Las Discusiones Hacia Adentro del Populismo
Collage: Silvia Hoffmann
Debemos Ser… ¿Lo Mismo?
Debemos Ser… ¿Todo lo Contrario?
Por Carlos Caramello
Parados de un lado de la grieta internista, algunos compañeros (debo llamarlos así porque si arranco apropiándome del peronómetro, la cagué) quieren recuperar el Poder negociando con quien se cruce. “Debemos aprender del PRO”, te explican, ignorando olímpicamente cualquier aporte a la confusión general por parte del radicalismo de derecha y el resto de las fuerzas conservadoras y/o anacrónicas que se sumaron para impulsar el dudoso triunfo de la Alianza Cambiemos (incluido el troskismo me da lo mismo).
El oído entrenado de alguien que haya trabajado desde hace más de medio siglo el discurso político, le hará escuchar de inmediato, detrás de esta suerte de diagnóstico/estrategia para un triunfo seguro, la solapada intención, por parte de de esos dirigentes, de ser Macri… y no precisamente en el fondo.
En el otro rincón del ring, otros compañeros que se autodefinen como portadores del óleo sagrado de Samuel, sólo pretenden e imaginan vindictas que se inician en la promesa de meter a todos en la cárcel (no del Pueblo, claro) sin juicio, ni acusación ni nada y, en los casos más extremos, alcanzan a violencias físicas que no voy a describir en esta nota por respeto al lector… y a mi mismo. En síntesis: otra manera de querer ser Macri.
Los primeros te proponen “hacer la gran Durán Barba” y los segundos te explican que “lo que hay que tener es un Bonadío y un Irurzun, pero nuestros”. E incluso tiran nombres sacados, algunos, de la misma familia judicial que ha sido castigada por el otro lado de la familia judicial… Reíte de Luchino Visconti y Helmut Berger.
Unos dicen que “Cristina no debería ser candidata a Presidenta” e imaginan a algún dirigente moderado (siempre surgido de su pequeño grupo selecto) al que la clase media mire con simpatía y los sectores del poder fáctico se fumen, mientras que los otros creen que “Sólo Cristina conduce, decide, opera, opina… lava, plancha, cocina y la mete siempre en el ángulo” sin otorgarle posibilidad alguna a otre que exprese alguna aspiración… legítima.
Están quienes reclaman un cambio en las estructuras partidarias y frentistas; una renovación en vistas al futuro, aunque esto casi siempre está expresado por y en hombres y mujeres de más de 65 años de edad, con varias carreras corridas y muy pocas ganadas… para el Pueblo, digo. Porque ellos viven muy cómodos, tienen cargos y negocios políticos y hasta guita para hacer campaña.
Y, enfrente, están los que sólo ven por los ojos de “La Jefa” e intentan empujarla a ser todo sin siquiera haberle preguntado si quiere, si puede, si tiene ganas… porque hay que tener muchas ganas para agarrar el país que nos va a dejar Cambiemos. Y también mucha fuerza, y mucha decisión… cuestiones que suelen estar profundamente ligadas al deseo de ser.
Mi respuesta a los unos y los otros es que tenemos que ser nosotros mismos. Con los valores con los que nos hemos deslizado durante más de 70 años por la política argentina. Con la flexibilidad con la que nos hemos acomodado a los tiempos. Con la inquebrantable decisión de estar siempre del lado de los que menos tienen. Con la cabeza abierta para que la Doctrina siga el curso de la Historia. Con los hombros anchos para que el peso de la Historia no nos aplaste. Con nuevas emociones y viejas banderas, aggiornadas a la necesidad del Pueblo y las demandas del mundo. Con toda la decisión de gobernar. Con ninguna agachada: los oídos abiertos a las voces de las mayorías; las manos extendidas a los reclamos de los que necesitan.
No debemos ser lo mismo que Ellos, ni tampoco todo lo contrario a Ellos. Porque muchos de los que nos van a votar acaso los hayan votado a Ellos en 2015.
No escucharlos sería un error.
Ver sólo por sus ojos, otro… acaso más imperdonable porque, de alguna manera, ya lo cometimos.

