Niñas madres con mayúsculas
Por Alejandro Ippolito
A las miserias de siempre La Nación en estos días aportó una nueva muestra.
Analicemos por partes esta nueva bajeza de este panfleto conservador.
1 de febrero de 2019.
“Los pañuelos verdes de quienes no han aceptado la derrota legislativa siguen
agitándose. En un escenario con claros indicios de nuevos esfuerzos por consagrar el
aborto en nuestra legislación en este nuevo año, sorprende el reciente testimonio de
algunas niñas madres a edades en las que mejor habría correspondido que
estuvieran estudiando y atendiendo su formación.”
Para comenzar el texto rompe el hielo mostrando su desprecio por los
“pañuelos verdes” quienes debieran darse por bien derrotados ante la
bandera hipócrita de dios patria y familia de los moralistas que
aplauden dictaduras pero se santiguan frente a la posibilidad de que
una mujer decida sobre su cuerpo.
“La crónica periodística da cuenta de que una de estas mamás precoces quedó
embarazada por primera vez a los 12 años. Perdió a ese bebé naturalmente y quedó
nuevamente embarazada al año siguiente cuando su tía se la «olvidó» en casa de un
muchacho. Con 14 años, prosiguió su vínculo con el joven padre. Su mamá solo la
acompañó a la primera ecografía y luego quiso «hacérselo perder». Otra niña,
identificada como «L», que sufrió abuso sexual y fue mamá a los 13, expresó:
«Cuando se enteró, mi mamá me lo quiso sacar, pero le dije que no […] Yo dije:
‘Nadie me lo saca'». Los testimonios de las dos son contundentes, tanto como la
intención de las dos madres, que coincidentemente apuntaron a «sacarles» los hijos
pretendiendo obligarlas a abortar.”
Con dos “testimonios” de “jóvenes madres” se pretende sentar el
precedente frente a todos los casos de abuso y violaciones de menores
poniéndolos como ejemplo de lo que “debe hacerse” en estos casos para
satisfacer la piadosa mirada de los miserables, los que se arrogan la
potestad sobre la vida de los otros.
“El relato de estas realidades mueve a reflexionar sobre lo que es natural en la mujer,
lo que le viene de su instinto de madre, lo que le nace de sus ovarios casi infantiles.
«Nadie me lo saca», afirmarán aferradas a la vida engendrada en sus vientres.
Mucho más allá de la forma en que se gestaron los embarazos, claramente nada
deseada ni deseable, y recordándonos todo aquello que se ha predicado con justeza
sobre la necesidad de una educación sexual preventiva que contemple información
sobre el propio cuerpo, resulta admirable y emocionante ver desplegarse el instinto
materno. Encarnado, corporizado, ese instinto vital de preservación arrasa con todo
lo que se ha dicho y escrito desde una teoría reñida con el derecho a la vida.
Despedaza el pañuelo verde, al error inducido del «yo decido sobre mi
cuerpo», al feto como desprovisto de vida, entre otras denominaciones eufemísticas
creadas para bajar la carga emocional que encierra decir que hablamos de un hijo
desde el minuto de la concepción, de un bebé por nacer que se desea eliminar
asesinándolo.
Admiración hacia las niñas madres, madrazas por cierto. Tristeza para las «abuelas
abortistas» que felizmente no lograron su criminal propósito. Bienvenida a los
felices niños de ambas mamás y un mensaje claro y esperanzador a la
sociedad para que haga lo que tiene que hacer sobre educación sexual, primero, y
sobre apoyo a las mamás, después, tanto si sus embarazos fueron deseados como si
fueron causados por una violación, por ignorancia o estado de necesidad. Nada
importó a estas mamás niñas, salvo conservar a sus hijos.
Cuando la realidad golpea con la suba de cifras de embarazo adolescente, como
sociedad debemos ayudar a prevenir tan conflictivas situaciones no deseadas con
una adecuada educación sexual. Ante los hechos consumados, la ley ha de apoyarlas
y ampararlas para que puedan transitar sus embarazos con el soporte que merecen.
Una sociedad madura y solidaria no será aquella que condene y rechace a las jóvenes
madres y a sus hijos por nacer. Tampoco aquella que les imponga un aborto en la
falsa creencia de que se trata de un estorbo, un problema que han de quitarse de
encima. Será aquella que respete y cobije en su seno a quienes tan
valiente como amorosamente proclaman un claro y responsable
compromiso, un canto a la vida, cuando defienden, con uñas y dientes, a
sus niños.
Estos párrafos finales hablan de un deseo evidente, sin pudores por
ocultarlo, que es “destrozar” a los pañuelos verdes, así como han
destrozado a los pibes de La Noche de los Lápices por ejemplo y como
siguen destrozando a todos los que se opongan al modelo de país que
ellos defienden, el de la exclusión, la represión, el ajuste y la miseria
para las mayorías en pos del bienestar de la clase privilegiada que La
Nación representa. Como en una postal decadente, se ensalza la figura
antojadiza de las niñas madres como “madrazas” y paredón sin
miramiento para las “abuelas abortistas” en una clara referencia a Las
Abuelas que tanto odian también desde este medio que se supone
periodístico.
La Nación dice que le dan la “bienvenida” a esos niños lo cual sorprende
bastante teniendo en cuenta de que manera expresan su concordancia
con la necesidad de una policía más represiva, que no tenga pruritos en
dispararle a un niño de 11 años por ejemplo si se trata de defender a la
ciudadanía.
Patricia Bullrich: «Si un chico le tira a un policía, él tiene todo el
derecho a defenderse»
16 de marzo de 2018.
«Lo que hay que preguntarse es por qué hay chicos de 12 años
que están armados. Bajar la violencia es que chicos de 12 años no estén armados y
no usen armas como si nada. Ahora, si ese chico le tira a un policía, él tiene todo
el derecho a defenderse», sostuvo Bullrich, y pidió dejar atrás «la teoría de la
parálisis y la teoría de la justificación».
«Si la policía siente que cada vez que actúa termina en una situación de ser
analizada por la Justicia, cuando actúa en defensa de un ciudadano, lo único que
se va a lograr es parálisis», sostuvo.
La Nación es un medio que opera más cómodamente desde las sombras, es más
“pulcro” que Clarín que se presenta más desbocado y chabacano. La Nación es el
terrateniente inglés fumando un cigarro y tomando un whisky en un casco de
estancia mientras le da órdenes a la policía para que extermine peones rurales en la
Patagonia, por ejemplo. No se ensucia las manos, solo despliega su artillería
ideológica para preparar el terreno que luego arrasaran la fuerzas de choque que
responden a estas teorías. Patricia Bullrich, a las órdenes del Estado de Israel, es el
alfil soñado por este diario que no sirve ni para envolver la fruta.
Cipayos imperialistas, adoradores de la violencia en favor de los mercados,
esclavistas confesos e hipócritas moralistas que no hacen otra cosa que tratar de
torcerle el brazo a la realidad modificando incluso las páginas de la historia con tal
de hacer prevalecer su oscura mirada del país y del mundo. El editorial sobre “las
niñas madres” mereció – enhorabuena – un inmediato y encendido repudio en las
redes sociales y por parte de organismos internacionales que comprenden y
defienden los derechos de los niños. Incluso periodistas de La Nación se sacaron una
foto condenando ese artículo, pero el diario mitrista no se disculpó, solo se limitó a
lamentar “no haber sido comprendido”.
Me parece que lo comprendimos en su totalidad y allí estuvo el problema.


