ALFONSINA DESDE LA ESCOLLERA DE LA PERLA
La columna de Cultura de María Macaya
Octubre 25, 2026
Los primeros clubes de mujeres surgieron en Europa en las primeras décadas del Siglo XX. El objetivo: “La de cultivar una vida social y cultural de convivencia entre mujeres, la de demostrar sus talentos y capacidades en un foro propio y, la más significante de todas, la de proponer cambios en la situación jurídica y social de la mujer”
En agosto de 1921 se funda el Club Argentino de Mujeres en la ciudad de Buenos Aires, con sede en la calle Maipú al 900. Una de las primeras organizaciones feministas.
En 1927 se construye un balneario con alojamiento exclusivo para mujeres en Mar del Plata, reconstruído un año después que un fuerte temporal destruyera el edificio.
La Perla es uno de los barrios más antiguos al norte de la ciudad. Allí se encontraba el “balneario de las mujeres solas”, según titulaba un artículo en la revista Caras y Caretas, en marzo de 1930.
El edificio, un chalet de madera. tenía treinta dormitorios, comedor, sala de lectura y dependencias acondicionadas para baños calientes con agua de mar. Alrededor de unas setecientas socias disfrutaban unos días de ocio en temporada estival.
Profesionales, docentes, empleadas, madres con sus hijos accedían al balneario también con descuentos en pasajes de tren. Fue el primer antecedente de lo que fue el turismo social, que más adelante sería promovido por Juan Domingo Perón.
Al balneario solía ir la gran poetisa Alfonsina Storni, quien también colaboraba con el Club Argentino de Mujeres.
La madrugada del 25 de octubre de 1938, fue encontrado un zapato atrapado en uno de los hierros de la escollera del balneario. Pertenecía a la poetisa, lo que determinó el sitio exacto desde donde se arrojó al mar Alfonsina. Aquejada por un cáncer de mama, había decidido terminar con su vida a los 46 años de edad. Se despidió de su hijo antes de tomar el tren en Constitución hacia Mar del Plata.
Alfonsina Storni escribió su poema póstumo “Voy a dormir” y lo despachó por correo a La Nación, donde fue publicado al día siguiente de su muerte.
Dientes de flores, cofia de rocío,
manos de hierbas, tú, nodriza fina,
tenme prestas las sábanas terrosas
y el edredón de musgos escardados.
Voy a dormir, nodriza mía, acuéstame.
Ponme una lámpara a la cabecera;
una constelación; la que te guste;
todas son buenas; bájala un poquito.
Déjame sola: oyes romper los brotes…
te acuna un pie celeste desde arriba
y un pájaro te traza unos compases
para que olvides… Gracias. Ah, un encargo:
si él llama nuevamente por teléfono
le dices que no insista, que he salido…



