La campaña en el tamiz
Por Gustavo Rosa
De todos los caminos posibles, el peor es el de la banalización de la discusión política. Sin embargo, en una campaña electoral orientada por el más importado marketing, eso es inevitable. Por eso, muchos candidatos dicen lo que dicen y los que no lo son, también. La reaparición de Cuchuflito y la venganza de Aníbal se discuten como si fueran las mejores propuestas para el futuro.
Las frases de poster adornan el recitado de los postulantes para encantar el oído de los indecisos, que, de manera incomprensible, aún son muchos. Y los spots del oficialismo, por supuesto, que enumeran logros inexistentes a la vez que refuerzan las pocas obras realizadas con la desopilante frase “esto no es relato”. En fin, en medio de tanto caos discursivo siempre se puede sacar algo en limpio después de una comprometida sesión de tamizado.
Los amarillos tienen poco para ofrecer y es por eso que sólo apuntan a reforzar lo que se conoce como núcleo duro. Ya no hay lugar para promesas encantadoras como en 2015 que –siempre es necesario recordar- se han incumplido no por imposibilidad sino por la decisión de hacer todo lo contrario. Por eso apelan a exageraciones, imprecisiones y distracciones para conformar un licuado que pueda atrapar a algún incauto que deposite otra vez su estafada confianza en las urnas. En una muestra de derechización extrema, no sólo han lanzado el plan de formación en valores a cargo de Gendarmería sin discusión parlamentaria, sino también proponen premiar a los soldados que combatieron la guerrilla en los años previos al golpe del 76. Ellos que siempre pregonan eso de que no hay que revisar ese pasado, ahora buscan reciclar una vez más la Teoría de los Dos Demonios. Una provocación para polarizar al electorado con pavadas que no van a modificar la situación que padecen muchos conciudadanos.
Hay que estar muy desorientado para suponer que una medallita hará que la economía se reactive y reduzca el desempleo. Los que asumieron con la firme decisión de reparar la Grieta no han hecho más que profundizarla. Y tanto que uno de los candidatos de la oposición, Alberto Fernández, aseguró que su gobierno terminará con la Grieta. Un poco difícil porque esa metáfora exhibe una indeleble división entre los que quieren un país para pocos y los que quieren todo lo contrario. Imposible superarla si los que tienen de sobra no reconocen cuánto han explotado y estafado al resto para amasar sus fortunas.
Hipnosis o conciencia
Mientras tanto, Macrilandia continúa. Al “es maravilloso lo que estamos logrando juntos”, el Ingeniero agrega una serie de frases abstractas y superficiales para insuflar ánimo a sus acérrimos seguidores. “Los argentinos juntos somos imparables” es una idea más propia de un gurú de autoayuda que la de un mandatario. O la imagen del río que estamos cruzando, que evoca el lema de campaña del presidente implicado en casos de pedofilia en la película “Mentiras que matan”. Como si los oyentes fueran tan desmemoriados como él, arriesgó que “muchos se olvidan dónde estábamos hace tres años y medio”. Al contrario, si lo recordaran, la carrera del Buen Mauricio hubiera terminado a poco de empezar.
Tonterías como «imagínense lo que vamos a poder hacer los próximos cuatro años con un poquito de viento a favor«, deja en manos del azar nuestro destino, olvidándose de las tormentas que antes nos asediaron. Boberías que no van a solucionar el brete en el que nos han metido sino que nos van a conducir, no al matadero, sino al más profundo abismo. Hasta los más convencidos ortodoxos reconocen que un nuevo gobierno de este embustero resultaría desastroso. En estos días se conocieron los conceptos que Guillermo Calvo, un economista argentino, profesor y académico de la Universidad de Columbia, vertió en medios chilenos. “Macri no ha mostrado ninguna capacidad de manejar esta situación –explicó- más bien la ha empeorado». Y aunque no es partidario del keynesianismo ni está a favor de Los K, reconoció que “Cristina es lo mejor que le puede pasar al país”, aunque no sea candidata a la presidencia.
Y por si esto no bastara para demostrar el tortuoso pantano en el que estamos metidos, la agencia Bloomberg nos coloca como el país emergente más vulnerable del mundo. A esto llegamos no por tormentas, sequías o terremotos, sino por la incompetencia, la maldad y sobre todo la avaricia de los gobernantes y sus pocos representados. A esto llegamos por el endeudamiento monstruoso, la provocada inflación, la liquidación de reservas, la aniquilación del mercado interno y la consecuente caída de la actividad. En un nuevo gobierno de Macri los argentinos seremos imparables hacia el suicidio colectivo. No es tan difícil de entender pero la alucinación odiadora que están inyectando desde hace años hace estragos en el entendimiento de los afectados. Sólo seremos imparables cuando comprendamos de qué lado debemos estar todos juntos y que ese ‘juntos’será totalidad cuando tengamos en claro quiénes son los enemigos de siempre.
Fuente Apuntes Discontinuos

