DesAparecidos

VisiónPaís/ marzo 24, 2019/ Sin categoría

Por Alejandro Ippolito

Hay una tarea brutal llevada a cabo por los hacedores del horror, los carceleros del mundo,
los verdugos de los otros, de todos los otros que no son materia moldeable y sumisa.
La furia del poder se establece allí donde algo se ha inclinado en favor de los humildes, los
sencillos, los que buscan vivir si la bota del amo sobre la espalda. Esa osadía debe
controlarse, extinguirse, no es buen ejemplo para el mundo que se promueva la rebelión en
contra del capricho de los bancos, del látigo de la oligarquía, del placer de los perversos.
No importa la dimensión de la protesta, cualquier foco de insurgencia que busque detener
la orgía del poder en su obsceno ritual de quedarse con todo a costa de la vida y la miseria
de los pueblos, debe ser aplastado y de la peor forma para que resulte un llamado a la
prudencia de todos los que piensen que a los dueños del mundo se los puede vencer con
una marcha.
Entre tantos compañeros que han dejado su vida por el sueño de un país más justo, con
más derechos y más libertad quiero recordar especialmente a los pibes de “La noche de los
lápices”. Por eso, porque eran pibes, porque cayeron dentro de la bolsa imaginaria de los
imbéciles del “algo habrán hecho”. Y lo que habían hecho era, tan solo, reclamar por un
boleto estudiantil. Eso los hacía guerrilleros peligrosos, subversivos, terroristas que ponían
en peligro la seguridad nacional.

Estos son los nombres que al gobierno no le importan, son los números que no manejan,
son el curro de los Derechos Humanos.
Estos son los peligrosos guerrilleros de los que habla una clase media empobrecida de
cultura y de recuerdo, un sector colonizado por el discurso cómplice de aquellos años que
regresa con la forma de la prisión domiciliaria para los genocidas.
Estos son los temibles subversivos triturados por las valientes fuerzas armadas de la patria.
Su delito imperdonable fue soñar con un país más justo, esa recurrente pesadilla de los
totalitarios que debe ser aniquilada de inmediato. Jóvenes, estudiantes e idealistas, una
fórmula inquietante para la oligarquía dominante y sus títeres rabiosos.
Hoy, la mejor forma de recordar es reconocer en el edulcorado y falso discurso oficialista
esa intención de enterrar la historia para desdibujar el pasado presentando a torturadores y
asesinos en frágiles viejitos maltratados. Se persigue el fin de aquellos años, aleccionar,
adormecer, desaparecer para seguir dominando una sociedad embrutecida por los medios.

El único homenaje posible es la MEMORIA, si nos vuelve a pasar lo mismo, ellos habrán
dado su vida en vano por un sueño que no nos merecemos.
Daniel Alberto Racero, Horacio Ángel Ungaro, Francisco López Muntaner, María Claudia
Falcone, Claudio De Acha y María Clara Ciocchini continúan hoy desaparecidos.

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