MALVINAS SÍ, MILEI NO
Por Daniel Di Giacinti**
Septiembre 4, 2026
Recuerdo entrar a la Plaza de Mayo en 1982, junto a los compañeros de la revista Línea que dirigía José María Rosa, con un cartel que decía: “MALVINAS SÍ, PROCESO NO”.
Hoy, frente al discurso de Javier Milei sobre Malvinas, aparece un tremendo déjà vu. Otra vez, una dictadura —entonces— o un gobierno en dificultades —hoy— parece recurrir a una causa profundamente arraigada en el sentimiento nacional para recuperar oxígeno político. Galtieri sentía que comenzaba a resquebrajarse el sostén de aquella dictadura sangrienta. Milei, salvando todas las distancias históricas, parece advertir también que su proyecto político enfrenta dificultades crecientes. Y ahora intenta recuperar iniciativa apelando al espíritu malvinero de nuestro pueblo.
Pero hay algo que conviene dejar muy claro. La causa Malvinas no le pertenece a Milei ni tampoco le pertenece a ningún gobierno.
Es una causa nacional.
Por eso no deberíamos confundir el legítimo reclamo de soberanía con el proyecto político de quien circunstancialmente ocupa la Casa Rosada. Milei no tendría que preocuparse demasiado por el supuesto crecimiento de su apoyo a partir de este discurso. El respaldo que obtuvo en su momento no fue, fundamentalmente, una adhesión masiva a sus extravagantes postulados anarcocapitalistas.
Milei fue, en buena medida, la herramienta que encontró una sociedad para expresar su hartazgo. Algo parecido al “que se vayan todos” de 2001. Una comunidad cansada de una dirigencia política que durante demasiado tiempo no supo ofrecer respuestas satisfactorias a los problemas nacionales.
Y ahí está, precisamente, el verdadero problema.
El principal sostén de Milei sigue siendo la incapacidad del Movimiento Nacional para presentar una alternativa firme, creíble y convocante. Mientras nosotros no construyamos esa alternativa, el descontento social seguirá buscando otros instrumentos para expresarse.
MALVINAS NO ES UNA HERRAMIENTA DE GOBIERNO
En 1982 también advertíamos algo. Decíamos que un gobierno surgido de una dictadura que había perdido legitimidad podía utilizar una causa justa para intentar negociar una salida que favoreciera su propia supervivencia.
Por eso nuestra consigna era clara: había que llenar de pueblo el camino de la lucha por Malvinas. Porque una causa nacional no puede quedar en manos de quienes pretenden utilizarla para sus propios objetivos políticos.
Hoy debemos sostener exactamente el mismo principio.
Sí a Malvinas.
Sí a la soberanía nacional.
Sí a la defensa de nuestros recursos.
Sí a la presencia argentina en el Atlántico Sur.
Sí a una política de defensa nacional.
Sí a la construcción de una base naval en Tierra del Fuego.
Pero también decimos:
NO al uso oportunista de una causa nacional para salvar un proyecto político en crisis.
Porque la soberanía no se defiende solamente con discursos. Se defiende con pueblo, producción, trabajo, desarrollo científico y tecnológico, industria nacional, defensa, integración territorial y una política exterior independiente. Y, sobre todo, con una comunidad capaz de reconocerse a sí misma como protagonista de su propio destino. Malvinas es demasiado importante para ser utilizada como una herramienta de marketing político.
Malvinas SÍ. Proceso NO.
Malvinas SÍ. Milei NO.
