La calculadora electrónica argentina Cifra 311, una de las primeras…
…del mundo. Parte 5
Por Bruno Pedro De Alto
La empresa Fate de neumáticos es una empresa de capitales nacionales. A principios de la década de 1970 se diversificó, incorporando negocios en aluminio, a través de la empresa Aluar y también en electrónica.
La División Electrónica fue una apuesta fuerte y atrevida: encaró la producción escalonada de calculadoras de escritorio y de mano, sistemas contables y finalmente, una computadora argentina, Con el golpe de 1976 todo terminó. Dos arietes derribaron este proyecto de autonomía tecnológica: el fin de las protecciones y medidas de apoyo del Estado que recibió la empresa; y la apertura económica impulsada por el neoliberalismo del Ministro de Economía de la dictadura, José Alfredo Martínez de Hoz, permitiendo la invasión de calculadoras y computadoras extranjeras que sí tenían apoyo de sus respectivos Estados. Todo agravado con un creciente clima de represión, persecución política y exilio para sus protagonistas.
El desarrollo de la división y las series Cifra.
En la primavera de 1969, con los desarrollos iniciados por Zubieta, Joselevich y Bilotti, se creó la División Electrónica. En una salita de pocos metros cuadrados, perdidos dentro del gigante predio de Fate en San Fernando, se dieron cita y labor sólo seis empleados fundadores: Roberto Zubieta, Gerente General; Pedro Joselevich, Ingeniería; Ernesto Bergonzelli y Miguel Ángel Kupelian como Técnicos; y Elena Jakimov, prestando asistencia a la Gerencia General. A mediados de 1970, se sumaron Carlos Giardino, en Comercialización; Julio Ramos en Producción; y Elio Díaz, el primer obrero de la División. En ese tiempo, Alberto Bilotti colaboró como asesor part – time; y la cooperación permanente de Carlos Varsavsky desde la Gerencia de Investigación y Desarrollo de Fate.
En esos años, la empresa fue un polo de atracción laboral, tecnológica y en buena medida, política en Fate había empleo, se hacían calculadoras de vanguardia y era una iniciativa de desarrollo tecnológico nacional. Ya en 1973 había 260 empleados dedicados a hacer cuatro modelos de calculadoras con impresora y la calculadora con display Cifra 21. A mediados de julio del año 1975, la División llegó a emplear a 860 trabajadores.
La División se fue ganando lugares dentro del predio a fuerza de crecimiento, no obstante daba la impresión de estar apretados: en los inicios dentro de la planta de neumáticos dentro de un “cuchitril” donde todo ocurría; y la oficina de ventas del edificio comercial de Fate en la ciudad de Buenos Aires, ganada en 1971 por los resultados halagüeños de la 311, pero ya pensando la Cifra 211. La División se movió por varios edificios dentro de la planta, y hasta incorporó en 1973 un local sobre la avenida Avellaneda de la localidad de Virreyes para instalar su planta de circuitos integrados. Finalmente, Fate adquirió un predio próximo a su planta, de aproximadamente 16 Ha. en la localidad de Victoria, y allí construyó el edificio que sería el definitivo. El diseño del edificio le fue encomendado al arquitecto Silvio Grichener, quien también era el diseñador industrial de la División, y lo peor es que nunca pudo ser ocupado. La crisis del año 1976, lo impidió
La Cifra 311, en 1971, sólo tenía como componentes locales, la carcasa, el bastidor, resistencias, capacitadores, transistores, cables, transformadores, regatones de goma, fundas y embalajes. Se calculó en función del precio de los componentes lo que equivalía a un 30% de la producción nacional. Pero ya finalizado el año 1972, se habían incorporado circuitos impresos de simple y doble faz y algunas llaves. El plan de integración de componentes nacionales, hechos por proveedores nacionales o por la misma empresa Fate, llegó a 1975 con el logro de incluir el teclado, el resto de las llaves y los circuitos impresos de doble faz con agujero metalizado, con un avanzadísimo desarrollo propio de encapsulado y testeo.
Según un plan que no pudo cumplirse, la estimación del porcentaje de circuitos integrados importados, llegaría al 5% en 1982. En 1976 hubo avanzadas negociaciones con Seiko para que a través de un convenio de asistencia técnica Fate pudiera construir una planta propia de impresoras.
