exigiendo Memoria Verdad y Justicia.
Recordamos a algunos poetas argentinos desaparecidos que dejaron su huella escrita. Son textos que la Sociedad de Escritores y Escritoras de la Argentina recopiló dando fruto al libro PALABRA VIVA cuya primera edición se publicó en 2005.
Compartimos una selección de Miroslav Scheuba
MIGUEL ÁNGEL BUSTOS
Bustos, poeta y periodista, nacido en 1933 en Buenos Aires, cursó estudios de Derecho y de Filosofía y Letras. Viajó por América Latina en búsqueda de una identidad modesta y luminosa. Colaboraba como crítico literario en revistas de su época Panorama y Siete Días, y en los diarios La Opinión y El Cronista Comercial. Fue un asiduo colaborador del quincenario político Nuevo Hombre que fundó Silvio Frondizi. Publicó: Cuatro Murales (1957), Corazón de piel afuera (1959), Fragmentos fantásticos (1965), Visión de los hijos del mal (1967), El Himalaya o la moral de los pájaros (1970). Era militante del PRT, Partido Revolucionario de los Trabajadores. Fue desaparecido el 30 de mayo de 1976. Su cuerpo fue encontrado en 2014, gracias a las pruebas de ADN, en una fosa del Cementerio de Avellaneda.
Arreglos con frutas e instrumento de viento I
Naranjos
hasta cuándo serán naranjos las calles del Tigre
y no el corazón de mi amor.
Pulpa de tu tremenda boca la toqué y se fue por la noche entre los naranjos
volvió para pegarme como la rama más débil o la ola más fría iniciando la
tormenta.
Y yo que creí que nos pondríamos juntos en nuestra vida de mil años.
(…)
II
Madre. Este es el segundo
en que te llamo y en vos llamo a todas las dulces bocas
ojos de leche de las mujeres que se me mueren.
Quiero saber
siempre habrá una luna de polvo y huesos para mí. Sí no he de tener un sol
este será mi último vuelo en mi última venida a los cielos.
Tu hijo es hombre
tiene perros clavados en las ingles con grandes frentes negras. Sin embargo
pobre te pide a tropezones ya no da más ya no da un solo día más madre un
solo día más quiero probar un cuerpo que no muera que no olvide. O caeré
como un ángel de hierro con cien muertos en las alas. Un solo muerto
en el cuerpo.
Qué podrás decirme
cuando sea uno bajo la gran luna de polvo y hueso.
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AGUSTINA MARÍA MUÑIZ PAZ
Agustina María Muñiz Paz nació el 30 de julio de 1949. Estudiante de Música y Letras. Fue secuestrada en su domicilio en Capital Federal el 20 de abril de 1976. No hay testimonios de su paso por un centro clandestino de detención. Está desaparecida desde entonces.
Poema sin título
Estoy sola / me asomo al agujero de tus ojos / y estoy sola / y no puedo correr / porque no tengo vuelo / y quiero gritar pero no hay salida / estoy sola sobre el mar / y no tengo pies para nadar el sueño de tus manos / ¿no hay manera? /¿no hay llanto? / ¿no existe el campo verde y fértil? / para escribirte y olvidarlo? / ¿no tenemos ya unión? / nunca tuvimos, / nunca exististe, / todo fue la esmeralda de las caras rojas / y la piel violeta de tus manos / y no hay otra cosa, / y no tengo jamás, / y se baten las alas del olvido / y ya no terminan / porque no hay mañana.
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ROBERTO J. SANTORO
A Roberto Jorge Santoro lo secuestraron en junio de 1977 de la Escuela Nacional de Educación Técnica Nº 25, Fray Luis Beltrán, del barrio del Once, donde era subjefe de preceptores, uno de los tantos oficios que debió ejercer en su vida. Nació en Buenos Aires en 1939 y tuvo una hija. Fue poeta, feriante, armador de sus propios libros, pintor de brocha gorda, músico, militante de la palabra y hasta hizo un curso para plomero. Integraba el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT).
Escribió Oficio desesperado, De tango y lo demás, El último tranvía, Nacimiento de la tierra, Pedradas con mi patria, En pocas palabras, Literatura de la pelota, A ras del suelo, Desafío, Uno más uno humanidad, Poesía en general, Cuatro canciones y un vuelo, Las cosas claras, No negociable, las canciones de Lo que veo no lo creo (música de Jorge Custello) y En esta tierra (música de Raúl Parentella) y la “tragedia” musical En esta tierra lo que mata es la humedad, representada en 1972 en un teatro de la avenida Corrientes. Ejerció la crítica literaria y colaboró en distintos medios gráficos de su época.
Tengo que volar un beso
a Guillermina Cabrera muerta por una bomba
había una vez un hilito
de alegría una mano como una flor
trilla el aire un globo torpe
y un gajo empuja una caricia de sangre
se lleva la grieta aquel miedo al Cuco
la posibilidad del ángel
la mano
el montoncito de vida
y ahora qué más da saber que hay un muñeco sin brazos
un zapatito roto
yo sé que sabía las otras palabras
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Fuente Literariedad




