Dionisos en el Carnaval quebradeño (Última Parte)

VisiónPaís/ febrero 24, 2018/ Sin categoría

por Prof. Lic. Lucía Inés López

Domingo 12 de febrero de 2005

Una profunda desazón me invade. Incluso el cielo se puso gris y lloró de la misma manera que lo hicieron los diablos durante  todo el día de hoy.

Estoy en algo así como una terminal de colectivos. Es como si de golpe una gigante  escoba manipulada por la tristeza hubiera barrido con la alegría que hasta hace a penas unas horas brillaba en estos campos.

La última vez que escribí fue el viernes, ahora recuerdo, en la Señalada. ¡Qué fiesta! Quizá recordar lo que allí aconteció y traducirlo en líneas me devuelva el ánimo enterrado, a lo mejor, junto con el diablo.

Ante de comenzar con el almuerzo chayaron el lugar; esto es  que en las cuatro esquinas de la casa ofrendaron a la pachamama algo de beber pidiendo por una fiesta linda. Luego de comer un delicioso asado de cordero con papa, tomate, choclo, y una sopa realmente exquisita hasta casi reventar, nos fuimos todos (éramos como 50 personas) para el corral de adobe donde nos estaban esperando algo inquietos los cabritos a ser señalados.

A un lado del corral se armó un mojón con un agujero para realizar ahí las ofrendas a la madre tierra donde se sahumaron con abundante coca y con un yuyo de la puna que tiene un fuerte aroma.

A continuación se repartió  hojas de coca entre los que estábamos allí presentes, y  debíamos elegir las cocas sanitas. (Esto se llama Multiplico, porque íbamos simbolizado con las hojas de coca las ovejas, por ejemplo las grandes serian los capones, las medianas ovejas, los chita cordero, etc.). Dichas hojas las presentamos luego a la tierra  pidiendo para que el dueño de casa reciba un año fructífero. Debíamos decir: “pido quinientas ovejas, trescientos…” y las entregábamos al padrino de la Señalada quien las guardaba momentáneamente.

Se procedió entonces, luego de que cada uno de los participantes hicimos nuestra entrega,  a realizar el casamiento entre la mejor hembrita y el mejor machito. Los juntaron a ambos cubriendo sus lomos con un poncho, les colocaron una  bincha, serpentinas,  y se les dio de beber chicha y de comer coca.

Una vez finalizado el matrimonio,  comenzaron con la señalada propiamente dicha. Algunas mujeres iban sirviendo  la tradicional yerbada,  mientras que los hombres agarraban los corderos uno por uno y el dueño les cortaba las orejas. Los pedazos de oreja se los iba guardando el padrino.

Después los enfloraron con pompones de lana de oveja teñida. Una a una las ovejas fueron señaladas, y cuando concluyeron el padrino le entregó a la dueña de casa todo lo recolectado por él a lo largo de la ceremonia, incluso las flores y pompones sobrantes.

Fue en ese momento cuando se dio inicio a una pequeña  fiesta, y con la bandera del carnaval al frente nos dirigimos todos al mojón. En el agujero cavado a su lado  depositaron las hojas de coca seleccionada, los pedazos de orejas, los pompones, además de convidar a la tierra (y por supuesto a todos nosotros) con chicha, vino, cerveza, alcohol y yerbada, y de adornarla para la ocasión con serpentina, papel picado, talco. Una vez de finalizado la callada del mojón, soltaron a  los animales para que salga a comer.

Pero en  la casa la celebración aún estaba comenzando.  Una entretenida melodía que emanaban las cajas, anatas, flautas, y  erkenchos nos provocó bailar sin parar hasta que las velas no ardieron. De todas maneras, debo confesar que las bebidas que nos acompañaron desde el almuerzo desempeñaron un importante papel en ese jolgorio que fue tal hasta que la última gota llegó a alguna garganta afónica, producto de semejante parranda.

En algún momento de ese nuevo gran encuentro  es que me deje llevar sólo por lo que mi espíritu recibía a través de mis sentidos en contacto con la naturaleza.  Y entonces escribí lo que ella me transmitía  en mi estado de embriaguez, y tal vez por eso con una capacidad de percepción bastante mayor. Y otro gran encuentro se produjo, quizá el más importante… No, quizá, no, el más importante sin duda: fue el encuentro de mi ser con la naturaleza, fuimos las dos en una,  ella en mí y yo en ella  

Bueno, pero volviendo a hoy y  a esta aflicción que parece haber caído sobre donde hasta hace a penas unas horas estábamos danzando, se debe a lo inevitable: “el Entierro del Diablo”.

