ESTA ECONOMÍA MATA… LA FALTA DE NORMAS TAMBIÉN
El siguiente texto aborda la crisis económica actual y la crisis valorativa (anomia) provocada por la falta de normas. Reflexiona sobre los preocupantes índices de suicidio, la imposibilidad de los jóvenes de proyectar un futuro y los intentos del poder por maquillar el modelo con «mejores modales», concluyendo con una perspectiva de esperanza para la reconstrucción del bien común. Es parte del ciclo «Cartas para Pensar una Política desde el Sur»
Por Jorge Benedetti
Agosto 25, 2026
Pocas dudas caben de que el mundo y América viven uno de los momentos de mayor crisis ética, social y material, enmarcado en una carencia dirigencial a todo nivel, en particular en lo que hace a su conducción política.
Baste destacar que Argentina, que presentó en otros momentos de su historia una capacidad de liderazgo y generosidad, desgraciadamente hoy encabeza los peores índices de calidad de vida, como de entrega de la riqueza de su pueblo, desarticulación del tejido social y la peor capacidad de su dirigencia.
Los grupos de poder mundiales, mediante operaciones de inteligencia y acciones en redes y otros medios de incomunicación, han logrado generar una situación de confusión y crisis de todo tipo, lo que ha permitido la irrupción, en la mayoría de los países del continente, de gobiernos denominados “de derecha”, “liberales” o “libertarios”, los que están generando, no sólo un profundo avance de la corrupción, sino la entrega del patrimonio de los pueblos del continente.
El recordado papa Francisco, en su exhortación Evangelii Gaudium (2013), destacaba que “esta economía mata”, sin dudarlo, los resultados alcanzados en lo que hace a un crecimiento genuino de la riqueza con una lógica distribución entre el conjunto de la población, muestra un considerable empobrecimiento, lo que implica una pérdida en la calidad de vida, tanto en lo que hace a la dignidad del trabajo, como a la educación y salud. La creciente conflictividad social en todo el continente es una muestra de esto.
Sin entrar en tecnicismos y solo por citar uno de los índices que manejan los economistas, en particular los liberales, el “riesgo país” de Argentina bordea los 550 puntos (esto es la sobre tasa que cobra la usura a los países y a las empresas radicadas en los mismos por los préstamos que reciben), mientras que otros de signo político contrario, presentan índices considerablemente inferiores: México (199), Brasil (169), Uruguay (68).
La crisis social es más profunda que la económica
El recordado psicólogo social y fundador de la sociología moderna, Émile Durkheim, al cabo de una serie de investigaciones realizadas sobre el aumento de los suicidios en Francia a fin del siglo XVIII incorporó a las ciencias sociales el término de anomia (a-nomia; sin valores), concepto que desarrolló en su obra “El Suicidio” (1897). En ella se refiere a la falta de regulación social, a la carencia de normas claras y aceptadas, las que deben convertirse en guía y límite para los actos de cada ser humano.
Si no existen normas no hay freno moral, rige la ley de la selva, hay desesperanza y frustración en el grueso de la comunidad y esto se origina por crisis económica, falta de trabajo, crisis en las familias, la migración que cambia la conducta aprendida en la niñez con la que se vive en el nuevo medio, etc.
A todos nos queda en claro que bajo la polvareda levantada por la caída del Muro de Berlín se produjo un golpe de Estado planetario, con la imposición del pensamiento único, “el fin de la historia” y la demonización de todo marco valorativo.
En estas condiciones, se dio el fenómeno denominado de la globalización y comenzó a regir la ley del más fuerte, con el descarte de una gran cantidad de personas e inclusive de pueblos. Desgraciadamente esto ha ido avanzando ininterrumpidamente y hoy vemos que no existen normas ni en las relaciones entre los pueblos y las naciones, ni entre los distintos sectores de una comunidad. Todo es un problema “entre privados” donde cualquier situación se resuelve por la imposición de los más poderosos, los que cada vez son menos.
