LA TUCUMANA
Cultura por Viviana Britos
Octubre 18, 2026
Cada vez que una multitud se acercaba a verla y escucharla experimentaba una comunión colectiva e individual que la interprete lograba siempre.
Cada vez que los ojos reflejaban su imagen, se ponían vidriosos, se llenaban de agua estancada y un suspiro entrecortado elevaba apenas el pecho como si su fortaleza se escapara por la boca.
Cada vez que el recital comenzaba, no importaba dónde, su voz se filtraba suave e inexorable ocupando los espacios físicos y cósmicos, infinitos, como si la estuvieran esperando. Su potencia inundaba cada célula viva llevando paz y lucha.
Cada vez que su voz inconfundible comenzaba una canción le daba a la música y a la letra un sentido profundo. Hacía vibrar las más recónditas fibras corporales, desempolvándolas. Una interpretación genuina de lo que somos y que permite reconocernos.
Cada vez que ese sonido alado nos traía cantautores argentinos e hispano americanos, que ella escuchaba y elegía con compromiso y convicción, nos regalaba distintos paisajes. Muchos de ellos se incorporaron a nuestro cancionero popular y se transformaron en himnos cantados por todos.
Cada vez que el mundo la escuchaba no necesitaba presentación. La identidad de su voz era y es suficiente para reconocerla como la voz de América. Orgullo tucumano. El Jardín de la República dio, como dice Menphis la blusera: “la flor más bella vagando por las estrellas”
Ese 4 de octubre se la despidió con honores en el Congreso de la Nación. Un momento inolvidable, dónde músicos y cantantes rodearon el féretro y acompañaron su alma sabiendo que seguiría entre nosotros.
Cada vez más Inolvidable, más irremplazable, más soberana de la interpretación.
Si es redondita y jugosa
Lo mismo que una naranja
Si es noche cerrada el pelo
Esa moza es tucumana
Si llega a ser tucumana
Gustavo «Cuchi» Leguizamón y Miguel Ángel Pérez
Cada vez más: Mercedes Sosa.

