UN PLACER QUE TRANSFORMA
Cultura por Viviana Britos
Agosto 30, 2026
En estos tiempos es difícil encontrar lugares de placer. Aquellos donde uno olvide por un momento las preocupaciones propias y ajenas.
Este es uno de ellos, algunos gratuitos o a la gorra.
La sensación de entrar y sentarse en la butaca conserva la prístina naturaleza de la primera vez.
La experiencia de estar dispuestos a ser parte de un pacto tácito, un juego colectivo en el que todos estamos disponibles.
Un relato que se despliega en el escenario y en que los actores nos llevan de la mano a la atmósfera oscura y opresiva de la habitación de Macbeth, al grotesco criollo de Mateo, a la visión femenina del primer amor de Piazzola, a las orillas del Plata durante la primera invasión británica en la antigua Buenos Aires.
Se acuerda con esa mentira verdadera que estremece, conmueve y emociona.
Sorprende y en ocasiones nos permite encontrarnos con nosotros mismos.
Los actores son como fantasmas que asaltan y transforman. Dejan de ser ellos, se vacían y se dejan habitar por los personajes. Y en esa construcción se crea un vínculo en el que estamos inmersos y activos. Un lugar donde el reloj duerme.
Los actores son otros, los espectadores también.
Esta magia, en la que intervienen directores, autores, iluminadores, escenógrafos, vestuaristas, músicos, se completa con el que observa expectante. Caminar, correr, volar, reír, llorar, morir y volver a nacer.
Esta magia permite perderse en la creatividad que se vuelve necesaria y donde el silencio del público se convierte en actor primordial.
Si en el vínculo propuesto alguno falla, no hay pacto posible.
Este arte ficcional y real atraviesa, impacta. Confronta con esto que llamamos realidad, el terreno de las dudas.
Es un placer que transforma y para todo aquel que lo experimente ya nada será igual.