En este marco, los mandamientos de Moisés, aceptados por las grandes religiones (judíos, musulmanes y cristianos) y como norma moral respetada por la inmensa mayoría de la población, se convierten en un enemigo mortal de los grupos globalizadores. Amar a Dios y al prójimo dandole a este la importancia que tiene por ser imagen de la Providencia, no puede menos que ser combatido por estos sectores, así mismo dar un día de Diego Pares descanso a todos los hombres y mujeres, inclusive a los esclavos, también es condenado por estos. Honrar al padre y a la madre, como manera de respetar la familia, la historia y la tradición, junto con no matar, no robar, no mentir y no codiciar los bienes del prójimo, son límites que estos irracionales grupos que concentran riqueza y poder siguen combatiendo en forma sistemática.
Esto convierte al planeta en invivible y a los hombres que lo habitamos en esclavos de los poderosos y a estos en codiciosos sin límite. La falta de normas impide todo tipo de convivencia y terminará -si no le ponemos coto- con la vida en el planeta.
Esta economía mata y la falta de normas también
Desgraciadamente, al descarte de personas por falta de calidad de vida, salud y alimentación, sumado a las guerras provocadas por los mercaderes de la muerte, hace que la situación se agrave considerablemente.
La anomia y la economía son elementos centrales en esta contracultura de la muerte, lo que aumenta el número de suicidios en todo el planeta, tanto en las sociedades opulentas, como en las empobrecidas. Como no podía ser de otra manera el crecimiento exponencial de los suicidios se refleja gravemente en Argentina.
Según el informe del Observatorio de Política Criminal hoy se registran 11,8 casos cada 100.000 habitantes, siendo uno de los mayores del continente sólo superado por Uruguay.
Desde el 2020 la tasa ha crecido más de un 51% y el aumento en el último año es calificado como de un “crecimiento vertiginoso” de cerca del 22% y sigue en línea ascendente. Es de destacar que la tasa actual supera largamente la registrada en la crisis socioeconómica del año 2001 donde era del 8,4%.
Tal como decíamos la falta de normas, sumado a la crisis económica, aumenta considerablemente la tendencia al suicidio. En la Argentina en qué vivimos no se encuentra por-venir y esto se refleja tanto en este aspecto como en el de la natalidad. En este sentido la primera Encuesta Nacional de Intenciones Reproductivas realizada por el Fondo de Población de la ONU muestra que hemos alcanzado la tasa más baja de natalidad de los últimos años y que el 57% de la población entre 18 y 45 años manifiesta la imposibilidad de tener hijos por la falta de trabajo y por los reducidos ingresos.
Maquillaje
La actual administración se encuentra sumamente preocupada, lo que se expresa en la violencia de los discursos presidenciales. La causa es que los grandes grupos económicos, a pesar de haberse enriquecido considerablemente, no aceptan los “modales” del conjunto gobernante. Es decir, quieren mantener el modelo e impedir el desarrollo de una política popular, con defensa de la soberanía, con un candidato “inventado”, es decir “sin historia”. Para eso recurren, sin éxito hasta ahora, a periodistas, banqueros, pastores de iglesias mediáticas, etc.
En realidad, pareciera que no se dan cuenta y que para hacer lo que hace Milei, Bullrich, Caputo, Pettovello o Sturzenegger, hacen falta personajes con una capacidad de cinismo como para mentir, cuando en realidad, como ellos mismos dicen, son “topos” para destruir al Estado, no en lo que hace a burocracia o ineficiencia, sino en lo que tiene que ver con la defensa del bien común y la protección de los más débiles. Se puede ser Caputo o Sturzenegger y hablar de invertir en el país o “sacar la plata del colchón” cuando ellos, que fueron responsables de las peores estafas de los últimos años (el “blindaje” y “él megacanje”), por las cuales deberían estar largamente en prisión, mantienen los fondos mal habidos en guaridas financieras fuera del país.
Conclusión
Nunca hay mayor oscuridad que antes de la aurora. Los hombres de buena voluntad tienen en claro que la unidad continental es imprescindible. Que es necesario terminar con los dos pilares de la contracultura de la muerte: este modelo económico y la falta de normas. Debemos reconstruir la forma de vida de los pueblos del continente, dignificar el trabajo y establecer reglas que favorezcan únicamente al bien común. La Providencia nos asista en este tránsito.