Esta política de integración no encontró un terreno apto por la falta de capacidad y calidad de los proveedores locales. Fate desarrolló y financió proveedores, a quienes les daban los insumos y en muchos casos, desistió y los integró por cuenta propia. En el caso de la planta de circuitos impresos, hubo (y aún hoy hay) cuestionamientos a la decisión: el mercado argentino no absorbería nunca esa inversión. Analizada la experiencia como una “isla de innovación”, la crítica adquirió validez, y si es analizada como una medida de desarrollo nacional, merece ser considerada.
El desafío de fabricar máquinas electrónicas de última generación implicó también el desarrollo de procesos tecnológicos complejos y el empleo de técnicas, según el estado del arte internacional, inéditos en la Argentina. Por ejemplo, en materia de diseño de productos se usaron las técnicas de diseño lógico, esto es la descripción de los requisitos funcionales de un sistema, lo que necesario para resolver los problemas identificados en el análisis previo; y para ingeniería de producto, el uso de las tablas “breadboarding” para construir prototipos de circuitos electrónicos. La División Electrónica de Fate mediante software de diseño asistido por computadora (CAD) realizó la simulación lógica y paramétrica para diseño y clientización de circuitos integrados; en materia de industrialización, una compleja producción piloto con técnicas de envejecimiento acelerado; diseño y construcción de sistemas computadorizados automáticos para test de plaquetas de circuitos impresos y de circuitos integrados; y en materia de desarrollo de producto un sistema y control de proyecto que incluía conceptos de fabricabilidad, testeabilidad, calidad y confiabilidad, mantenibilidad en campo y soporte a usuarios desde las primeras etapas del diseño.
Carlos Varsavsky como ex Director de Investigación y Desarrollo de Fate[1], detalló cómo fueron los distintos tratamientos tecnológicos que encaró la empresa para sus tres unidades de negocios de aquel entonces. Varsavsky explicó que cada caso fue una situación completamente distinta de la otra. Fate Neumáticos, era una industria que trabajaba bajo licencia y que después de alcanzar un cierto grado de madurez, finalmente encaró su independencia tecnológica; Aluar una industria que compró la tecnología básica en el exterior con el compromiso de dominarla a futuro; y en el caso de la División Electrónica de Fate, una industria que se inició con la decisión de no comprarle tecnología a nadie y desarrollarla con ciencia y tecnología local.
“Son tres experiencias totalmente distintas dentro de una misma empresa; bajo la misma dirección, y que encaró de una manera totalmente distinta el problema de la tecnología en tres situaciones diferentes. Difícilmente el neumático o el aluminio se podrían haber encarado de otro modo, pero con el correr del tiempo se puede lograr la independencia tecnológica en ellas también. La cuestión es tener claros los objetivos y no ser demasiado dogmático en los medios” [2].
Claramente la estrategia tecnológica de Fate no ha sido la copia, y esto se dio por mandato y por habilidades de sus ingenieros. Fue un proyecto de desarrollo tecnológico propio, un proceso de reproducción de tecnología, tal vez producto logrado a través de acciones necesarias para ello. Por ello se diferencia de la copia, porque la acción incluyó aprendizaje y asimilación lo cual permitió a posteriori la realización de diseños propios:
“La diferencia entre desarrollo y copia no es en modo alguno subjetiva y en una realidad concreta las intenciones de asimilar tecnologías específicas, las que permiten distinguir con claridad de qué se trata: el aspecto diferencial más importante lo constituye la política de I&D de la empresa analizada. En este sentido la proporción del personal dedicado a tareas de desarrollo en Fate supera en proporción de 10 a 1 a la de una de las competidoras nacionales, mientras en la tercera ni siquiera existe un departamento de desarrollo diferenciado para las calculadoras electrónicas, encontrándose subsumido en la ingeniería electrónica general de la firma”[3].
Cuando Fate División electrónica llegó a tener casi 900 empleados y trabajadores, casi 150 pertenecían al área I&D, y medido como costos, el área equivalía al 7% de las ventas.
La calculadora Cifra 311 de la División Electrónica de Fate alcanzó sólo los dos años de vida. Una vida corta pero revolucionaria. La cantidad de 1.400 unidades vendidas no llegó al 0,2 % de todas las unidades vendidas por Fate entre los años 1971 y 1975.
