CAPUTO PRESENTÓ EL PLAN FINANCIERO HASTA 2027

VisiónPaís/ julio 8, 2026/ Sin categoría

Con un ajuste garantiza el pago de la deuda mientras crece la crisis social.

Por Redacción EDA

Julio 7, 2026

El ministro de  Economía Luis Caputo presentó este lunes el programa financiero del Gobierno para 2026 y 2027, acompañado por el viceministro José Luis Daza y el secretario de Finanzas Federico Furiase. El objetivo declarado es demostrar solvencia ante los mercados internacionales y garantizar el pago de todos los vencimientos de deuda en moneda extranjera hasta el final del mandato de Javier Milei. El plan contempla tomar nueva deuda por 30.100 millones de dólares para cancelar deuda anterior por 25.000 millones, usar 11.600 millones de reservas del Banco Central para pagar intereses y liquidar activos públicos —privatizaciones— por otros 2.300 millones en dos años. El resultado aritmético es que a fines de 2027 el próximo gobierno recibirá casi 5.000 millones de dólares más de deuda externa de lo que la actual administración tiene hoy, con vencimientos concentrados en plazos mucho más cortos.

El salto de compromisos entre este año y el siguiente es uno de los datos más significativos del plan. Los vencimientos de capital pasan de 9.300 millones en 2026 a 15.700 millones en 2027, un incremento del 70%. El FMI, que este año representa el cuarto grupo de acreedores en importancia con 1.100 millones, salta al segundo lugar en 2027 con 4.400 millones, por los primeros vencimientos del crédito de 20.000 millones que Milei tomó en abril de 2025. Los bonos Bonar —emitidos en dólares bajo legislación argentina, mayoritariamente en manos de acreedores locales— también dan un salto notable, pasando de 2.400 millones este año a 4.900 millones en 2027, un aumento del 104%. Economistas consultados por medios financieros coinciden en que el plan despeja parcialmente las dudas del mercado para 2026 pero deja abiertos interrogantes serios para el año electoral, en particular en lo que hace al riesgo de una fuerte dolarización de carteras que presione sobre las reservas del Banco Central.

 

 

Caputo presentó como virtud lo que en realidad es una limitación, ya que afirmó que salir a los mercados internacionales de crédito «es una opción, no un objetivo», argumentando que conviene esperar a que baje el riesgo país para obtener tasas más bajas. Pero ese argumento contradice el que esgrimía al inicio de su propia gestión, cuando presentaba la incapacidad de Argentina de emitir deuda en el exterior como una consecuencia de las «malas prácticas» del gobierno anterior que esperaba revertir prontamente. Ahora, ante la imposibilidad de acceder a los mercados en condiciones favorables, ese fracaso se reencuadra como una decisión estratégica. Lo que el plan no incluye —y es una omisión significativa— son los compromisos del Banco Central: el swap con China, las deudas de empresas con el exterior, las transferencias de utilidades y la repatriación de capitales. El panorama de la deuda externa es considerablemente más complejo que el que muestra la fotografía del Tesoro.

Lo que el programa financiero deja fuera de cuadro es tanto o más relevante que lo que incluye, ya que mientras Caputo detalla con precisión el cronograma de pagos a los acreedores externos, la economía real muestra un deterioro sostenido: la recaudación cayó 7,4% real en junio, el IVA —termómetro del consumo— retrocedió 7,2%, los aportes y contribuciones a la seguridad social cayeron casi 3% real y la morosidad en los créditos a familias lleva 19 meses consecutivos de suba, superando los niveles de 2001. Más de 300.000 asalariados perdieron su empleo formal desde el inicio de la gestión libertaria y las provincias resignaron más de 1,2 billones de pesos en transferencias en el primer semestre. El superávit fiscal que el Gobierno exhibe como logro central se sostiene en buena medida difiriendo pagos —la deuda flotante superó los 4 billones de pesos en marzo— y recortando gasto en salud, ciencia, educación y obra pública.

El próximo gobierno recibirá una herencia financiera de alta complejidad. Los vencimientos de 2028 —primer año de la gestión siguiente— acumularán los efectos de los nuevos bonos de corto plazo emitidos por Milei y los primeros vencimientos del crédito del FMI de 2025. Analistas del sector privado advierten que una reestructuración de deuda será prácticamente inevitable, y que deberá negociarse ante fondos especulativos y organismos internacionales en condiciones probablemente menos favorables que las actuales si el gobierno entrante no mantiene la misma orientación de política económica. La extorsión implícita ya es conocida y cualquier alejamiento de las metas acordadas con el FMI y con los mercados activará mecanismos de presión que condicionan el margen de maniobra del Estado.

Para los trabajadores, el programa financiero de Caputo tiene una traducción concreta, en tanto el Estado prioriza el pago a los acreedores externos sobre cualquier otra obligación. Los recortes en jubilaciones, en medicamentos del PAMI, en infraestructura escolar, en ciencia y tecnología o en obra pública provincial, entre otras áreas, no son accidentes de gestión sino la condición necesaria para sostener el superávit fiscal con el que se pagan los intereses de la deuda. El plan presentado esta semana formaliza esa jerarquía de prioridades hasta el fin del mandato y la extiende como herencia al gobierno que venga. Mientras el riesgo país baja y «el humor del mercado» celebra la previsibilidad del esquema, la deuda social con los sectores que financian ese superávit con su salario, su jubilación y sus servicios públicos recortados sigue sin aparecer en ninguna hoja de ruta oficial.

Fuente Estado de Alerta
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