Desde la mañana temprano los diablos de las diversas comparsas desfilaron por las callecitas de este pequeño pueblo llorando de manera acongojada porque por la tarde serían de nuevo, como ocurre año tras año, depositados bajo tierra hasta el próximo carnaval. Así mismo  de a poco el clima fue bajando y esos sentimientos  también fueron expresados en el canto coplero:

 “No importa que al carnaval
hoy lo tengan que enterrar;
ya, para el año que viene,
lo irán a desenterrar.”

 “Alegre carnavalcito,
alegrito, pasajero;
después de algunos días
se manda a mudar ligero.”

“¡Carnaval que ya se ha muerto!
Viditay que gran dolor…
¡Tal vez pa`l año
nos vaya mejor!”

 Entonces el Diablo fue devuelto al corazón del mojón donde permanecerá oculto  hasta el año próximo. Las comparsas de diablos se escabulleron entre los cerros y ya no fue posible dar con ellas. Fueron a enterrar a los pies del mojón un diablito pequeño armado por ellos mismos para tal fin como símbolo de finalización del carnaval.

Hubo lágrimas sinceras en la despedida y algunas aún siguen cayendo. Es que  con el carnaval han enterrado la alegría obligada de aquellos días.

Notas:

Nietzsche nos llama a  no buscar el eterno  goce de la existencia en las apariencias. Tenemos que reconocer nuestra más dolorosa realidad: que todo lo que nace, muere. En el mismo instante que topamos con la gran alegría de la existencia sucumbe esto que nos atormenta. La felicidad y el espanto, nuevamente dos polos unidos en un ser.

“Cuando nacemos, lloramos,
y entre lágrimas  vivimos.
Si no hay placer para el hombre,
¿pa`qué a este mundo vinimos?”

 La libertad es esencia de la naturaleza pero el ser humano se ha condicionado a si mismo en un mundo de apariencias.

Tonada:

Canten, canten compañeros,
la vida es corta,
de qué me están recelando,
después que goce
nada me importa.
Yo no soy más que apariencia,
la vida es corta
sombra que anda caminando,
después que goce
nada me importa.

 “Ya se ha muerto el carnaval
ya lo llevan a enterrar.
Echenlé poquita tierra:
¡que se vuelva a levantar!”.

Y como la única verdad del hombre es la muerte, así también la  finitud del carnaval fue  desde el primer momento nuestra única certeza. Cualquier cosa podía acontecer durante estos días, nada era previsible. Mas sabíamos desde un primer momento, aunque intentábamos negarlo  inmortalizando cada instante en su pleno goce,  que eso también acabaría.

He oído decir que vuelven los días quietos… parece que el largo silencio de la quebrada se romperá cuando el Carnaval entrante despierte al dueño del papel picado y la serpentina, y nuevamente se eche a bailar por las calles de estos pueblos con sus cuernos de colores y su aliento de talco y vino.

Durante los  días que duró la jarana fue el reinado del Diablo sobre la quebrada. Pues caímos en las melosas tentaciones de quien corrompe la carne; la gula y la lujuria fueron los pecados que nos mantuvieron más cerca de este personaje que del Santo Padre. Sin embargo estos mismos pecados cristalizados en el empacho, la embriaguez cotidiana y los encuentros amorosos, fueron mis medios para alcanzar la empatía con la Creación…

Más allá de todo han terminado los días en los que uno pasa a ser otro…

O tal vez han terminado los días en los  que uno y todos logramos ser en Uno.

Fin.

Bibliografía consultada: 
Abalos, Jorge W. : “Coplero Popular”, Editorial Losada S. A., Buenos Aires 1973. 
Bajtin, Mijail: “La cultura popular en la Edad Media y en el Renacimiento”, Editorial Alianza, Madrid, 1987. 
Cortázar, Raúl Augusto: “ El Carnaval en el folclore Calchaquí”, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1949. 
Colli, Giorgio : “La sabiduría griega”, Editorial Trotta, Valladolid, 1998. 
Kahn, Charles: “La armonía en Heráclito” Nietzsche, Friedrich: “El Origen de la Tragedia”, Ediciones Libertador, Buenos Aires, 2003. 
Nietzsche, Friedrich: “La visión dionisíaca del mundo”, edición digital: http://www.nietzscheana.com.ar/bruno_piccione.htm 
Rey Sinning, Edgard: “El carnaval, la segunda vida del pueblo”, Plaza & Yánez Editores Colombia S. A., 2004.

Imágenes:
https://somosculturajujuy.wordpress.com/carnaval/
https://viajeseideas.com/la-quebrada-humahuaca-carnaval/
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