La Cifra 311, implicó una buena señal: se podía por si mismos, y se podía con la competencia – con años de experiencia- internacional. Su aparición en el mercado, a inicios de 1971, a sólo 18 meses de aquella primera reunión entre Madanes, Varsavsky y Zubieta había sido una epopeya gigantesca. Su logro catapultó a la firma, y se desencadenó entonces un despliegue de creatividad y auto superación pocas veces dada en el país.
La secuencia de productos de características de complejidad creciente que lanzó al mercado Fate entre 1971, incluida a la Cifra 311, fueron:
- una línea de 10 modelos en 5 series de calculadoras electrónicas con impresor de escritorio entre 1970 y 1976;
- una línea de 2 modelos de calculadoras electrónicas sin impresor entre 1972 y 1976;
- una línea de 4 modelos en calculadoras de bolsillo entre 1973 y 1976;
- y una línea de 2 modelos (una nunca se comercializó) de máquinas de contabilidad electrónicas del tipo de registro directo a partir de 1975
La evolución tecnológica de estos equipos se describe con más detalles en el Anexo 2.
Aunque en el año 1975 Fate lanzó al mercado sus calculadoras de bolsillo ya había decidido especializarse en los grandes equipos como los sistemas contables y la computadora Cifra 1000. Sin embargo, para mantener la marca con dinámica en el mercado, se lanzaron estos productos ya con cierta desventaja competitiva respecto de los importados. Utilizaron los desarrollos tecnológicos previos, y las posibilidades de la miniaturización de los componentes y los circuitos integrados propios.
En ese mismo año se presentaron los sistemas contables Cifra Sistemas. Estos equipos supusieron un nuevo concepto en la dinámica establecida por las calculadoras de mesa y de bolsillo. El mercado al cual estaban dirigidos contemplaba la contabilidad y la administración. Su desarrollo y venta, sin duda, implicaba un giro comercial de la firma. En Fate sabían que a medida que segmentaran el mercado y se alejaran del espacio masivo, se podía competir con productos nacionales. La Cifra Sistema era una máquina contable de registro directo, y requería que el usuario definiese, dentro de ciertos límites, qué quería y con qué formato lo prefería. No se trataba aún de equipos “programables”: sus programas eran restringidos a las normas contables de uso.
La Cifra Sistema salió para competir con la Olivetti Mercator y con la National 399 (NCR 399) las cuales eran híbridos electrónicos mecánicos que se presentaban como facturadoras contables electrónicas con memoria a núcleos magnético. Resolvían servicios contables de facturación, contabilidad general, contabilidad almacén por cantidad y valor, cuadros de amortización y operaciones bancarias. Ambas podían proporcionar productos de 12 cifras, pudiendo efectuar redondeos por decimales. La Olivetti Mercator, en Argentina se vendía a u$s 20 mil.
En general, estos equipos tan particulares, tenían características que le permitieron la supervivencia hasta principios de la década de 1980, a pesar de la introducción de las computadoras. Ya que el registro directo contaba con el beneplácito de los contables de la época porque la información estaba siempre disponible de modo visible. Era común encontrar ambos sistemas. Porque algunas aplicaciones, como la nómina, por ejemplo, no eran llevadas por computadora sino que permanecían en el dominio de los sistemas contables electrónicos.
Las minicomputadoras de Fate cuyas funciones podían compararse con las citadas, introdujeron a la firma a un terreno en el que las generaciones tecnológicas ya eran de tres años y en el que los precios internacionales caían a un promedio de 20% y un 20% anual.
Fate desarrolló dos versiones, una Serie 700 que no salió al mercado, y la Serie 800 que empezó a venderse en 1975: colocó 100 equipos a u$s 10 mil. Los Sistemas Cifras eran equipos grandes que se disponían en muebles o mesas que permitían alojar una impresora marca Hermes que operaba como periférico de entrada y salida de datos. La CPU[4] tenía un tamaño aproximado de 20 centímetros de frente, 40 de alto y una profundidad de 90 centímetros. Constituían en conjunto un puesto de trabajo, con un lector grabador de diskette flexible.
Cuadro N°9: Secuencia temporal de las líneas, series y modelos de la División Electrónica de Fate.




